martes, 16 de enero de 2007

Repulsión

San Pablo (I Cor, 9,10): “no os engañéis; ni los fornicarios, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, poseerán el Reino de Dios”
Levítico 20,13: “si alguno se ayuntare con varón, como si fuera mujer, abominación hicieron. Ambos han de ser muertos, sobre ellos será su sangre”
Un diario brasileño, de forma no muy inocente que digamos, informa que Buenos Aires, capital de la Argentina, va camino a convertirse en un centro mundial de “turismo homosexual” sumamente atractivo para esta clase de desviados. Según la fuente, cada mes llegan a ésa, unos 55.000 “interesados” en esta clase de ... turismo. Nos apena y nos ofende esta (supuesta) realidad; pero no dejaremos de advertir que el 56% de los viajeros movidos de tan singular propósito, serían norteamericanos y el resto, en su mayoría angloparlantes.
Un muy bolche jerarca político de esa ciudad, ha manifestado a una conocida publicación izquierdista local que, él mismo, es un “homosexual afrancesado”; algo que, con toda precisión, ignoramos qué pueda significar, aunque alcancemos a comprender el sentido de su inclinación general, o sea, su preferencia de género; es decir que el tipo es un maricón. Lo de afrancesado, hasta donde sabemos, no tendría otro fundamento que la preferencia personal del/lo sujeto/ta en cuestión, pues que nosotros sepamos, en Francia a la homosexualidad siempre se la denonimó le vice anglais.
Año y medio atrás, la marcha mundial del “orgullo gay”, cuya realización estaba prevista en la ciudad de Nueva Orleans, Louisiana, Estados Unidos, con apoyo estatal y todo, quedó frustrada por un claro designio providencial, que las víctimas prefieren ignorar aún hoy. Otra zona de “turismo sexual” del terráqueo globo, sufrió también los embates de la furia divina en forma de tromba marina denominada “tsunami”, sin que hasta hoy puedan contarse definitivamente las víctimas de uno y otro caso.
El signo de la repulsión divina a la sodomía, y medio empleado para aplicar la pena de muerte que las leyes civiles ya no contienen, parece haber sido, en ambos casos, el agua, algo que debería significar bastante para Buenos Aires, que tiene pendiente una profecía de un santo —que mucho la quiso por su amplia generosidad, don Luis María Orione— quien afirmó que esta ciudad, desaparecería por medio del agua.
Pensamos pues que, de ser tan ciertas las cosas como las predica el periódico carioca, la mejor inversión (aparte de los gustos personales, claro) de este momento, serían unos buenos salvavidas.
Pero nunca antes de una buena confesión.

4 comentarios:

XavMP dijo...

En el caso de BA, la muerte del agua va a venir más por el lado de la potable... :-)

Ludovico ben Cidehamete dijo...

Es una posibilidad, ciertamente; pero me parece improbable: El sistema de red pública de aguas de Buenos Aires es uno de los mejores del mundo, sino el mejor, y la contaminación es casi imposible, salvo algún atentado.
Por lo demás, la abundancia de agua es de tal magnitud, que la escasez es prácticamente impensable.
En cambio, la inundación ...
Hasta figura como un presentimiento para un más allá, que prescribiera Homero Manzi, en su tango insignia.
Cordiales saludos
L. b-C.

Cruz y Fierro dijo...

¿Alguien tiene el texto fidedigno de las profecías de Don Orione? Sólo conozco fragmentos y a veces contradictorios.

Anónimo dijo...

¡Hola! ¿Qué tal? Soy periodista de una importante agencia de noticias y nos ha llegado una alarmante profecía a nuestra redacción. Por su naturaleza, es obvio que no podemos publicar semejante información, más teniendo en cuenta el contenido de la misma. Aparentemente, es una profecía referida a la Argentina. A su vez, no queda claro de quién es la autoría de la misma. Algunos van desde el Cardenal Bergoglio, pasando por un rapto de misticismo de la política Carrió, hasta llegar a decir que corresponde a algo escrito por Solari Parravicini.
La profecía es inquietante. Por favor, no dejes de leerla y pasarla a todos tus contactos por el bien de nuestra Nación. Ha recorrido ya medio país. Ojalá se difunda en todos lados y evitemos lo que se anuncia por el bien de todos. ¡Que Dios te ilumine!

La muerte del dictador: Una profecía inquietante

Escribo esto porque estoy angustiado, mejor dicho, aterrorizado. Simplemente no hay palabras para describir lo que siento. Desde hace varios meses, noche tras noche, tengo lo que yo llamo la visión. Si bien no podría explicar la diferencia no es un sueño común, ordinario… Es tan vívido, tan shockeante, que temo despertar con manchas de sangre en mi cuerpo, así de espantoso es. Es por eso que necesito dejarlo asentado, para que no me tomen por loco. Pero, además, para que la culpa no carcoma mi conciencia. De que no digan que no advertí de lo que estaba por suceder en las narices de todos y nadie, sin embargo, quiso ver.
Como cada noche, no bien me duermo, la visión se apodera de mí y me encuentro, de repente, en una gran plaza extrañamente familiar. Cuando de pronto, lo que comienza como un tenue murmullo alrededor mío se transforma en un estruendo infernal de miles que gritan y luchan entre sí. Hasta acá todo es agobiante para mí que no entiendo qué hago ahí. Es entonces, como si no me hubiese percatado antes, cuando oigo nítidos disparos de armas de fuego entre la multitud. Mientras varios caen heridos fatalmente, la multitud se dispersa y alcanzo a ver lo que jamás imaginé. ¡En los postes de alumbrado público veo a personas ajusticiadas colgando de los mismos!
En mi desesperación, necesito hablar con alguien pero es como que nadie nota mi presencia. Es angustiante. Escucho decir que “se hizo justicia por mano propia”. Que los que cuelgan son los más genuflexos del séquito que se olvidaron de la gente. “Por suerte la Reina pudo escapar”, dice alguien por ahí como con tristeza, “le correspondía el mismo lugar que al Dictador” y señala con el dedo. Es entonces cuando advierto la extraña fascinación que ejerce en la masa uno de los colgados. Si bien está irreconocible por la sangre y los magullones, puedo distinguir con dificultad los rasgos del Dictador que gobernaba en las sombras y que sólo recién ahora refleja paz en su rostro inerte.
En ese momento la “película mental” se detiene y una voz sin sonido en mi conciencia me dice que “todo esto es necesario que acontezca para abrir las puertas del Amor y la Paz no sólo a nuestro pueblo sino al mundo. Que cuando se fomenta la división y el odio, se recibe, más temprano que tarde, lo mismo que sembramos. Que las cicatrices que llevamos como nación harán que seamos más humildes y que nos convirtamos en un faro de luz en el mundo ante los hechos que se avecinan”… De ese modo, cada vez que finaliza la visión, me despierto en las mañanas empapado en un sudor frío, temblando. ¡Es como si hubiese estado allí! Trato de convencerme a mí mismo diciendo que es sólo un sueño, nada más; pero cuando prendo el televisor y veo a la Reina y al Dictador hablando y gesticulando ajenos a la realidad que los circunda, la piel se me eriza…