lunes, 25 de mayo de 2020

Día de la Patria

El 25 de mayo es una de las dos fechas nacionales argentinas. Es habitual el saludo “¡Feliz día de la Patria!” intercambiado entre personas de patriotismo reconocido o acendrado; que no es casi ninguna de las ocupan, al presente, posiciones de las llamadas de “pública espectabilidad”. Diríase más bien lo contrario; porque lo que la Patria significa en la Argentina ha sido desplazado en la idiosincrasia de esta chusma políticocircenseconómica por la distopía, de momento triunfante, de un mundo de prisioneros y esclavos al servicio de los políticos y los ricos enragés. Lo más lejos posible de la Patria soñada por los argentinos.

Por lo tanto, decir ahora “Feliz día de la Patria” sería un contrasentido, mientras la nuestra continúe secuestrada por una banda universal de atrevidos ladrones y masoncetes de tarima y pizarrón que han ocupado, patética y prácticamente, todos los países católicos del mundo. Es llamativo que el país, la Patria, con la cual se han ensañado más particularmente sea la Argentina, que es la que sufre el confinamiento ilegal más extenso en la geografía y en el tiempo, y el más duro de todos los existentes, la que tiene las autoridades civiles y religiosas más furiosamente provirus, es decir, antiargentinas, pese a la existencia de las ya, ahora, innegables evidencias de la inmensa mentira urdida para generar este encierro. Las evidencias son los casos del país vecino, Uruguay, en el cual no ha sucedido ninguna catástrofe sanitaria de ninguna especie, pese a no haber dispuesto el confinamiento obligatorio y policial de todos sus habitantes —algo así como el 8% del total de la Argentina— como mandaba la OMS. Parece que en Europa, este ejemplar sitial lo ocupa Suecia, para probar a los europeos que los encierros obligatorios no son la solución.

En la Argentina, la debacle económica no se ha hecho esperar y el gobierno de ocupación ha demostrado su sinigual indiferencia por la suerte, real y nada ficticia, de millones de familias argentinas condenadas a la pobreza, a la desesperación y a la locura de un futuro incierto que, seguramente, no merecían ni buscaban. El punto de mira no es el drama de estas clases; ni tampoco salud que, fracamente, está muy, pero muy lejos de ser una causa real, por mil razones que ya hemos explicado aquí y las que suplirá el innegable ingenio nacional, además de la más evidente de todas, que es la desproporción absoluta entre la finalidad declarada y los medios arbitrados, se está detrozando una entera clase social —acaso la más laboriosa y materialmente útil de todas ellas, siendo que todas son indispensables al tejido social— con la vergonzosa colaboración de los servicios policiales del estado, que durante mucho tiempo han alardeado de una supuesta vocación de servicio ciudadana, para revelarse ahora lo que en realidad son. Por lo demás, los números de supuestas víctimas no cierran por ningún lado; el cacareado momento de expansión siniestra de la ola de contagios nunca ha llegado. Los muertos previstos y anunciados a voces sin cuento, no aparecen y, aún, se sospecha seriamente que muchos de los contados como víctimas del siniestro e inubicable virus, son en realidad meras víctimas de sus miserias humanas como la edad, o las enfermedades de cualquier clase. Es decir, han sido la muerte común de gente común, pero utilizada para aterrorizar a sus semejantes sobrevivientes... para exhibirlos como perrillos falderos con bozal; o barbijo, que para el caso, es el símbolo del aherrojamiento tanto lo uno como el otro.

Estadísticamente, en la Argentina hay unas 930 defunciones por día, o poco más. Es la tasa normal de decesos, según índices de hace más de dos años, que es lo último que disponemos. El total de las supuestas víctimas de esta pandemia (que no es), no llega ni a la mitad de las muertes diarias en tiempos de absoluta normalidad —aunque muchos hayan olvidado que el único destino cierto y normal del hombre, es la muerte— luego de más de 65 días de confinamiento absoluto, forzado, enfermante, enfermizo y obligatorio. ¿Éxito de la política sanitaria o fenomenal engaño....? En el día de la Patria, respóndase el lector esta pregunta ¡Viva la Patria!

Íbamos a cerrar esta entrada con ese grito que empaña nuestras gargantas. Pero nos pareció incompleto. Le faltaban dos cosas, o una sola, decisiva. Durante muchos años, la izquierda se ha ido apropiando de nuestras banderas, las del patriotismo católico argentino, que llamamos nacionalismo, para hacerlas suyas y lucrar con su fementida defensa. Que no obstante reconocemos, en algunos pocos, ha podido ser sincera. No más. Hoy continuamos, reasumimos nuestra defensa de las libertades cívicas como un rasgo indeclinable de nuestro patriotismo y de nuestra catolicidad. La única intolerancia la dedicamos al Estado opresor, maligno y enemigo de Dios y la Patria; y a los taimados que lo apoyan o consienten. Y como prueba del sentimiento que nos embarga, y como ha sido siempre nuestro gusto ilustrar nuestras entradas con alguna imagen alegórica, dejamos puesta al medio de nuestra entrada una dellas; triste por cierto, pero pletórica del tremendo realismo y la veracidad indisputada que nos exige la Verdad. Es que allí se ve cómo nos roban la Patria y a la Religión, todo a una.

jueves, 14 de mayo de 2020

Ayunos ... de religión

Francisco Bergoglio, actual Obispo de Roma, ha convocado para el día de hoy, jueves, a una jornada de “ayuno y oración” a todas las religiones para implorar a “Dios creador” —Quien a estas alturas, las del Altísimo, debe estar enojadísimo con este sujeto— por toda la humanidad actualmente transida por las circunstancias que son de público conocimiento.

Sea dicho sin sorna alguna, nos preocupan muchísimo más las cuestiones y circunstancias que NO son de público conocimiento o que, acaso siéndolo, no son reconocidas o aceptables al mundo moderno, posmoderno o, simplemente, posma como el que habitamos cotidianamente. La supresión de los Sacramentos dispuesta por muchísimos obispos y la imposición clandestina, despótica y sacrílega de la Sagrada Comunión en la mano, son circunstancias del dominio público pero no de demasiada atención pública. Muchos prefieren continuar con el morboso deporte de seguir contabilizando muertos cotidianos antes que pensar en la Vida Verdadera, en la Vida Eterna, que se la están escamoteando de entre las manos... de entre las almas adormecidas por el sopor de la tontera más fenomenal que hayamos presenciado en nuestra vida. Que no es precisamente corta ni huera de estupideces.

Volviendo a la sacrílega convocatoria, está prevista como una consecuencia de la sugerencia que le formulara un llamado Alto Comité para la Fraternidad Humana —que si no es masón, quiere parecerlo con semejante nombrecito— para este 14 de mayo a ver si rejuntan “creyentes de todas las religiones”, que se reunirán “en un día de oración, ayuno, y obras de caridad, para implorar a Dios que ayude a la humanidad a superar la pandemia del coronavirus”. Desde luego, eso no es católico para nada y representa, volvemos a repetirlo, algo sacrílego; no es una obra de la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, porque la Iglesia no se junta con herejes sino que les enseña, los convoca amorosamente a la Fe verdadera; no se sienta con creyentes en otras religiones que, en todo caso, son el también amado objeto de los desvelos en la predicación de la Verdad por parte de la Iglesia de Cristo. No; la Iglesia reza en Cristo y por Cristo; la Santa Misa, hace procesiones, hace penitencia en el Confesionario y no en las gradas de ninguna institución profana o pagana, e impetra fuertemente a la Medianera de todas las Gracias, la Madre de Dios, con las oraciones que Ella enseñara a santo Domingo de Guzmán, y cuyo día ayer mismo fue el objeto de un burdo y miserable titeo por parte de quien mayor deber tenía de custodiarlo. Como advierte San Pablo en 1 Corintios 10, 20, los paganos adoran a los demonios y no a Dios; por lo cual convocar a todos los creyentes encierra el peligro, nada remoto ni improbable, de compartir las oraciones que se dirigiesen al maligno. ¿Y las sectas cristianas...? Que les apañe su dios muchachista, a menos que decidan inclinarse respetuosamente ante Dios, Uno y Trino, presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Sagrada Eucaristía que confecciona Su Iglesia verdadera. Engañarlos con esta convocatoria a ellos, cristianos al fin, y a los paganos, es un pecado gravísimo que no quedará sin retribución, equiparable a la sacrílega “pachamamimaquia” organizada por el actual convocante vaticano. Y allá ellos quienes decidan secundarlo; que si es por ignorancia o buena fe, Dios los perdone y los auxilie, porque Dios reconoce a los Suyos; y si es por simple espítitu de novedad, que es una falta grave de presunción, que se las arreglen con el Creador para darLe explicacones en el Día Aquél... Mas si es por malicia... pues ya saben.

Por nuestra parte, no siendo viernes penitencial —otro casual desarreglo: un jueves penitencial...— lo dedicaremos a la honesta francachela, que haberlas las hay y su mérito tienen —que Nuestro Señor comparó el Reino de los Cielos con un banquete— en la cual comeremos y beberemos en honor de los buenos amigos, a quienes honraremos (desde nuestras celdas domiciliarias) con buenos manjares y buenos vinos; no sea que nos confundan con los integrantes de algún sospechoso “Alto Comité” de pelafustanes y gazmoños de logia. Despues de todo, un banquete bien servido y mejor regado, es exactamente lo contrario de una licenciosa orgía, pecaminosa y sacrílega, tanto como un hombre virtuoso es exactamente lo contrario de un puritano. Porque es de saberse que los cristianos verdaderos, es decir los católicos, hace muchos años que estamos viviendo, tanto nos gustase como si no, una larguísima cuaresma crudamente penitencial. Y un recreo, con protesta incluida, no nos viene nada mal.

martes, 12 de mayo de 2020

Fátima y las ultimidades del mundo

Mañana es el día de la Virgen de Fátima. El mundo, consternado como se halla por la terrorífica pero cada vez menos creíble amenaza de un virus que se pretende coronado, no le presta demasiada atención a otros signos, presentes en todas partes, mundiales digamos, que son aún más horrendos: La suspensión de la Religión católica en muchos lugares; y lo que es peor: de la mano del Papa y los Obispos (con algunas excepciones, es cierto).

En nuestros días —y en la Argentina en particular— las medidas de aislamiento social, presentadas como la inmejorable manera de detener el avance del fenomenal virus, han cedido un poco; un poco a la presión social y otro tanto a la imposibilidad real y concreta de controlar un país de semejante extensión geográfica (casi 3.000.000 de km2) y relativamente poca población, con la ridiculez de imponer una restricción —de su legalidad, ni hablemos— que es imposible hacer cumplir. Como quiera que sea, al aflojar la presión, los gobiernos han caído en situaciones jocosas que, a poco que se analicen, dejan a la vista las verdaderas intenciones de sus perpetradores; o si se prefiere decirlo de otra forma, queda en claro que este bichito, sea que exista o no, no pasa de ser una excusa en toda la línea. Por de pronto, se han “autorizado” las caminatas en proximidades del propio domicilio, que no excedan los 500 metros; no se ha podido determinar si esta “concesión” ha sido recomendada por los “científicos”, que habrán descubierto, quizá, que el virus no contagia en zonas contiguas al domicilio de los habitantes .... También se han permitido los paseos familiares los fines de semana; acaso por que el virus, progresistón como es y consciente de sus derechos laborales, descansa completamente los sábados y domingos y no contagia a nadie. Tampoco contagia en los supermercados, almacenes, verdulerías, fruterías, cierto tipo de negocios donde se despachan comidas o productos de primera necesidad, como las farmacias; y por supuesto ¡cómo no! tampoco contagia en los bancos...

Pero en las Iglesias católicas el virus contagia muchísimo y, desde luego, es fatalmente mortal; sobre todo, durante la celebración de la Santa Misa. Pero curiosamente, cede completamente en su contumelia —acaso inspirado por unas humanitarias convicciones aún no debidamente exploradas— cuando dichos templos fueran utilizados para vacunar unos 61.000 personas de edad madura solamente en Mendoza —circunstancias en las cuales se han presentado situaciones de hacinamiento de personas mayores en paños menores, haciendo patente el respeto nulo que por ellas se profesa— o para dar de comer a “gente pobre”. Desde luego, esta férrea prohibición de asistir a Misa se encuentra fuertemente custodiada por los Obispos, sino directamente inspirada por ellos; no solamente en los países donde rige el insano y despótico “aislamiento social” de la OMS; sino en aquellos lugares donde es meramente voluntario, como el Uruguay.

En Portugal, que ni llega a los 100.000 km2 y raspando pasa de los diez millones de habitantes, las cifras de contagio son variables y, hasta cierto punto, poco confiables. El encerramiento no es tan férreo como en otras partes, razón por la cual el Gobierno ha organizado un dispositivo cerrojo sin precedentes en toda Europa, consistente en enviar 3.500 agentes de policía... ¿a dónde? ¡A Fátima, por supuesto!... La finalidad es clarísima: impedir que los peregrinos lleguen a los oratorios del Santuario de Nuestra Señora la fiesta del 13 de mayo. En principio, la tolerante y melosa Ministra de Sanidad, la comprensiva socialista Marta Temido —ya se sabe cuán generosos han sido siempre los socialistas con la religión católica, como en la vecina España entre 1936 y 1939— había autorizado la peregrinación, a condición que se respetasen ciertas normas sanitarias; nada claras por lo demás... Pero el clarividente obispo local, Monseñor Antonio Marto, acompañado en la decisión por el Rector del Santuario de Fátima, resolvieron suspender la asistencia de peregrinos a la Fiesta de la Patrona de Portugal y el gobierno socialista, solícito como ha sido siempre a los deseos de los líderes del Catolicismo (y tal como hiciera con los tres pequeños pastorcitos en 1917: encerrarlos en una celda con criminales adultos...), han resuelto poner a disposición de esta medida la friolera de 3.500 policías armados hasta los dientes. Con la advertencia de que “tomarán las medidas necesarias” para impedir a los peregrinos visitar a su Madre. Por lo tanto ahora, la policía portuguesa auxiliará al gobierno zurdito para encerrar, no ya a los tres niños videntes de Fátima, no; sino a diez millones de portugueses que quieren ir a honrar a su Madre.

Lo único que no nos queda suficientemente claro después de una cosa así, es cómo es posible que haya todavía quienes piensen que esto es “nada mas” que una epidemia de un virus tan, pero tan afín con los sentimientos izquierdistas de todo el orbe, y no una sencilla, diáfana y precisa persecución religiosa. En la cual han tomado parte principalísima, y esto sí que es una novedad en la Historia de la Iglesia, la casi totalidad de los Obispos del mundo; fuera prestando su consentimiento a las violencias ejercidas desde gobierno civil —algo sin precedentes en las persecuciones— o abiertamente complicándose en ellas. Como quiera que sea, han abrogado de hecho la Santa Misa en casi todo el mundo católico, acudiendo inclusive a fórmulas claramente burlescas e irritantes, como aquella según la cual se reprocha a la feligresía que “no tiene derecho a la Misa”... Y que la hemos oido en muchos lugares y a muchos pseudo “pastores”.

Persecución en la cual no han faltado elementos delictivos y criminales, como las acusaciones que comienzan a sonar en España acerca de la complicidad del Gobierno central y de algunos gobiernos locales, en la muerte de varios miles de ancianos internados en geriátricos, que jamás han recibido ayuda ni tratamiento. Ni tampoco, a causa de múltiples cobardías, han recibido la visita de sus familiares en sus últimas horas, ni los Sacramentos de la Iglesia, ni el Viático... nada de nada.

Pues aquí estamos: En vísperas de Fátima y sin el consuelo visible de nuestra Madre del Cielo, porque la colusión entre los príncipes de este mundo y los pastores que son peores que lobos, nos lo han quitado todo. Pero de Dios nadie se ríe. Ni quienes siguen negando, acaso por temor a la verdad y a las tremendas consecuencias que ella encierra, que estamos viviendo tiempos finales apocalípticos; ni quienes arrogándose facultades políticas que nunca han tenido ni debido tener, han aherrojado en sus casas a millones de personas, reduciéndolas a la intranquilidad, la desesperación y la pobreza; ni peor aún aquellos que, habiendo recibido y aceptado dignidades sacerdotales en la Iglesia de Cristo, se han prestado canallesca y miserablemente a los designios finales de satanás.

sábado, 9 de mayo de 2020

Postrimerías

Una aliada antaño improbable, en estos días que corren parsimoniosos y aburridos, ha sido la computadora. De modo que hemos visto cosas buenas, otras apenas recomendables y cosas definitvamente prescindibles; cosas malas, a Dios gracias, no hemos visto. No que no las haya ¡que va! sino porque no hemos querido verlas. La edad, el tedio que nos provocan y el rechazo a la vulgaridad son remedios asaz fuertes contra el vicio de ver cosas malas, que por tanto no es virtud sino pura necesidad.

Caso Uno

Días pasados hemos tropezado con un artículo de Monseñor Héctor Aguer para Infocatólica, donde pretende explicar —y lo logra exitosamente, como él bien sabe hacerlo— por qué Dios castiga a quienes obran mal, pues lo impera la Justicia Divina. Sabiamente, recuerda que Dios no condena al infierno a los pecadores que mueren impenitentes, sino que ellos mismos van allí como quien busca su propio lugar en la Creación, el lugar que libremente ha decidido elegir. El artículo repasa cosas de las Sagradas Escrituras, hace citas en hebreo y en griego y menciona al “Dios de Israel” como una distinción admisible al Padre Eterno de la Santísima Trinidad. Porque hay quienes creen que hay una “religión judía”, anterior y antecedente de la Religión Católica; nosotros no. Pensamos que la Iglesia arrancó apenas incoada en el Paraíso mismo, pasó por los tiempos antediluvianos sin llegar a cuajar, vio el Diluvio —ejemplo perpetuo y monumental del castigo divino— y más tarde, la vocación de Abrahám. El articulista parece creer en otra versión, la que actualmente es más ... oficial. Aquella de la religión judía, de la Escritura judía —no “la Escritura”, a secas, de ellos, la nuestra y para todos, porque viene de Dios como don salvífico universal—. Viene por los judíos, claro. Pero para todo el universo. Pese a ciertas concesiones poco claras a un incipiente ecologismo de bandera inocua, nada logra obscurecer el buen tino general, eso sí, algo culterano, salvo lo que diremos enseguida.

Lo que llama la atención es cierta frase al comienzo de la exposición, que preferimos citar completa para dejar constante su contexto:

«Acabo de recibir esta consulta: ¿Se puede pensar que la pandemia desatada por el Covid - 19 sea un castigo de Dios?. Yo añadiría a la pregunta: ¿sensatamente?. Así se excluye desde el comienzo tanto el fundamentalismo desorbitado que agita terrores apocalípticos, cuanto el relativismo incrédulo del católico «progresista», que descarta con una sonrisa la cuestión in limine. Basta hojear en la Biblia los relatos del peregrinaje del pueblo de Dios registrado en los libros del Éxodo, los Números, y el Deuteronomio, para encontrar numerosos testimonios de la actitud divina ante la infidelidad, reiterada y contumaz, de los judíos. La noción de castigo va asociada a una imagen de Yahweh, que incluye el desfogue de su ira... »

Y leída que sea con atención la frase: se excluye desde el comienzo ... el fundamentalismo desorbitado que agita terrores apocalípticos nos toca a nosotros preguntar a nuestra vez: ¿sensatamente?...

Es que no deja de extrañar a quien viene siguiendo serenamente los primeros trinos del texto, en el sentido propuesto por el redactor: es un hiato inesperado, una declaración no pedida ni fácilmente explicable en el contexto presentado por el autor; un tropezón, vamos. ¿Qué es el “fundamentalismo apocalíptico”..? ¿Porqué el fundamentalismo apocalíptico desorbitado agita terrores inicuos? ¿Porqué qué un “fundamentalismo desorbitado”, puede conducir a un terror apocalíptico ...? ¿Qué terrores hay en el Apocalipsis que puedan ser agitados por una desorbitación del fundamentalismo... ? El “fundamentalismo” ¿es bueno o malo...?; debe ser bueno, pues el que critica el autor es el “desorbitado”. ¿Qué terrores encierra el Apocalipsis? ¿Es un Libro de Terrores...? ¿Qué debe excluirse y porqué...? Como se ve, la frase deja en el aire muchas preguntas, retóricas claro, fruto de la presentación intempestiva de variadas perspectivas a la inspección más o menos rigurosa de la cuestión que se quiere dejar ir.

Caso Dos

Pocos días atrás el P. Olivera Ravassi le ha hecho un interesante reportaje al Padre Horacio Bojorge, a quien hemos mencionado y acogido en esta página desde hace más de doce años por su inteligente y perpetua dedicación a las almas y a la preservación de la Religión verdadera. De él oímos y alguna vez también leímos en “Teologías deicidas”, aquella fantástica y perfecta síntesis de la lucha entre el modernismo y la Tradición: El campo de batalla es, precisamente, la Parusía. El modernismo no cree que sea otra cosa que un mero recurso literario referido a cosas pasadas, antiguas; o en el mejor de los casos, un símbolo de la lucha perpetua entre el bien —que algunos llaman Dios— y el mal —que algunosotros llaman el diablo. De dónde provengan esas nociones de bien y mal en pugna, no es algo que interese demasiado al estudioso porque, en definitiva, si no se cree en un orden moral eterno, objetivo, perpetuo e irreformable, sino que, como esos ojos relativistas e inmanentistas —con raspaditas o salpicaduras racionalistas— la moral simplemente no existe y en todo caso, si existiese, sería algo cambiante, relativo o pura moral de circunstancias, que les da lo mismo. Exactamente lo mismo. Por eso dicen cosas asombrosas sobre los Mandamientos de la Ley de Dios, tergiversando su cumplimiento después de haber traicionado su sentido. La Liturgia ya no es objetiva o, al menos, no debería serlo, porque es obra de los hombres y no una donación divina... ¿Todo esto se deriva de no creer en la Parusía... no estará exagerando? Pues no; si Cristo no va a volver es que la Primera Vez no vino o fué un mero “Cristo histórico”, un símbolo religioso urdido por las primeras comunidades cristianas y no el Hijo de Dios hecho hombre; así, todo vale, cualquier cosa es posible y haremos lo que nos dé la gana; pero ¡ojo! no todos, sino los que tengamos cómo hacerlo, es decir los poderosos y los ricachones. Porque los demás harán solamente lo que se les diga... Simple ¿no?

¿Bojorge dice todo eso? No, la verdad que no. Pero son las consecuencias fatales de negarle a la Iglesia su fin total, único y definitivo, que es arrastrar todo hacia el Cielo como a su fin último, adónde Cristo nos ha precedido para prepararnos un lugar junto al Padre y del cual tiene que volver a buscarnos, como ha prometido; pero si a la humanidad se le niega su destino celestial recuperado tras la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de N. S. Jesucristo, que necesariamente debe concluir con la Historia en algún momento porque la Historia ha sido hecha para Él, por Él, que es su centro, la historia no tiene otro sentido que la realización personal... y terrenal. El fin será instalarse bien en este mundo, no aspirar al que viene. En cuanto a si hay o no signos apocalípticos, esos mismo que espantan a mons. Aguer, menciona el P. Bojorge la experiencia de un sacerdote colega: “Con relación a la pachamama en el Vaticano, el día de Pascua y viendo al Papa Francisco solo en la enorme plaza, he sentido una fuerte impresión, que Cristo decía «Han impurificado mi templo. Por eso Me he retirado con mis ovejas»”. ¿Será el katejón?. Y en otro pasaje explicó que: “En Uruguay el confinamiento es voluntario... pero... con la Argentina ha habido un gran ensañamiento por que es la tierra de María, porque el aborto ha fracasado...”.

Se trata de dos cosmovisiones distintas y hasta nos atrevemos a decir: De dos Iglesias distintas. La primera, de la mano de un distinguidísimo y sin duda esforzado prelado argentino, ahora jubilado, que era el crédito de los conservadores de la Iglesia en la Argentina y representa el pensamiento del sector que, sin haberse arrepentido un ápice de las barbaridades postconciliares, abomina del mal modo compadrito progresista, del revoltijo litúrgico desmadrado o de las inevitables aberraciones morales surgidas en los últimos años en el seno de la Iglesia, al compás del definitivo triunfo de la “teología” modernista y el viraje antropológico a lo Rahner. Por que en el fondo, monseñor Aguer —por quien hemos profesado siempre un sincero de indeclinable afecto a causa de su entereza y bondad personal— es un modernista moderado, porque eso es todo, o lo más, que hay como mentalidad predominante en la Iglesia hoy en día, si se excluye al tercermundismo más revolucionario. El jesuita en cambio, con todo lo que se critica a su Orden en los días que corren, mantiene intacta su fe en la Segunda Venida. Pertenece por derecho y decisión propios a la Iglesia de la Promesa, la que espera en estado de oración y pacientemente la realización del tiempo y que el Señor, como Lo ha prometido y los signos parecen anunciar —ahora sí— sin equívocos, vuelva para instaurar todo en Él, por Quien todas las cosas fueron hechas, como afirma San Juan.

Un camino conduce, por desgracia, a la apostasía o ya es, para muchos, una apostasía completa y formal, porque se niega lo que Cristo anunció que llevaría a cabo como culminación de la Redención o, lo que es igual, se niega a Cristo o se niega a la Cruz; y no hay el Uno sin la otra. Y sin Cruz no hay Resurrección; por consiguiente, se termina negando el valor de la vida sacramental, que no es otra cosa que un anticipo participativo, invisible cuanto se quiera, de la Vida Trinitaria y, por lo tanto, una continuación de la Encarnación del Verbo. El otro es el sendero angosto y espinoso del silencio, la oración confiada y, para qué negarlo, una no poco atormentada (por los virus reales o imaginarios) constancia en la Fe y una perseverancia en la Esperanza, con todos los altibajos provocados por una desacralización que, en este momento, significa pura, simple y crudamente privación de los Sacramentos.

domingo, 3 de mayo de 2020

de Prada: Carta del sobrino a su diablo (IV)

En alguna entrada del pasado hemos declarado que éramos como la urraca: ladrona y perseverante en su latrocinio. Sin embargo, como en el vicio del pecador está presente el homenaje a la virtud, hoy le pedimos permiso implícito a don Juan Manuel de Prada para dejar aquí asentada su magnífica Carta...

4 de mayo de 2020, por Juan Manuel de Prada

Has de saber, amadísimo tío, que en mis aventuras por la España coronavírica me subo mucho, por puro afán de travesura, a los autobuses, aprovechando las horas de mayor concurrencia. Entonces, en mitad del trayecto, me quito la mascarilla, para regocijarme con las reacciones de pavor y angustia de los pasajeros, a quienes desde hoy sus gobernantes, con el respaldo de los «expertos», les exigen ir embozados; los mismos expertos y gobernantes que antes lo consideraban inútil y hasta ridículo.

Algún día tendrás que lamerme devotamente los bajos, por someter a estas gentes a la superstición científica, que además de convertirlas en zascandiles trémulos que acatan órdenes contradictorias, las aparta de nuestro Enemigo. Reconozco, por supuesto, el mérito de los carcamales que inspirasteis a aquel fraile agustino protestón y rey de la gayola la idea disparatada de que el pecado original había limitado la razón humana. Desde entonces, muchos sabios decidieron prescindir de las verdades metafísicas, conformándose con explorar las ciencias físicas. A estos sabios les prometisteis que la dedicación a la ciencia los convertiría en dioses. Pero muchos de ellos, en lugar de abjurar del Enemigo, acabaron reconociendo su grandeza; porque, como dijo algún capullo, «el primer sorbo de la copa de la Ciencia aparta de Dios, pero cuanto más se bebe de ella... más claro se ve en su fondo el rostro del Creador». Como tú sabes mejor que nadie, titajo Escrutopajo, la Verdad no se puede contradecir a si misma; y la ciencia y la fe, si son verdaderas, acaban siempre coincidiendo en sus conclusiones, aunque difieran en sus métodos y en sus objetivos formales.

No se trata de exaltar las ciencias físicas en detrimento de las metafísicas, carcamalote de mis entretelas, sino de convertir la ciencia en superstición, haciendo creer fatuamente a los botarates que ni siquiera han probado de ella un sorbo que ya se han bebido la copa completa. Y a continuación, se encumbra como sacerdotes de esta superstición a unos «expertos» que transmiten a la plebe las instrucciones disfrazadas de ciencia que convienen en cada momento al gobernante de turno. Instrucciones que, aunque sean paparruchas cambiantes, las masas comulgarán fervorosas, porque la superstición científica se ha convertido entretanto en religión sustitutoria de las masas. Y como bien sabes, titete Escrutopete, «sólo se destruye lo que se sustituye».

Así, la confusión mental generada por los «expertos», además de convertir a los hombres en plastilina que el tirano de turno puede modelar a placer, les impide distinguir la ley moral que nuestro Enemigo grabó en sus almas, así como las consecuencias ineluctables de quebrantarla, que son las que han traído esta plaga coronavírica. Porque (como a veces intuyen toscamente los ateos, cuando dicen que el planeta se rebela contra nuestros abusos) todo mal de naturaleza es efecto impepinable del mal moral; he aquí la verdad que he logrado ocultar a estas pobre gentes, mientras se quitan y se ponen la mascarilla. Pero a veces, en medio de mi triunfo, me asalta una tristeza irremisible; pues todo nuestro triunfo, titito Escrutopito, sólo servirá a la postre para apresurar la catástrofe final y la consiguiente rehabilitación sobrenatural. Hasta nosotros, titote malote, estamos trabajando para nuestro Enemigo. A veces, cuando nadie me ve, deseo fervientemente morir, como antaño deseaban los santos. Porque tú y yo, titirrititín mío, sabemos que la muerte no es un castigo, sino una promesa; una promesa de la que tú y yo hemos sido excluidos para siempre. Perdóname, pero la teología siempre me pone triste; y nadie sabe más teología que nosotros, los diablos.

domingo, 26 de abril de 2020

Problemas en puerta...

Esta epidemia de sorpresas aún no termina. Al compás del desplome del escaso crédito de los gobiernos que han implementado la “cuarentena” al revés, es decir para aprisionar a los sanos y no para aislar a los enfermos; se han propuesto disimularlo a fuerza de noticias falsas, reportajes fementidos y heroísmos de cartoon, de opereta ... bufa, pero de trágicas consecuencias. Estrictamente hablando, este mecanismo de domesticación social requiere una elaborada técnica de un crescendo dramático de anuncios y noticias alarmantes (“¡Todavía falta lo peor...! ¡Los próximos meses serán catastróficos, usté no sabe ...! Esto, va para largo...”), las que, no obstante que serían olvidadas a las pocas horas de ser proferidas, dejarán la deseada secuela de angustia y temor; pese a poder comprobarse con relativa facilidad su falsedad o simplemente su exageración, que al final el efecto es lo mismo. Junto a esto, le técnica sugiere la imposición de nuevas rutinas “legales” —desmoralizantes, faltaba más...— o giros inesperados que cercenen aún más las ya ilegítimamente reprimidas libertades, para que la sociedad perciba que toda espectativa de una pronta solución se vuelve cada vez más inalcanzable; el método es igual a como se domestica, se amansa un animal salvaje. Que es lo que somos en la consideración de los ... gobernantes.

Ya hay reacciones en muchos lugares; en Estados Unidos el “lockdown” es fuertemente impugnado; en las penínsulas latinas de Europa o en la Argentina, donde la paciencia popular ha tocado su punto más bajo; y de forma peligrosa. Hace pocas horas, el diputado italiano Vittorio Sgarbi ha denunciado en la Cámara de Diputados italiana, que la cifra de muertes por el coronavirus en su país, es un fraude, y que los muertos reales apenas rebasan los 900 casos; nadie le ha contestado ni le ha redargüido de falsdedad... Aquí se puede ver un video del episodio. La resistencia contra esta tortura ilegal llega a extremos muy altos. Rorate Cæli, esa tan meritoria página en inglés sobre la Tradición Católica, ha publicado un estudio muy sintético acerca de la inmoralidad del encerramiento indefinido; la asociación que nuclea a los médicos italianos han publicado recientemente una declaración severísima con el encierro y todo el procedimiento supuestamente sanitario del gobierno. Con razón el gobierno de la OMS en la Argentina ha buscado y logrado cerrar el Congreso como parte de su golpe de Estado, a fin de paralizar del todo sus sesiones o, al menos, hacerlas virtuales, por internet, que es como decir inexistentes o ineficaces...

En esta página hemos preferido sin embargo hablar de la inmoralidad del simple encierro, cualquiera fuese su término y circunstancias. Hace unas semanas, al comenzar esta locura hemos escrito sobre lo mismo, afirmando que no solamente era inmoral, sino ilegal, como probara más tarde un distinguido jurista invitado, y hasta perjudicial en altísimo grado y en muchos sentidos. Mucho más perjudicial que los supuestos males que deseábanse conjurar. Ahora, esto ya no cuela más, por que su sentido revoluconario se comienza a percibir y es preciso disimularlo, lo que ha exigido a los Gobiernos pasar a una etapa menos forzada o menos violenta, anunciando con bombos, platillos y más macaneos estrepitosos, que “ellos”, o mejor aún su meritísima actuación, habría logrado doblegar la mortífera singladura del impiadoso cuanto inhallable virus. Pues es claro que no en todos lados se acepta este precepto del Gran Hermano de igual grado.

Es prácticamente un hecho que muchísima gente ha roto la prisión domiciliaria por pura necesidad económica porque, si no se trabaja, se mueren ellos y sus familias. La respuesta de los intendentes del conurbano bonaerense es demostrar que están resueltos a convertirse en otros tantos sheriffs de Nottingham; a cualquier precio y caiga quien cayese, que parece ser ésta la aceptable justa entre gobernadores e intendentes para ver quién se lleva la presea del más cruel e injusto; que para eso son lo son... Otros, han roto las cadenas por razones puramente salutíferas (no que la causa anterior no lo fuera también, en sí misma), porque estar encerrado tanto tiempo sin ninguna distracción, sin contacto humano y familiar, es fatal y enfermante. Y otros, sencillamente por hartazgo y por ese empeño simple, admirable y criollo de exhibir su espíritu de contrariedad ante cualquier tentativa despótica. A estos últimos se les ha dirigido un sutil, sordo pero sibilino reproche desde unos hasta ahora impensables recovecos antaño “católicos” que ahora, presumiendo de un tomismo que no pasa de pura temulencia; y de ortodoxia, a la cual dejan menos que renga, protestan que las leyes del gobierno es moralmente necesario acatarlas, bajo pena de pecado... y de muerte. Y por supuesto, bajo pena de coraje, que estos sujetos no muestran ni que les maten. A esos les respondimos con nuestra anterior entrada, que los deja sin argumento ninguno, al quedar demostrada la triste verdad que encierra esta encerrona: la de un golpe de Estado, completamente ilegal y fuertemente inmoral, como además se demuestra en el artículo de Rorate Cæli que copiamos arriba. Tomismo y ortodoxia que se confunden llamativamente con insensatez y complicidad; pero más todavía con autojustificación y cobardía.

Al Gobierno le quedan entonces dos caminos; y sólo dos. O emplea la violencia contra los “infractores”, que en realidad son pura y simplemente “libertadores”, según lo que nos fuera explicado hace pocas horas por un destacado constitucionalista argentino; mas este es un camino que no tiene retorno y es de consecuencias imprevisibles, que además se confunde, mutatis mutandi, con ese gran cuco de todos los gobiernos progresistas: La odiosa Represión de los años '70, cuya similitud de situaciones con lo presente es patética ... para ellos. Había allí una emergencia nacional —bastante más tangible que el presente enemigo invisible, a través de una campaña explosivamente publicitaria emprendida por las organizaciones armadas terroristas—; se suspendieron algunas garantías constitucionales y se limitaron algunos derechos —no tantos como ahora e, inclusive, con el correcto dictado del Estado de Sitio por parte del Gobierno de Perón— para sostener, facilitar y permitir el uso de la fuerza represiva, la cual fue de una intensidad más o menos paralela pero de sentido contrario a la desplegada por los batallones marxistas. El aparato militar de las organizaciones terroristas fue desmontado, en efecto, pero prácticamente todos los oficiales participantes que aún conservaban la vida en los primeros años del siglo XXI, terminaron presos por haber empleado esa fuerza desplegada por el Estado, fuera de forma legítima o de cualquier otra forma; tanto por el gobierno peronista, con Perón mismo al frente (ninguno de cuyos colaboradores pasó ni una tarde en una comisaría por haber participado y, tal vez, urdido, la “guerra sucia”), o el gobierno de Videla, mal llamado militar. Después de todo y a diferencia de lo presente, fue una guerra y no una clase de ballet; pese a lo cual le fuimos opositores, no obstante nuestra juventud. Los mismos peronistas de las juventudes de aquel entonces, son ahora los gobernantes y funcionarios encargados de estrangular a la población argentina. Simplemente queríamos dejarlo asentado. El otro, el segundo camino que decimos, es intentar subirse a la cresta de la ola y comenzar a hacer lo mismo que los emprisionados: liberar zona tras zona o actividad por actividad, copiando más o menos el trazado del despliegue social y, de ser posible, adelantándosele en algo pero sin soltar nunca, de ningún modo, la correa atada al cuello de 44 millones de compatriotas.

Pero este camino, que por supuesto no tiene el costo político tan elevado del primero (si dejamos un momento de lado el tormento infligido cotidianamente a los más pobres e indefensos, que consumen o han consumido sus magros ahorros para sobrevivir como pueden), exhibe de todas formas su costado flaco, su trampa; como si dijésemos sus partes carnosas abandonadas al escrutinio sublunar. La liberación paulatina de nuevas actividades económicas deja al descubierto que el encarcelamiento domiciliario no habría tenido en ningún momento, ni en realidad, aquella declarada finalidad de salvaguarda sanitaria de la población ni, acaso, favorecer el sospechoso “aplanamiento” de una terrorífica cuanto imprevisible (y nunca vista) curva de crecimiento de la enfermedad, operación detestable en tanto reveló sin tapujos que el encierro de 44 millones de argentinos respondía, como única causa a la vista, a la inoperancia del Estado, gestionado por los partidos políticos y puesta en evidencia por una crisis que, al menos por estas latitudes, fue bastante modesta por no decir casi inexistente.

Queda así al descubierto que existe una verdadera incompatibilidad, una desproporción entre el aprisionamiento de la población y la protestada finalidad sanitaria; una desproporción de medio a fines que dejaría al descubierto al criminal aislamiento social como un mero ensayo revolucionario, maniobra táctica de ingeniería social, antes que una imposición de finalidad sanitaria, por descabellada que pareciese ser.

Existe, por supuesto, una alternativa intermedia, que no es la tercera en disputa sino una mera prolongación de la agonía presente, para tantear hasta dónde resiste el cuerpo social argentino; creemos firmemente que algo de eso se está urdiendo, máxime que se compadece muy bien con la táctica de imponer antipáticas demoras a la solución final o postergar su anuncio o no brindar ninguna noticia seria sobre le enfermedad, los datos diarios (salvo un boletín publicado por Ginés que es para salvar la ropa), o el anuncio de sorpresivas nuevas exigencias, visto que la finalidad no es otra que desmoralizar.

De modo que, en resumidas cuentas parece ser que, según lo visto y provisto hasta hoy mismo, lo único que se ha hecho en forma efectiva —no de palabra, que de éstas hay excedentes excrementales por todas partes— fue, “aplanar” la curva económica a millones de personas con el mero pretexto del bicho maldito, ubicuo e invisible; y desde luego, mantener suspendido sine die el culto católico, no obstante haberse empleado los templos para vacunaciones masivas que, como hemos dicho poco ha, han presentado tales condiciones de desorganización que son un rotundo mentís a su declarado fin sanitario, solo comparable al lamentable espectáculo de la gente mayor y ancianos haciendo larguísimas colas en la calle para cobrar sus jubilaciones en las puertas de los bancos, hace dos semanas; y por supuesto, situaciones de suyo más desordendas que cualquier celebración de la Santa Misa. Que sigue suspendida con la cobarde participación criminal —consciente o no, tal vez nunca lo sepamos— de aquellos a quienes Dios instituyó pastores, para regir y apacentar (mantener en paz...) las Iglesias particulares y confirmar a los fieles en la fe. Que ironía del Señor: hoy es el Buen Pastor. En síntesis: Ninguna de las acciones del Gobierno ni sus cómplices ha sido porporcionada ni al mal que se dijo querer conjurar; ni, tan siquiera en apariencia, era eficaz para tal fin. Queda en pie, en cambio, que el riesgo de contagio no ha sido, o acaso nunca fue, el criterio rector para este feroz ensañamiento estatal contra el colectivo nacional, cuya causa entonces habría que buscarla en otra parte. No hay nada que hacerle; ya lo hemos dicho tantas otras veces que hasta da verguenza repetirlo: el diablo comete sus fechorías y corre a esconderse, pero deja la cola afuera.

Que es como decir el tafanario al aire, faltaba más...

Feliz día del Señor. Hoy es la Fiesta del Buen Pastor en la Liturgia tradicional.

viernes, 24 de abril de 2020

Dura declaración de la Red Federal de Familias

La Red Federal de Familias, una institución privada fundada hace más de 10 años y dedicada a la protección de la familia, la familia y la moral familiar, ha emitido hace dos días una declaración cuyo contenido nos ha parecido preciso dar a conocer a nuestros lectores. Muchos piensan que este gobierno goza de un consenso absoluto de parte de la población nacional y que, consecuentemente, se encuentra habilitado para hacer lo que quiera, cuando quiera y como quiera; en particular, a causa del estado de excepción impuesto por la fuerza por el Poder Ejecutivo por motivos que, reales o no, han determinado la ampliación de la suspensión de los derechos constitucionales y dejado a la población en estado de indefensión frente a la tiranía. La Red Federal deja bien sentado que se está aprovechando insidiosamente dicho estado de emergencia, lo que es igual, la impotencia para obrar a la que ha quedado sujeta la sociedad por imposición policial, para introducir subrepticiamente la aprobación del aborto, corromper los contenidos educativos generales que, supuestamente, el estado no debería imponer sino antes bien custodiar aquellos que hayan decidido los padres, así como propiciarse desde las estructuras del gobierno conductas inmorales y contrarias a la Constitución, que prohíbe entregar a terceros o a gobernantes, el honor y la vida de los argentinos, y que únicamente consiente la actividad del estado en cuanto se halle ordenada a la moral pública e involucre relaciones de justicia. He aquí la declaración:

ESTADO DE SITUACIÓN

Frente a las complejas y confusas circunstancias públicamente conocidas por las que atraviesan nuestro país y el mundo entero, la RED FEDERAL DE FAMILIAS se ve obligada a emitir este comunicado para llamar la atención sobre diversos asuntos que han pasado inadvertidos o que han sido considerados de forma ligera y tangencial, y que, sin embargo, afectan directa o indirectamente, su Ideario.

En el marco de excepcionalidad y emergencia que suponen la cuarentena y el confinamiento decretados por el Gobierno Nacional y la consecuente paralización del país; ante el estado de ánimo en que se encuentra la población, acicateada incesantemente por los diversos medios de comunicación, públicos y privados, e intimidada en general por el temor al contagio; y considerando la legítima incertidumbre y angustia respecto de una salida que no se vislumbra y de un futuro que se presenta sombrío, resulta difícil pretender que el hombre común preste atención a otras cuestiones que no sean ésas que se le presentan como de urgencia inapelable, pero que no pueden pasar inadvertidas.

Las difíciles coyunturas que nos aquejan no nos autorizan a aflojar en la lucha en la que estamos implicados y, mucho menos, a abandonar nuestros principios sino que, por el contrario y de cara a ellas, nos obligan a reafirmar una vez más nuestro compromiso de reconocer, difundir y promover la vigencia en el orden social, de los siguientes principios no negociables y constitutivos del Ideario y la finalidad de la Red: a) el respeto y la protección de la vida humana en todas las etapas de su desarrollo, desde la concepción y hasta la muerte natural; b) la estructura natural de la familia fundada en el matrimonio de un varón y una mujer, abierto a la transmisión de la vida; c) el derecho y deber originarios de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones morales y religiosas; y d) la procura y promoción del bien común como deber de gobernantes y gobernados.

En esta comunicación, queremos destacar, principalmente:

  1. Que ratificamos nuestra defensa irreductible de los derechos del niño por nacer y que, por lo tanto, repudiamos las aclaraciones del Ministerio de Salud de la Nación, emanadas el pasado 13 de abril, declarando que el acceso a la interrupción ilegal del embarazo y a los métodos anticonceptivos quedan fuera de las restricciones impuestas por la cuarentena por cuanto se considera a ambos como “servicios esenciales” de salud. Así también impugnamos las adquisiciones, mediante compras directas y por sumas millonarias sustraídas a la atención de la emergencia declarada, de materiales diversos y de sustancias, como el Misoprostol, destinadas a la atención de aquellas prestaciones. Dicho Ministerio había recomendado suspender los servicios y controles de rutina para no sobrecargar el servicio sanitario.
  2. Que la afirmación del presidente Fernández acerca de que la prioridad es la vida se contradice abiertamente con la simultánea declaración precedente, no rectificada, acerca de que la interrupción voluntaria del embarazo (eufemismo por aborto) es una prioridad esencial, lo que demuestra su falsedad e hipocresía. El manifiesto ministerial es, por otra parte, coherente con la promesa hecha por el mismo Presidente ante ambas Cámaras y cuyo cumplimiento ha quedado en suspenso por la restricción de actividades legislativas, de enviar al Congreso de la Nación, desde la misma oficina presidencial, un nuevo proyecto de lega-lización del aborto.
  3. Que la intromisión del Estado en el derecho y el deber de los padres de educar a sus hijos conforme a sus convicciones morales y religiosas se ha puesto de manifiesto en la presentación de plataformas educativas, aprovechando y jugando con la situación actual y con la suspensión de la actividad escolar, con elementos ideológicos, el uso de idioma mal llamado inclusivo y, en las clases de ESI, cargadas de ideología y de propuestas aberrantes. Esa intromisión se produce en los hogares, sujetos al confinamiento, por medio de todos los instrumentos públicos de difusión.
  4. Que los ataques a la vida y a la familia se ponen de manifiesto en tales intromisiones y en el plan de corrupción que ellas suponen, así como en las recomendaciones para la cuarentena, también procedentes del gobierno nacional, de recurrir a prácticas sexuales aberrantes en sustitución de las relaciones personales impedidas por causa del encierro forzado.
  5. Que, en ese orden, apuntamos que hay una relación directa entre las “prácticas aberrantes” a las que esta declaración alude y la violencia contra la mujer que dicen querer erradicar. La pornografía y los hábitos sexuales que se sugieren desde el Estado inducen a cosificar al otro y verlo como mero objeto de la satisfacción individual. Numerosos estudios muestran la relación entre el consumo de pornografía y la violencia sexual. Recomendar el consumo de pornografía y decir que se quiere reducir la violencia contra la mujer es tan hipócrita como afirmar que la “prioridad es la vida” y que el aborto es un “servicio esencial”.
  6. Que advertimos que desde el Estado se emiten diversas medidas y consejos destinados, supuestamente, a promover el cuidado de la salud corporal, a la vez que se lanzan ataques directos a la salud moral y espiritual de los individuos y de las familias a los que va destinada la actividad gubernamental. Mientras tanto, el ejercicio público del culto se ve imposibilitado, bajo el pretexto de impedir la concentración de personas* , a la par que se permite la concurrencia pública a supermercados y bancos.
  7. Que, en orden al bien común comprometido, queremos destacar los daños, no sólo económicos —que son gravísimos— sino morales, psíquicos y espirituales que se siguen de la prolongación del confinamiento de personas y familias, muchísimas de ellas en condiciones precarias, sin perspectivas más o menos inmediatas de una conclusión. Parece que no hay plan alguno de salida de esta crisis y que el único remedio que se encuentra es el dejar que transcurra el tiempo a la espera de una solución mágica.

El enunciado precedente es sólo eso, un enunciado no exhaustivo hecho con el propósito de poner de relieve algunos de los aspectos que se ocultan detrás de la situación de emergencia en que se ha puesto a la población, y a la Nación entera.

Frente a tales circunstancias, nosotros nos mantenemos alertas y activos, trabajando en nuestros proyectos y observando lo que se hace en el otro campo, para estar en condiciones de dar una condigna respuesta cuando las cosas se modifiquen.

Destacamos que nuevamente y como se viene haciendo desde el año 2010, se ha presentado en el Congreso de la Nación el proyecto de ley de Protección Integral de los Derechos Humanos de la Mujer Embarazada y de los Niños por Nacer, que ha tenido entrada en la Cámara de Diputados el 2 de marzo bajo el n° 33/2020, y que antes del inicio de la cuarentena cosechó la firma de 25 miembros de ese cuerpo.

Tomemos conciencia de nuestra finitud, recobremos la calma si la hemos perdido y no nos dejemos ganar por el pánico, por el temor desmedido a la enfermedad y a la muerte, que indefectiblemente nos afectara a todos y a cada uno de nosotros.

Cuando ella nos alcance, que nos encuentre firmes en nuestra posi-ción, cumpliendo nuestro deber y con la mirada puesta en las cosas de lo alto y no en las mezquinas y torpes apetencias de los bienes caducos de esta vida mortal.

Buenos Aires, 22 de abril de 2020.


* Se ha permitido que muchos templos católicos de Mendoza o la ciudad de Buenos Aires se emplearan para vacunar gente mayor de 65 años, supuesta edad inicial de un riesgo progresivo para la salud en caso de contraerse la infección. Se han visto así aglomeraciones muchísimo mayores y, sobre todo, más desordenadas, que las presenciadas los domingos durante la celebración de la Santa Misa. Ésta es la coherencia del gobierno al disponerlo y de los obispos al permitirlo, desde luego manteniendo siempre la prohibición del culto a Dios.

lunes, 20 de abril de 2020

Una entrevista jurídica

Cuando éramos muchachos lo tuvimos de profesor de una materia del Colegio Secundario que se llamaba “Instrucción Cívica”; en las instuciones católicas se pretendía así, formar a los “educandos” (nunca supimos porqué razón no seguíamos siendo, simplemente, alumnos como habíamos sido de chicos) en ciertas reglas básicas de convivencia social, enseñar algunas leyes políticas elementales, como la Constitución Nacional o el por entonces inexistente en la práctica sistema electoral y cosas por el estilo. Las percepciones que de las enseñanzas de este profesor recibía cada uno era diferente pese a su extraordinaria facilidad de palabra y una simpatía penetrante y segura; dependiendo sobre todo de la idiosincrasia política predominante en cada casa familiar, a la cual por esas edades se hallaba uno muy adherido, y puesto que la sociedad argentina siempre estuvo —por lo menos hasta que la toga de la madurez enredó nuestra vida y, si no diluyó, al menos amoldó muchas de nuestras creencias juveniles— fuertemente politizada o, mejor aún, particionada por los partidos políticos o la idiosincrasia política familiar. Para los nacionalistas católicos más extremos, oir hablar de la Constitución de Alberdi, quien en realidad poco y nada tuvo que ver con un texto que salió misteriosamente de la voluntad política de Urquiza y, según se cree, de la pluma de Mariano Fragueiro, Juan María Gutiérrez y uno o dos personajes más, era poco menos que una herejía de leso paredón. Pero la verdadera razón que para el nacionalismo católico merecía la mayor repulsa, era cierta dogmática inaceptable sobre la soberanía popular y, por supuesto, el sistema de partidos: la odiada “partidocracia”. Por su lado, los sectores más amoldados al statu quo inaugurado en 1853 (con las reformas de ...) aceptaban la constitución como la fórmula única e invariable de convivencia, fuera de la cual, todo era inaceptable y digno de una merecida Revolución Libertadora. Por fin, la izquierda triste y deprimente, en sus dos vertientes más fulgentes: la peronista y la marxista dura la rechazaban también; los primeros, porque “el general”, decían ellos, había inventado otra mucho mejor en 1949 que, aseguraban, se conformaba muchísimo mejor con los intereses “del pueblo trabajador”, de los “obreros”, de la Nación, etc. y en cambio, la antigua era liberal, lo que afirmaban sin otra prueba que su propia afirmación. Los marxistas duros, también la rechazaban porque decían que la Constitución era burguesa y liberal, protegía la propiedad privada y la explotación del pobre por parte del rico y, por encima de todo, tenía esa odiosa cláusula sobre la Religión del Estado...

Pasaron muchos años desde nuestra natural separación, pero su nombre seguía llegando hasta nosotros, casi siempre, como sinónimo de juicio recto, ponderado y sensato en la materia que, andando los años, supimos era la suya por afinidad connatural: el constitucionalismo; era “constitucionalista”, y de los buenos. Lo consultaban de otros lados, que es como decimos aquí que era un hombre de consulta internacional. Había sido fiscal, juez, juez de cámara y profesor universitario durante muchos años. Su imagen serena era recurrente cuando los asuntos candentes de carácter institucional o constitucional desvelaban la serenidad nacional y se buscaba alguna palabra ecuánime y sólidamente fundada; cosa que ocurría con mucha frecuencia en un tiempo ahora lejano. Pero muchísimo menos a partir del año 2001, donde su especialidad —no nos agradecería decir que es un especialista— era cada vez, menos requerida, justamente por resultar crecientemente necesaria.

Como hemos mantenido con él lo que podríamos llamar una cordial amistad llena de respeto y admiración, por nuestra parte, y de sincero afecto por la de él, hemos abusado de su casi octogenaria placidez para interrogarlo por teléfono sobre algunos asuntos de actualidad, en ese horario en que los búhos salen a buscar su presa... Desgrabada que fuera la conversación, se la remitimos para que la corrigiera y, fecho, la copiamos aquí para nuestros lectores. Se han dejado casi todas las expresiones en su estado original, hasta donde se ha podido hacerlo sin perjudicar la comprensión y una puntuación indispensable, pero mínima.

P. Buenas noches, doctor. ¿Cómo va llevando este encierro...?

R. Gusto de oirlo, ... A mi edad estas cosas son menos importantes o, por lo menos, más llevaderas; pero como comprenderá me preocupa mi familia. La salud de mi familia y sus trabajos que están en peligro por una economía detenida por completo. Mi profesor de Economía Política decía que la economía era como los tiburones: o se mueve o se hunde. Por lo demás, tengo el jardín a mi disposición y mis libros, a pesar que mi vista ya no es buena. Lástima no poder ir a Misa ...

P. Pero doctor ¡Ud. no era practicante cuando lo conocimos...!

R. No crea todo lo ve...

Risas de ambos lados de la línea...

P. Bueno... Pongamos algo en orden este reportaje, ¿qué opina del decreto de necesidad y urgencia del Presidente disponiendo lo que se llama vulgarmente “la cuarentena”...?

R. Me parece que hay que distinguir bien dos cosas: la oportunidad y la materia del decreto; y aún dentro de ésta última, cabría hacer algunas distinciones. Veamos primero lo relativo a la oportunidad. Los decretos llamados “de necesidad y urgencia” guardan algunas similitudes con los que en los Estados Unidos se denominan “órdenes ejecutivas delegadas”, es decir, decretos sobre cualquier materia, en principio ajena al Poder Ejecutivo, cuya competencia le corresponde de forma nativa a otro Poder del Estado: el Poder Legislativo pero que, a causa de circunstancias de emergencia o de lo que jurídicamente deberíamos llamar con más propiedad “estado de necesidad”, no permite disponer de tiempo material para gestionar su sanción como es debido; o sea que la Constitución permite dar por abreviado el procedimiento legislativo ordinario en homenaje a una situación extraordinaria dada que impide seguirlo, y urge dar una solución legislativa. Quiero detacar que lo permite el texto constitucional en casos de situaciones de emergencia es sortear el procedimiento regular, siempre que sea absolutamente imposible seguirlo (el destacado es del profesor). La Constitución de 1994, establece en forma tajante la veda al Poder Ejecutivo para “emitir disposiciones de carácter legislativo”; esta prohibición es, como principio, absoluta. El texto constitucional es clarísimo: “en ningún caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable” es admisible al Poder Ejecutivo dictar medidas de carácter legislativo; lo dice el artículo 99. Claro está, que NO debe tratarse de aquellos casos del resorte del Poder Legislativo que hayan sido delegadas anteriormente al PEN, porque entonces existiría una delegación y el decreto sería legítimo; pero sería un error llamarlo o englobarlo en los casos de “de necesidad y urgencia”, como hacen inclusive algunos autores, porque la delegación es una cuestión completamente distinta a las situaciones de urgencia que impidan el procedimiento normal legisferante. Desde luego, no se debe tratar de alguna de aquellas otras materias que menciona el texto magno como excluídas de los Decretos de Necesidad y Urgencia: “materia penal, tributaria, electoral o de régimen de los partidos políticos”; a las cuales sin embargo deberían agregarse aquellas otras que son competencia específica y exclusiva del Congreso. Ahora bien: En una manera que hemos criticado muchas veces por no adaptarse a una técnica legislativa precisa, ajustada y exenta de contradicciones, la Constitución permite delegar algunas facultades legislativas en el Poder Ejecutivo, como dispone el artículo 76 de la Constitución, por parte del Congreso. La materia de la delegación es muy limitada, circunscripta a aquellas “...materias determinadas de administración o de emergencia pública”. Y esto está en el texto del artículo 76 después de reiterar, en consonancia con el artículo 99 que le mencioné recién, que “se prohíbe la delegación legislativa en el Poder Ejecutivo”...

P. Perdóneme doctor, que lo interrumpa, pero necesito que nos haga una aclaración: ¿Usted dice que la delegación legislativa en el Poder Ejecutivo es algo completamente distinto a los Decretos de Necesidad y Urgencia...?

R. ¡Por supuesto, claro que sí...! Son dos cosas completamente distintas que, sin embargo, suelen mezclarse por ser ambas, situaciones en las cuales un Poder del Estado dispone de una facultad, de una competencia que es exclusiva de otro Poder. En un caso existe una delegación autorizada por la ley, por la constitución, para ciertas materias específicas bajo condiciones precisas, muy precisas... En el otro caso, el Poder Ejecutivo se toma la atribución de adelantar la implantación de una norma jurídica, una ley digamos, pero que aparece bajo la forma de un decreto. No se olvide que en el régimen nuestro el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo son colegisladores... ahora no entro en eso. Y el Ejecutivo lo hace previendo que no habrá tiempo suficiente para llevar a cabo todo el procedimiento constitucional para la formación de las leyes...

P. Doctor ¿la materia, entonces de los decretos de necesidad y urgencia, debería ceñirse únicamente a aquellas en las cuales se permite la delegación...?

R. ¡Muy bien pensado, pero no se adelante! Algo así es lo que hemos sostenido en la cátedra y nuestros artículos. O sea, que la facultad de dictar decretos de necesidad y urgencia, si bien tiene un régimen propio referido a su oportunidad (subraye esta palabra) que es la imposibilidad de seguir un procedimiento regular agregado a un estado de necesidad, ambos concurrentes; esta facultad, decimos, no es para cualquier materia, no puede ser omnicomprensiva, es decir abarcar toda la materia legislativa prevista en la Constitución como competencia exclusiva del Poder Legislativo, porque sería absurdo. No solamente porque le está prohibido al Poder Ejecutivo, como regla general, ejercer funciones legislativas “en nignún caso y en forma absoluta y bajo pena de nulidad insanable”, lo que sugiere dos cosas: uno, que la regla permisiva, a pesar de que existe, es de interpretación sumamente restrictiva, porque si no el sistema de la soberanía de cada Poder del Estado dentro de su propia esfera de competencia, que es la base del sistema institucional argentino, quedaría vulnerado porque, ¿cómo decirle...?, sino porque además se “desarmaría” toda la estructura constitucional y convertiría a los gobernantes en meros usurpadores.

P. ¿Y segundo..?

R. Paciencia, allí voy... Y dos, que una interpretación racional de la regla del artículo 99, inciso tercero, obliga a no olvidar bajo ningún concepto que allí, al comienzo del inciso, se mantiene intacta la prohibición de no ejercer facultades legislativas en ningún caso siendo que su violación arrastra la sanción de nulidad absoluta e insanable. Lo que en términos vulgares es que lo obrado así, no vale nada de nada... A ver: Es jurisprudencia antigua y pacífica de la Corte federal que ninguna parte de una ley debe dejarse invalidada por una interpretación jurisprudencial que haga prevalecer una parte en desmedro de otra, dejándola en la sombra de la ... invalidez. Las leyes deben interpretarse con integridad textual y contextual. Máxime con la Constitución debe tenerse este cuidado, esta previsión. Si las delegaciones de las atribuciones del Congreso en el Poder Ejecutivo, en principio, están proscriptas y, por su lado, la asunción repentina y sorpresiva de esas competencias está sancionada con nulidad absoluta e insanable, puesto que no debería darse en ningún caso, la interpretación armónica de estas disposiciones sugiere no ya una interpretación altamente restrictiva de los decretos de necesidad y urgencia, sino una expresa limitación a aquellas solas materias que, en ciertas circunstancias, el Poder Legislativo delegaría o podría delegar en el Ejecutivo sin violar la separación de funciones, competencias o poderes...

P. Claro. Pero fíjese...

R. Espere un momentito por favor... Las normas dictadas por el PEN en ejercicio de competencias legislativas, está dicho, no valen nada de nada, pero a renglón seguido, en el párrafo siguiente, se autorizan estos decretos para ciertos casos de emergencia y con las limitaciones que hemos visto; eso significa que solamente puede hablarse de verdaderos decretos de necesidad y urgencia cuando, además de darse las condiciones de oportunidad que hemos dicho ya, dos veces, se tratase de una materia permitida, no prohibida de forma expresa ni exclusiva del Congreso. Se concluye que no puede ser otra que aquella misma que se autoriza al Poder Legislativo a delegar en el Poder Ejecutivo, es decir custiones de administración o de emergencia pública, como establece el artículo 76. Aún así, estos decretos tiene una validez jurídica efímera, pues una vez dictados, el gobierno debe remitirlos de inmediato a la Comisión bicameral Permanente del Congreso y en un plazo máximo de 20 días, ambas cámaras legislativas deben aprobarlos o rechazarlos. Se lo digo en forma sintética...

P. ¿La emergencia pública que Ud. dice, incluye las emergencias sanitarias? En caso afirmativo ¿con qué limitaciones?

R. Claro. Por supuesto incluyen las cuestiones sanitarias e inclusive le diría, uno pensaría que son las más próximas a las hipótesis de “emergencia”... Pero siempre dentro de los carriles de la legalidad; no se pueden suprimir derechos constitucionales, o dejarlos sin efecto, ni suprimir un poder del estado o la posiblidad de peticionar a las autoridades como ...

P. ¡Por favor, doctor...! Un momento porque va muy rápido para nosotros... Déjeme ver: ¿Se pueden entonces, en función de una emergencia sanitaria, dictar toda clase de disposiciones que ...?

R. ¡No, no, no...! De ninguna manera cualquier clase de disposiciones, sino aquellas que se exigen para reparar el estado de necesidad, para retomar la vida institucional regular; no se olvide la clase de asuntos que estamos tratando. Son reglas para situaciones que alteran el orden regular, el procedimiento regular de carácter institucional para la formación de las leyes, razón por la cual deben quedar limitadas a ese único fin, que es restablecer la institucionalidad, normalizarla, hacerla funcionar nuevamente en este específico camino que es la formación de las leyes y no para cualquier cosa o capricho...

P. ¿Se podrían limitar o suspender derechos constitucionales o garantías constitucionales...?

R. No, no. De ninguna manera; la reglamentación de los derechos constitucionales es otra cuestión diferente a lo que es exigido para los decretos de necesidad y urgencia que, como le digo, es restablecer la vida institucional, no dictar cualquier tipo de normas; eso sería inconstitucional y las normas serían aparentes, no serían otra cosa que aparentes, carecerían de toda eficacia, serían nulas de nulidad absoluta e insanable como dice el inciso 3º del artículo 99 de la Constitución. En nuestro régimen constitucional, los derechos constitucionales no se pueden suprimir ni suspender jamás, bajo ningún concepto ni en ningún caso. Por supuesto, los derechos constitucionales pueden ser reglamentados por el Gobierno, modalizados, sin que esto suponga ni permita alterar la substancia del derecho que se trate. Así lo ha dicho nuestra Corte desde hace más de 100 años sin intermisión. Lo que autoriza la Constitución cuando se ha decretado el Estado de Sitio es una suspensión de las garantías constitucionales. Es el artículo 23 de la Constitución. Se pueden suspender en los lugares afectados al estado de sitio... pero no los derechos constitucionales sino las garantías...

P. Un segundo, doctor, dos aclaraciones ... una aclaración: el estado de sitio ¿lo declara el Poder Ejecutivo o el Poder Legislativo, o ambos...? Y otra: Qué pasa cuando en una zona de guerra o afectada por una epidemia, por ejemplo, no se pueden ejercer los derechos constitucionales ...

R. Sí, correcto... El estado de sitio tiene, por principio, dos modalidades, una normal y otra excepcional, aunque siempre es una situación extraordinaria la que le da lugar. La conmoción interior, concepto amplísimo en realidad, y el ataque exterior son los dos supuestos que contempla el artículo 23. La declaración corresponde ordinariamente al Congreso, artículo 75, inciso 29; en casos de conmoción interior y, casi con seguridad, en el de ataque exterior siempre que haya tiempo para hacerlo. Si no fuera así, el Poder Ejecutivo tiene la facultad, solamente en esta hipótesis de ataque exterior, de decretarlo por sí mismo, ad referéndum del Congreso y mediando acuerdo del Senado. El Poder Ejecutivo también puede decretar por sí mismo el estado de sitio en casos de conmoción interior cuando el Congreso está en receso, que en nuestros días es casi nunca... Por supuesto, el Congreso tiene la facultad de revocar esta declaración al reanudar sus funciones, o mantenerla. En cuanto a lo demás que me pregunta, la respuesta la tiene Usted en su pregunta: No se trataría de una supresión o suspensión de los derechos constitucionales declarada por el poder político, sino de una simple imposibilidad de obrar física, fáctica, material. Es una cuestión de hecho, no de derecho. Son dos cosas bien diferentes...

P. Está bien... Para nuestro nivel de comprensión, es clarísimo todo lo que Usted ha explicado. Ahora bien: El decreto del presidente Fernández disponiendo el cese total de la movilidad ciudadana, los transportes casi totalmente paralizados, el “aislamiento social” y demás cuestiones, sin excluir la suspensión de los servicios religiosos... ¿qué opinión le merece?

R. Pues vuelvo al principio; hay dos cuestiones a tratar: la oportunidad y la materia tratada. Se podría admitir que la oportunidad fuese propicia, no obstante que, en el momento de la sanción del decreto, el Congreso estaba sesionando, en período de sesiones ordinarias desde el primero de marzo, porque había una urgencia en salir del estado de necesidad creado por la cercanía de la epidemia que de hecho, al momento del decreto aún no se había declarado ni había certeza sobre su progreso. Pero concedamos provisoriamente que la oportunidad fue propicia, para despejar esta primera parte de la incógnita y a pesar de las graves dudas que he explicado recién a raiz del funcionamiento del congreso. Segundo, la materia. Se podría haber tratado de poner en estado de alerta a la Administración, una materia propia del resorte del Ejecutivo, a los hospitales y a todo el sistema sanitario bajo la dependencia del Estado. Pero cuando se pretendió, y en efecto se dispuso, intervenir los derechos constitucionales de los habitantes de la Nación prohibiéndoles circular libremente, comerciar, trabajar, estudiar, ejercer industrias lícitas, asistir a su Culto religioso o indicando qué actividades estaban fuera del ámbito permitido, excedió su competencia y transgredió la ley. Esta prohición no surgía del texto del decreto sino por extensión, es decir por implicancia, porque si se limita o suprime el derecho a transitar libremente, el de comercio se torna un derecho ilusorio, como el de asistir al Culto, etc. y tantos otros. Siempre se ha sostenido la interdependencia de los derechos constitucionales: si se suprimen los derechos básicos, los demás son fantasías, ilusiones, declaraciones vacías y no derechos. Por otra parte se han violado casi todos los Tratados Internacionales sobre Derechos Humanos, que forman parte del plexo constitucional, y no voy a discutir aquí en qué grado se da esta integración... el plexo constitucional, como los derechos familiares a asistirse recíprocametne, visitarse, alimentarse si fuera el caso... Encerrando a todo el mundo en su casa a cal y canto se ha impedido el elemental derecho a ganarse la vida, puesto que muchísima gente vive de lo que gana al día; muchas pequeñas empresas y comercios se encuentran al borde de la bancarrota a causa de estas medidas, mal eufemismo le digo, que de hecho están suprimiendo toda una clase socio económica completa.

P. Pero entonces ¿nada debió haberse hecho...?

R. Nada debió haberse hecho así, de este modo brutal... Por de pronto, en lo que es lo nuestro, si se consideraba conveniente limitar el ejercicio de algunos derechos constitucionales, no suprimirlos ni suspenderlos, claro está, porque eso no se puede hacer nunca; para limitar su ejercicio, y dejar en suspenso algunas garantías constitucionales, debió haberse dictado el Estado de Sitio conforme al procedimiento para hacerlo establecido por la Constitución y las leyes. Mire: nuestra Constitución es una de las pocas en todo el mundo que posee una regla como la del artículo 29, que prohibe a la autoridad pública poner en riesgo o a disposicón de terceros, terceros que pueden ser el propio gobierno, la vida, el honor o la fortuna de los habitantes de la Nación... Esta suspensión general de actividades, este encierro colectivo, ha puesto seriamente en peligro la vida y la fortuna de millones de argentinos. Se encierra a los condenados por delitos; y aún ellos, salen al patio dos veces por día y pueden ir al médico, reciben visitas familiares una vez a la semana y todo eso... Pero los encerrados estamos peor que los presos...

P. ¿Qué pasaría con una acción de amparo? Están en la Constitución ¿no?

R. El Gobierno ha cerrado el Congreso Nacional y ha obligado a la Corte a cerrar Tribunales dictando feria judicial sine die. Esto es una locura nunca vista; el Poder Ejecutivo no solamente se arroga competencias, facultades que la Constitución porfiadamente le deniega, sino que suprime a los otros dos poderes del estado que deberían controlarlo, contrapesarlo, creando un vacío, una crisis institucional nunca vista en la Argentina; y según lo que yo sé, en todo Occidente, aún en casos de guerra, que afectaban una porción de un territorio nacional y no a la totalidad, como estableció el presidente. No existe en este momento el Poder Judicial; los juzgados, que son los tribunales ordinarios, aquellos donde el ciudadano peticiona, acciona y plantea su propuesta de .... restañamiento del abuso del derecho, que se llama en derecho procesal la “pretensión”, están cerrados. La Corte Suprema es un tribunal excepcional, ordinariamente de derecho y no conoce originariamente en ninguna causa, salvo algunas específicas asignadas por la Constitución. Uno no puede ir a la Mesa de Entradas de la Corte a iniciar un amparo, por que imagínese lo que ocurriría... Las Cámaras tienen competencia apelada y no originaria para asuntos ordinarios. Es decir que la Justicia está sencillamente desarmada. De los jueces de feria ni hablemos... Por lo demás, cualquier juez puede conocer en un amparo, es verdad. Pero habría que convencerlo para que se lo tome, primero, y que lo tramite después. Por de pronto, es posible que se sintiese obligado a remitirlo al juez de feria, con las consecuencias que son de imaginar...

P. Me atrevo y le pregunto ¿cómo calificaría Usted lo que está pasando?

R. Mire, como mínimo y sin arriesgar un calificativo que aún es prematuro, sí le puedo decir que es el casus del artículo 36 de la Constitución Nacional. Sin la menor duda y según lo que le he explicado, es nada menos que un acto de fuerza del Poder Ejecutivo, que ha interrumpido “la observancia [de la Constitución] por actos de fuerza contra el orden institucional y el sistema democrático. Estos actos serán insanablemente nulos. Sus autores serán pasibles de la sanción prevista en el Artículo 29, inhabilitados a perpetuidad para ocupar cargos públicos y excluidos de los beneficios del indulto y la conmutación de penas. Tendrán las mismas sanciones quienes, como consecuencia de estos actos, usurparen funciones previstas para las autoridades de esta Constitución o las de las provincias, los que responderán civil y penalmente de sus actos. Las acciones respectivas serán imprescriptibles. Todos los ciudadanos tienen el derecho de resistencia contra quienes ejecutaren los actos de fuerza enunciados en este artículo”.

P. Ahora que Usted cita este texto, nos surge la idea de preguntarle algunas cosas más antes de pasar a otro asunto: ¿Este artículo no está referido solamente a la interrupción forzada del sistema democrático? ¿Es ilícito obedecer una ley dictada en esasa condiciones?

R. El texto es clarísimo en cuanto a que la conducta prevista es un acto de fuerza, violento o no violento, porque la ley no distingue y donde la ley no distingue, no corresponde distinguir; es decir alguna clase de fuerza ejercida sobre y contra el orden institucional que tenga eficacia para suspender la Constitución. Este orden institucional mencionado allí es distinto a lo que llamaríamos un clásico golpe de estado militar, por ejemplo, porque el texto distingue claramente entre los dos supuestos: actos de fuerza “contra el orden institucional y el sistema democrático” dice el artículo, siempre que tuvieren suficiente eficacia como para interrumpir “la observancia” de la Constitución. Los actos de fuerza no son necesariamente vías de hecho violentas, pudiendo ser presiones irresistibles o fuerzas emboscadas u ocultas, insidiosas, con idéntica eficacia de desarmar el acto voluntario de la víctima, que es lo determinante... como el caso que Usted tiene en el artículo 78 del Código Penal, entre otros. Por lo tanto, bastaría que se presente el resultado típico: “interrupcion de la observancia de la Constitución”, que es la consecuencia típica o efecto directo de esos “actos de fuerza” contra el orden constitucional y el sistema democrático, que son los medios de comisión del delito, más que el delito en sí mismo, que es, repito, la “interrupción de la observancia de la Constitución”. Confirma lo que le estoy diciendo la parte del artículo donde leemos “tendrán las mismas sanciones quienes, como consecuencia de estos actos, usurparen funciones previstas para las autoridades de esta Constitución o las de las provincias”. Es evidente que la primer consecuencia de este tipo de alteración del orden institucional, es la usurpación de competencias que la Constitución asigna a los órganos cuya creación está dispuesta en su texto. Mire, perdone si soy demasiado técnico, pero la cuestión es muy técnica y la figura penal del artículo 36, figura penal genérica digamos, es novedosa y jamás ha sido juzgada por nuestros tribunales que se sepa... Usurpar funciones asignadas por la constitución a órganos específicos, es cualquier abuso de poder bajo la forma de “desviación de poder”, que es el nombre más apropiado, realizado en ocasión de estos hechos de fuerza y aprovechando la indefensión del sistema institucional. Vea, es clarísimo, no hay dudas que si se suprime la funcionalidad del Congreso, se desmonta la Justicia y se dictan decretos violando derechos constitucionales, se está en presencia de este tipo penal. Por supuesto, no se pueden obeceder estas disposiciones, por que son nulas absolutamente e inconfirmables.

P. ¿Y el decreto o ley que sancionara el jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, prohibiendo a los mayores de 70 años salir a la calle sin permiso del gobierno?

R. Una barbaridad... yo no vivo en Buenos Aires, pero no se puede permanecer impasible ante un atropello así... Primero. Es una invasión, una tremanda desviación de poder, usurpación de facultades, que, si pudieran existir, serían privativas del Gobierno federal, porque la reglamentación o inclusive la suspensión temporaria o limitada geográficamente de algunos derechos constitucionales, de la constitución federal, pertenece por derecho propio al Gobierno Federal, es decir al Congreso Nacional y al Poder Ejecutivo Nacional, cuando existe declarado el Estado de Sitio. Este gobierno local no tenía competencia para dictar una regla como lo ha hecho. Pero por otra parte, ha violado una norma constitucional eminente, cual es la igualdad ante la ley. No se puede prohibir a una persona el ejercicio de un derecho básico sobre el fundamento de la hipotética desventaja de la edad, que es como decir una incapacidad presunta por que es discriminatorio y viola el artículo 16...

P. ...pero se puede prohibir o no permitir a alguien hacer alguna cosa, en razón de su edad...

R. Por supuesto, por supuesto, pero es distinto. En lo que atañe a los cargos públicos, se refiere a la idoneidad para realizar alguna cosa o llenar alguna función, no a la edad como acepción de personas... No se puede permitir a un chico andar con un arma de fuego, por ejemplo, ni casarse, o antes, impedir que los menores vieran espectáculos que no se correspondían con su madurez sexual o psicológica... porque no tiene aún idoneidad, aplicando por analogía este criterio de la idoneidad... Precisamente la constitución refiere que la única circunstancia que debe tenerse en cuenta para realizar el ideal de la igualdad, es la idoneidad; se trata de igualdad entre iguales a raiz de su idoneidad, es decir, de su aptitud para enfrentar esas cosas. La falta de idoneidad de las personas adultas no se puede presumir ni su debilidad a causa de la edad, porque son situaciones muy variables de una persona a otra; no hay dos personas iguales. Para eso existe el procedimiento judicial de inhabilitación, es decir que la inhabilitación de una persona, de cualquier edad, a causa de alguna impotencia vital, es competencia ordinaria del Poder Judicial, cuestión de hecho y prueba... La aptitud, la capacidad en sentido amplio, no es solamente, como piensa casi todo el mundo, un conjunto de saberes adquiridos en tal o cual casa de estudios, o una experiencia en tal o cual cosa... Se trata de todo eso, además de la madurez y experiencia necesaria para hacer frente a lo que es debido, bien hecho, cuando hay que hacerlo. Hay mucho escrito sobre esto y... ¡nos vamos de la cuestión...! (risas...)

P. Perdón... ¿No seria lo mismo que impedir que los mayores de 70 años salgan a la calle...?

R. No, para nada... Esa, llamémosle, prohibición, se basa en una conjetura pseudo científica, o médica, un prejuicio, y no en un principio de aptitud real... así que no, no guarda ninguna relación... es una típica acepción de personas. Y además las medidas de protección de personas o las de inhabilitación son del exclusivo resorte judicial como le digo.

P. Perfectamente... aclarado. Vamos terminando, que ya es tardísimo... Una pregunta más. ¿Qué opina de la suspensión de los servicios religiosos...?

R. No se preocupe por la hora... Los viejos dormimos poco, y es más que entretenido hablar de lo que uno se ha dedicado toda la vida... Otra vez es preciso distinguir; por lo que me han dicho, existen dos tipos de prohibiciones, no necesariamente tales en sendos casos. La primera es una recomendación de la Congregación para el Culto Divino de principios de marzo que procura que se tomen todas las medidas convenientes para evitar los contagios. La segunda distinción que hacer, son las disposiciones que tome cada ordinario local conforme a sus facultades canónicas y en vista de la recomendación de Roma, las que según creo no son todas iguales, ni por el mismo lapso de tiempo ni tampoco iguales en cuanto a los actos de culto previstos. Y por tercero, la contenida en el decreto de Fernández. Los decretos y normas eclesiásticas no son mi campo, así que no hablaré de ellos. En cuanto a lo del Poder Ejecutivo, vuelvo a distinguir. Constitucionalmente, todos los habitantes de la Nación tienen derecho a profesar libremente su culto, artículo 14. Como cualquier derecho constitucional, no se puede suprimir ni suspender, pero el gobierno puede reglamentarlo y, de hecho, aquí están reglamentados los cultos no católicos, al menos en cuanto a su reconocimiento oficial, exenciones impositivas, y demás ventajas que se acuerdan a los cultos religiosos en general; excepcionalmente, pienso que podría decretarse que los actos de culto se hagan en un lugar y no en otro o en tal o cuál horario, cuidándose de no alterar la substancia del derecho afectado. No entraremos en eso, salvo para repetir que no se puede suprimir un derecho constitucional y su reglamentación es de interpretación restrictiva, nunca supresiva. Con la Religión Católica el caso es diferente porque existen dos disposiciones eminentes, el artículo 2º de la Constitución y el Concordato con la Santa Sede de 1966, que establecen, el primero, que el Estado sostiene el Culto católico, apostólico y romano, de modo que en ningún caso puede suspenderlo ni permitir que se suspenda, porque el hecho de encontrarse esta regla en el texto constitucional, significa que es un derecho de todos los habitantes del país, antes que un derecho de la Jerarquía de la Iglesia y aún, comprensivo de éste; es un débito del Estado con los habitantes y con la Iglesia Católica y por eso se encuentra en la Constitución política. El Concordato, en su propia terminología, admite, garantiza y sostiene la soberanía de la Iglesia Católica, dentro de su propia misión y conforme a su estructura jerárquica, que es en algunos casos de derecho divino, en cuanto al ejercicio del Culto, su organización y demás cuestiones propias. De manera que si se suspenden las actividades religiosas por decreto, a pesar de su incontestable inconstitucionalidad, no podría alcanzar nunca al Culto Católico.

P. No se imagina cuánto le agradecemos esta contribución ... ¿quiere agregar alguna cosa?

R. Mi sentido deseo es que esto termine cuanto antes; el daño económico, sanitario y moral que ya se ha infligido a la Nación con estas eufemísticamente llamadas “medidas”, aunque es ahora inconmensurable, no se deja de prever pavoroso...

P. Gracias doctor.