miércoles, 3 de enero de 2007

María histórica, y María de la Fe ... ahora con la Madre *

Casi nadie de la jerarquía de la Iglesia ha roto, hasta ahora, el silencio impuesto desde el 26 de noviembre, día del estreno del film “Nativity. A Story” en el Aula Pablo VI del Vaticano, pese a que la película fuera objeto, de parte principalmente de laicos enojados, de justísimas objeciones que nadie ha osado controvertir, más bien al contrario, y que sería un deber ineludible leer, estudiar y memorizar para refutar tan maligna intentona, sobre la cual, como decimos, no se ha escuchado aún alguna voz jerárquica que advierta a la feligresía sobre los peligros de esta sibilina película. Y es la segunda vez en el día que utilizamos este calificativo, para llamar la atención sobre una herejía.
Queda clarísimo que “Nativity” es una película protestante. O sea, que más claramente aún, no es católica.
El Magnificat, el canto de alabanzas de la Virgen al Dios que ha hecho maravillas en Ella y que rompe su silencio evangélico y es vital signo de su Presencia como Madre de Dios, está ausente en la Visitación, el lugar en el cual Dios inspiró a La Mujer el cántico de alabanza. Sólo aparece al final —en la huida a Egipto— sin contexto adecuado ni teológico y con un significativamente trunco “el Poderoso ha hecho obras grandes...”, cuando debería haber dicho “el Poderoso ha hecho obras grandes por mí” (Cf Lc 1:49). La diferencia no es sutil. Pero es protestante, claro.
¡Y este es el fraude que se publicita como la verdadera historia del Nacimiento de Jesús!
Hay ciertos detalles cuya presencia en la película es difícil de entender, a no ser que se quiera intencionalmente manchar la figura de María siempre Virgen, o al menos, confundir y escandalizar a los católicos mistongos [1].
Una de las peores escenas: la del parto. La María escenográfica pare con dolor (igual que en la antigua versión de Zefirelli).
Cierto es que, a lo largo de la película, habíase demostrado antes que María no era la Inmaculada, la que desde el momento en que fue concebida quedó exenta del pecado original, la que nunca pecó. Esta María —de la mano de una directora protestante— es como todos los demás mortales y, por tanto, a ella le cabe la misma maldición que a las demás mujeres: “con dolor parirás a tus hijos” (Gn 3:16b). ¡Pero al Hijo de Dios ...!
Grita como ni siquiera lo hacen las mujeres medianamente educadas, aún cuando el nacimiento de Jesús fuera, como dice la Doctrina católica, de un gozo inefable. Para colmo de herejías, que bien se pueden dar la mano con el mal gusto y el anacronismo, ¡san José hace de comadrona!. Desde luego, es de inferir que María, a esta altura, ya no es virgen, como resultado de este parto, sangriento y cacareado.
La escena demostraría que estamos en presencia de una película protestante, en la que se ignora intencionalmente toda la tradición de los Padres y las verdades de nuestra fe. Pero, y aunque no es de sorprender que una obra protestante incurra en errores gravísimos y en desviaciones heréticas, llama la atención, sin embargo, que abunden detalles que están dirigidos a menoscabar la figura de la Virgen, a disminuir su figura o a menospreciarla ante nuestros ojos. Lo que nos hace pensar que, más que una película protestante, es una vista anticatólica; o mejor expresado: es una película anticatólica rodada por una directora protestante.
La María del film carece mínimamente de las virtudes teologales, es pecadora y concupiscente, adolescente inmadura, apática, llena de temores y no trasluce vida interior alguna. Esa María jamás podría servir de modelo a nadie, ni modelo de la Iglesia ni modelo de persona alguna, ni sería Tabernáculo digno para todo un Dios.
El P. Lofeudo, ha dicho: «Las críticas favorables que provienen de medios católicos son insostenibles (o intersadas, vamos ...). El denominador común es ese minimalismo, esa teoría del mal menor que se convierte en relativismo dogmático o espiritual. Por ejemplo, se dice que es un “film pro-vida” (¿?). Pero, y la verdad de la fe ¿dónde está? Asumiendo que fuera pro-vida eso no implica que sea católico, que esté de acuerdo con la fe de la Iglesia. También está el otro criterio minimalista: “es bueno que al menos en esta Navidad haya un film que trate el Nacimiento del Señor” y que “es importante que Hollywood se ocupe de estos tipos de films y por eso debemos verlo y promoverlo”. Es decir, no importa que se hable mal, que se lleve a las personas a una gran confusión con tal que se hable (¡!).»
«Lo que resalta la gravedad de los hechos —más allá del film que sería uno más en una larga serie de otros en los que se ataca, más o menos veladamente, a nuestra Iglesia y por lo que resultaría simplemente episódico— es que desde el propio Vaticano se haya lanzado la película y, según la publicidad que se hace, se lo haya promovido. Esto sí que sorprende y hace que muchas voces que en privado desaprueban el film se mantengan calladas por temor a ofender a la jerarquía o atentar contra lo que se entiende como unidad. Mientras tanto, la confusión es muy grande y la mayoría de las personas sorprendidas en su buena fe y en el criterio de autoridad que viene del (aparente) respaldo de la Santa Sede (así se lo percibe) terminan por ser víctimas de la falsa imagen de la Santísima Virgen que las imágenes y el texto les transmiten y que echa por tierra toda la enseñanza de la Iglesia.»

Tal cual ha ocurrido antes con la figura de Nuestro Señor Jesucristo, desmembrada a jirones entre un supuesto Cristo histórico que quedaría “superado” por otro aún más hipotético Cristo de la Fe, dicotomía que, necesariamente, lleva a dudar de la hitoricidad de Cristo, este procedimiento hipercrítico, de incuestionable cuño protestante, ahora se pretende aplicarlo a Nuestra Señora, proponiendo la coexistencia nada pacífica de una figura histórica alejada por completo de aquella otra, casi celestial, que nos transmitiera la Tradición y la Sagrada Escritura; que, a tal fin, ha quedado nuevamente reducida a polvo de lustrar directorcetes de mala entraña.
No es ensoñación nuestra: La directora, en un reportaje afirma que «... en su caso, el interés mayor estuvo en la posibilidad de “darle un rostro humano a estos personajes que todos conocemos de manera muy superficial”.». Por que, es claro, ni la Iglesia ni las Sagradas Escrituras nos han transmitido fielmente, como ella pretende hacerlo, las figuras de Jesús, José y María ... De donde se sigue, si no nos equivocamos, que toda la Revelación y, es más, toda la Redención, dependerá de una directora de Cine. En fin ...
De todas formas, es necesario y urgente que, desde las cátedras eclesiásticas, se dé aclaración pública sobre la auténtica y verdadera posición de la Iglesia y se hagan las rectificaciones pertinentes para reparar el daño incurrido.

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[1] En algunas regiones argentinas, se utiliza este calificativo coloquial para designar que no se ha alcanzado la plenitud o la perfección, o que se tiene mezcla de impurezas. O ambas cosas.

* Corregido nuevamente el 4 de enero de 2007.

1 comentario:

milanta dijo...

Gracias por esta magnífica información.

Ya ni ganas tengo de ver dicha película.