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sábado, 22 de agosto de 2020

De Bautismos y de traiciones, felonías y otras mariconerías

La Congregación para la Doctrina de la Fe ha dado un paso importante y feliz: ha prohibido —indirectamente por supuesto— los Bautismos donde la fórmula comenzase con un sospechoso y muy comunitario “nosotros” (como el bolero), en lugar del tradicional “YO”, indicativo con mayor precisión y exactitud que quien imparte ese Sacramento es Cristo mismo, en Persona, utilizando las manos del accidental ministro y el agua. Esta advertencia debe considerarse definitva y, como diremos enseguida, supone que deberían repetirse los bautismos realizados de mala manera. No es la única novedad de estos aciagos y raros días que corren, como a la dispararada, hacia un final que, aunque algunos consideran abierto, neologismo por incierto, nosotros pensamos que es absolutamente único e irrepetible. Repasemos pues, alguna de las novedades y sus significados posibles.

Ya habíamos incursionado en esta cuestión hace unos años, acerca del Bautismo, a raiz de una declaración anterior de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 2008, por cuyas disposiciones se declaraba ineficaz el que se impartía sin recurrirse a la fórmula tradicional: «Yo te Bautizo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». Lo cual no deja de ser notable, en medio de una general abdicación de responsabilidades que caracteriza la alta jerarquía de la Iglesia en nuestros días; se han puesto todos de rodillas, es cierto... pero ante el mundo.

Pero es claro que los católicos no somos los únicos que damos en eso de tropezar chiquicientas veces con las mismas piedras. Esto viene, cuándo no, de Yankilandia, donde algunas sectas protestantes, rápidamente copiadas por despersonalizados clérigos católicos, pretenden impartir este Sacramento acudiendo a un “sentido comunitario” más del agrado comunistodemocrático hoy tan en boga, lo que se dice con tanta propiedad Progresista. Mirad si no, amables, tolerantes y nada codiciosos lectores, lo que está pasando en San Rafael, Mendoza, Argentina, donde el propio Obispo ha informado que a fin de este año en curso, cerrará el Seminario Diocesano; el cual, bueno es decirlo, es el mejor y más abundamentemente surtido de vocaciones de la Argentina y uno de los más frecuentados de todo el mundo —¡40 seminaristas para una diócesis que apenas sobrepasa los 100.000 habitantes!— de manera que, luego de esto, no será creíble cualquier lamento jerárquico sobre la exigüidad de las vocaciones fundamentado (¡cuándo no! La culpa siempre la tienen los demás ...) en la omnipresente culpa ilevantable de los laicos, que no atinaríamos a responder a la ejemplar singladura exhibida por el clero... Estrictamente, el clero se exhibe bastante poco estos días, salvo los honorables y auténticos héroes que llevan los Sacramentos a todas partes. Por vaya uno a saber qué escondida suerte de casualidades, casi todos ellos andan de lustrosa y ajada sotana; aunque muchas veces la calle no los vea así con suficiente diafanidad. ¿Será un signo más de estos tiempos...?

¡Psssssttt....!

¿No es esto seguir dando tumbos? Pero imaginemos el escenario: Un déspota ínfimo por epíscopo; una herencia de multitud de vocaciones verdaderamente apostólicas, arrebatadas al Cielo por monseñor León Kruk hace más de 30 años con una vida honorable, humilde, agradecida... ¡santa! y lleno de celo apostólico y de almas para Dios. Un enanito verde (famoso conjunto mendocino de rock nacional) muerto de envidia por no trepar hasta la altura que él cree merecer —algo que, por definición, queda siempre mucho más arriba de lo que pudiéramos sospechar, aún siendo generosos— y un encargo mefistofélico cuyo objetivo final no es otro que la demolición de la Iglesia...

—¡Alto, alto, alto....! ¿Qué tiene que ver una cosa con l'otra?

Pues todo; que vemos repetirse la táctica del Comunismo, que es la del demonio: Un paso atrás y dos adelante. Aquí, el paso atrás es la nota, asombrosa para los días que corren, sobre el Sacramento del Bautismo. Dos pasos pa'lante, un Seminario menos en la Argentina, país asombroso si los ha habido alguna vez, donde sus propios habitantes no comprenden ni mínimamente su propia importancia cósmica, tan insignificantes ellos son o creen ser, no obstante las muestras más que evidentes de su existencia.

Todo esto, súmase a un mundo donde la regla número uno es, créase o no, la emasculación de la sociedad. La incepción —qué palabrota, ¿eh?— de ese mundo epiceno ha sido desde hace décadas, quizá unas siete, el arcano de los avances de los estados sobre los habitantes, a fin de neutralizar todo conato de masculinidad bajo el pretexto del paternalismo o el machismo y aplanar todo arresto varonil con policías, cárcel y sobre todo, las intolerables monsergas de puritanos o veganos de ocasión. Las cosas más varoniles por natural afinidad —las armas, el tabaco, el alcohol, ¡hasta la sal! por señalar algunas— son genéricamente denegadas o restringidas y han sido puestas en mora por una sociedad cada vez más mujeril y, por cierto, menos social. No para dar lugar a lo femenino, no se crea; que eso es la siempre nobilísima aptitud para recibir la fecundación y es, por natura concomitante, cocreador; no, es para dar paso a lo asexuado, informe o, por decirlo de una buena vez, deforme. Pensamos que C. S. Lewis podría haber llamado a su magnífica obra “La abolición del hombre”, como La abolición del varón. Satanás usó a la mujer para llegar hasta el varón. Ahora igual: las mujeres (o lo que queda de ellas) fungen de sacerdotisas de esta nueva religión bestialmente genital (sin excluir una sodomía quasi oficial) pero vastamente asexuada ¿se puede creer? Pues es así.

La mascarita, careta o “barbijo” obligatorio es una prueba eficiente por sí misma de lo que decimos. Cualquiera sabe que no sirve para nada, a no ser que su portador sea un enfermo y aliente sobre un organismo sano pero en peligro, como resulta el caso del quirófano, donde quién usa la caretita es el que quiere evitar contagiar a un organismo debilitado. Pero con el uso de este horroroso adminículo, antinatural, peligroso y desde luego, insano, no se pretende impedir ningún contagio. Su sentido es el mismo que tiene en el Islam, donde es obligado para las mujeres, recibiendo el nombre de “chador”; que no tenemos la menor idea qué es lo que quiere decir. Pero es evidente que su primer designio es el incógnito, la anulación de la cara y por tanto, de lo más propio de la persona, a la cual se hace caer en el más autista anonimato; que todos estén contra todos es la primera consecuencia; que nadie se fije en los demás. Al propio tiempo, es signo de silencio obligatorio, de prohibición de hablar. O sea, más simbólico no podía ser, si se comprende lo que queremos decir y, sobre todo, lo que nos quieren hacer entender...

Hay que agregarle el estado de tiranía estatal decretado en casi todos los países de Occidente, donde de un papirotazo se han suprimido todos los derechos y libertades básicas: trabajar, transitar, vistar uno a su madre o a su hermano o a sus nietos, seguido de un extensísimo etcétera. Gobiernos y sujetos de partido que hasta ayer eran vituperados por su corrupción, su deshonestidad o su proverbial molicie, o por ser notorios asiduos a la más encumbrada inopia intelectual y moral, han sido convertidos por diabólicas artes en héroes nacionales, nuevos Sanjorges abatiendo dragones de microscopio o Sansónes sin Dalilas, con mucho pelo pero inertes, por lo demás... Ni una ceja de sospecha se ha levantado, ni los habituales e históricos quejosos de los “derechos humanos” —monipodio encabezado por esos mismos políticos y una prensa zurda de variopinto pelaje, siempre presta a atacar a la autoridad verdadera, a defender cualquier maldad o a desenterrar varones ilustres— han mosqueado lo más mínimo, aviniéndose a un estado de cosas jamás conocido, sobre todo por su universal extensión...

Allá, en nuestra ahora remota mocedad, oíamos a un distinguido filósofo decirnos a cada paso: —Todo corre a su compleción. Que es lo mismo que afirmar que las cosas inacabadas se disparan hacia su fin y, como el proverbial pingo del paisano, saca fuerzas de su nada cuando husmea su potrero natal. La Redención está inacabada; no lo decimos nosotros sino Nuestro Señor en San Lucas, 21; 28 que cuando muchas de estas cosas estén ocurriendo, no desesperemos sino más bien alegrémonos, porque “la redención está cerca”. ¿Cómo puede ser ésto...? ¿No es cierto acaso que la Redención ya tuvo lugar a causa de la Encarnación, Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo...? Cierto; pero según explica Santo Tomás de Aquino en la Catena Áurea*, en el lugar propio de esta perícopa, la redención acaecida hasta el presente es la del alma, faltando completarla con la del cuerpo; y apoya esta afirmación en un texto patrístico que, desde luego, hace suyo con su certeza infalible de místico y doctor. Y que no se trata de la resurrección de todos los muertos —que de todos modos sucederá en su día— lo prueba el hecho que lo afirmado por San Pablo es que la muerte deberá ser vencida, es decir, que será borrada completamente del sino terrible de la humanidad viviente; si se pensara que esto significa solamente que toda la humanidad deberá resucitar, no se eliminaría a la muerte, sino primero toda la vida, condición necesaria para que la resurrección fuese universal. Nos parece que eso es hacer trampa con Saulo de Tarso. La tajante afirmación del Apóstol supone dos cosas necesarias: Que la muerte todavía exista cuándo y para que pueda ser vencida, para lo cual es preciso que haya vida y no de cualquier clase, sino vida mortal; y que la vida que subsista tras esta victoria sobre la muerte, no le esté ya más sujeta. De otra forma, la muerte no sería verdaderamente vencida, es decir extinguida del horizonte humano, porque seguiría existiendo. San Pablo no habla de remediar la muerte por medio de la resurrección, sino de su vencimiento, de su extinción como tal. Más todavía: (I Cor, 15; 51) nos revela un secreto, afirmando que “algunos no morirán sino que serán transformados” y que, al parecer, la transformación será a causa del “arrebato” de algunos vivos —cuyo número no está revelado— cuando las fuerzas infernales parezcan arrasarlo todo. No está claro si será o no el comienzo de una nueva Era ** que llamaremos el Reino de Cristo; Castellani piensa que es así y al parecer, lo hace en compañía de todos los Padres de la Iglesia que enseñaban lo mismo. Lo que no cabe dudar son dos cosas: Una, que habrá un Reino de Cristo, que no será lo último y final aunque durará acaso para siempre, pues todavía deberá ser entregado al Padre. Y dos, que ante ese final habrá quienes continúen con vida y no mueran, por que el Credo católico lo afirma sin lugar a dudas: Nuestro Señor volverá “a juzgar vivos y muertos”, así que es de fe que algunos no morirán y que habrá vivos cuando el Señor vuelva a juzgar. ¡Porque la muerte habrá sido vencida! Y no es razonable pensar que, una vez que vuelva el Señor, podrá sostenerse ni la muerte, ni la acción del diablo sobre el mundo, que su Retorno habrá hecho desaparecer.

Esta decadente renuncia de algunos pastores a su misión apostólica, aún siendo francamente aterradora, encuentra su correlato en las Palabras del Salvador cuanto anuncian un hecho del final de una Era y el comienzo de otra, toda Suya y de Nuestra Señora que, ahora, vemos más cercana. Como el miope que va distinguieno las formas a medida que se acerca al objeto de su mirada imperfecta.

¿Y estos pastores tránsfugas que tienen que ver?

Pues que será el oficio de las piedras gritar, cuando La Piedra y otros pastores callen.




*. Santo Tomás de Aquino, Catena Aurea, edición de los “Cursos de Cultura Católica”, Buenos Aires, 1946, págs. 475/477;...San Eusebio: Cuando hayan pasado todas las cosas materiales aparecerán las inteligibles y celestiales, a saber: el reinado de aquel siglo que nunca habrá de concluir, y entonces se concederán las promesas ofrecidas a los dignos. Por esto dice: “Cuando comenzaren, pues, a cumplirse estas cosas, mirad,” etc. Una vez recibidas las promesas que esperamos del Señor, seremos reanimados los que antes andábamos abatidos, y levantaremos nuestras cabezas, en otro tiempo humilladas, porque viene nuestra redención que tanto esperábamos; esto es, aquella que toda criatura desea... Teofilactus: Esto es, la perfecta libertad del cuerpo y del alma, así como la primera venida del Salvador tuvo por objeto la reforma de nuestras almas, la segunda tendrá lugar para la reforma de nuestros cuerpos...

** Id. id. cita anterior; ...San Eusebio: También llama así a la generación nueva de la Iglesia santa, manifestando que habrá de durar el pueblo de los fieles hasta el tiempo en que habrá de ver todas estas cosas y contemplará con sus propios ojos el cumplimiento de las palabras del Salvador... Teofilactus: Como les había predicho perturbaciones, guerras y trastornos, tanto de los elementos como de las demás cosas, para que no se sospechase que la misma cristiandad habría de perecer añade: “El cielo y la tierra pasarán; pero mis palabras no pasarán”; como diciendo: y si se conmueven todas las cosas, mi fe no faltará; en lo cual da a entender que la Iglesia será preferida a toda criatura, porque la criatura sufrirá alteración y la Iglesia de los fieles y las predicaciones del Evangelio subsistirán. ...San Gregorio, ut sup: “El cielo y la tierra pasarán”, etc. Como diciendo: Todo aquello que para nosotros es durable no lo es eternamente sin mudanza; y todo lo que parece pasar conmigo será fijo y permanente; porque mi palabra que pasa expresa sentencias inmutables y permanentes... Beda: El cielo que pasará no es el etéreo de las estrellas, sino el aire del que toman el nombre las aves del cielo. Pero si la tierra ha de pasar, ¿cómo dice el Eclesiastés: “Mi tierra subsiste eternamente” (Ecle 1,4)?. Pero por una clara razón, el cielo y la tierra pasarán en cuanto a la forma que ahora tienen, pero en cuanto a la esencia subsistirán siempre.




jueves, 14 de mayo de 2020

Ayunos ... de religión

Francisco Bergoglio, actual Obispo de Roma, ha convocado para el día de hoy, jueves, a una jornada de “ayuno y oración” a todas las religiones para implorar a “Dios creador” —Quien a estas alturas, las del Altísimo, debe estar enojadísimo con este sujeto— por toda la humanidad actualmente transida por las circunstancias que son de público conocimiento.

Sea dicho sin sorna alguna, nos preocupan muchísimo más las cuestiones y circunstancias que NO son de público conocimiento o que, acaso siéndolo, no son reconocidas o aceptables al mundo moderno, posmoderno o, simplemente, posma como el que habitamos cotidianamente. La supresión de los Sacramentos dispuesta por muchísimos obispos y la imposición clandestina, despótica y sacrílega de la Sagrada Comunión en la mano, son circunstancias del dominio público pero no de demasiada atención pública. Muchos prefieren continuar con el morboso deporte de seguir contabilizando muertos cotidianos antes que pensar en la Vida Verdadera, en la Vida Eterna, que se la están escamoteando de entre las manos... de entre las almas adormecidas por el sopor de la tontera más fenomenal que hayamos presenciado en nuestra vida. Que no es precisamente corta ni huera de estupideces.

Volviendo a la sacrílega convocatoria, está prevista como una consecuencia de la sugerencia que le formulara un llamado Alto Comité para la Fraternidad Humana —que si no es masón, quiere parecerlo con semejante nombrecito— para este 14 de mayo a ver si rejuntan “creyentes de todas las religiones”, que se reunirán “en un día de oración, ayuno, y obras de caridad, para implorar a Dios que ayude a la humanidad a superar la pandemia del coronavirus”. Desde luego, eso no es católico para nada y representa, volvemos a repetirlo, algo sacrílego; no es una obra de la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, porque la Iglesia no se junta con herejes sino que les enseña, los convoca amorosamente a la Fe verdadera; no se sienta con creyentes en otras religiones que, en todo caso, son el también amado objeto de los desvelos en la predicación de la Verdad por parte de la Iglesia de Cristo. No; la Iglesia reza en Cristo y por Cristo; la Santa Misa, hace procesiones, hace penitencia en el Confesionario y no en las gradas de ninguna institución profana o pagana, e impetra fuertemente a la Medianera de todas las Gracias, la Madre de Dios, con las oraciones que Ella enseñara a santo Domingo de Guzmán, y cuyo día ayer mismo fue el objeto de un burdo y miserable titeo por parte de quien mayor deber tenía de custodiarlo. Como advierte San Pablo en 1 Corintios 10, 20, los paganos adoran a los demonios y no a Dios; por lo cual convocar a todos los creyentes encierra el peligro, nada remoto ni improbable, de compartir las oraciones que se dirigiesen al maligno. ¿Y las sectas cristianas...? Que les apañe su dios muchachista, a menos que decidan inclinarse respetuosamente ante Dios, Uno y Trino, presente en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad en la Sagrada Eucaristía que confecciona Su Iglesia verdadera. Engañarlos con esta convocatoria a ellos, cristianos al fin, y a los paganos, es un pecado gravísimo que no quedará sin retribución, equiparable a la sacrílega “pachamamimaquia” organizada por el actual convocante vaticano. Y allá ellos quienes decidan secundarlo; que si es por ignorancia o buena fe, Dios los perdone y los auxilie, porque Dios reconoce a los Suyos; y si es por simple espítitu de novedad, que es una falta grave de presunción, que se las arreglen con el Creador para darLe explicacones en el Día Aquél... Mas si es por malicia... pues ya saben.

Por nuestra parte, no siendo viernes penitencial —otro casual desarreglo: un jueves penitencial...— lo dedicaremos a la honesta francachela, que haberlas las hay y su mérito tienen —que Nuestro Señor comparó el Reino de los Cielos con un banquete— en la cual comeremos y beberemos en honor de los buenos amigos, a quienes honraremos (desde nuestras celdas domiciliarias) con buenos manjares y buenos vinos; no sea que nos confundan con los integrantes de algún sospechoso “Alto Comité” de pelafustanes y gazmoños de logia. Despues de todo, un banquete bien servido y mejor regado, es exactamente lo contrario de una licenciosa orgía, pecaminosa y sacrílega, tanto como un hombre virtuoso es exactamente lo contrario de un puritano. Porque es de saberse que los cristianos verdaderos, es decir los católicos, hace muchos años que estamos viviendo, tanto nos gustase como si no, una larguísima cuaresma crudamente penitencial. Y un recreo, con protesta incluida, no nos viene nada mal.

sábado, 9 de mayo de 2020

Postrimerías

Una aliada antaño improbable, en estos días que corren parsimoniosos y aburridos, ha sido la computadora. De modo que hemos visto cosas buenas, otras apenas recomendables y cosas definitvamente prescindibles; cosas malas, a Dios gracias, no hemos visto. No que no las haya ¡que va! sino porque no hemos querido verlas. La edad, el tedio que nos provocan y el rechazo a la vulgaridad son remedios asaz fuertes contra el vicio de ver cosas malas, que por tanto no es virtud sino pura necesidad.

Caso Uno

Días pasados hemos tropezado con un artículo de Monseñor Héctor Aguer para Infocatólica, donde pretende explicar —y lo logra exitosamente, como él bien sabe hacerlo— por qué Dios castiga a quienes obran mal, pues lo impera la Justicia Divina. Sabiamente, recuerda que Dios no condena al infierno a los pecadores que mueren impenitentes, sino que ellos mismos van allí como quien busca su propio lugar en la Creación, el lugar que libremente ha decidido elegir. El artículo repasa cosas de las Sagradas Escrituras, hace citas en hebreo y en griego y menciona al “Dios de Israel” como una distinción admisible al Padre Eterno de la Santísima Trinidad. Porque hay quienes creen que hay una “religión judía”, anterior y antecedente de la Religión Católica; nosotros no. Pensamos que la Iglesia arrancó apenas incoada en el Paraíso mismo, pasó por los tiempos antediluvianos sin llegar a cuajar, vio el Diluvio —ejemplo perpetuo y monumental del castigo divino— y más tarde, la vocación de Abrahám. El articulista parece creer en otra versión, la que actualmente es más ... oficial. Aquella de la religión judía, de la Escritura judía —no “la Escritura”, a secas, de ellos, la nuestra y para todos, porque viene de Dios como don salvífico universal—. Viene por los judíos, claro. Pero para todo el universo. Pese a ciertas concesiones poco claras a un incipiente ecologismo de bandera inocua, nada logra obscurecer el buen tino general, eso sí, algo culterano, salvo lo que diremos enseguida.

Lo que llama la atención es cierta frase al comienzo de la exposición, que preferimos citar completa para dejar constante su contexto:

«Acabo de recibir esta consulta: ¿Se puede pensar que la pandemia desatada por el Covid - 19 sea un castigo de Dios?. Yo añadiría a la pregunta: ¿sensatamente?. Así se excluye desde el comienzo tanto el fundamentalismo desorbitado que agita terrores apocalípticos, cuanto el relativismo incrédulo del católico «progresista», que descarta con una sonrisa la cuestión in limine. Basta hojear en la Biblia los relatos del peregrinaje del pueblo de Dios registrado en los libros del Éxodo, los Números, y el Deuteronomio, para encontrar numerosos testimonios de la actitud divina ante la infidelidad, reiterada y contumaz, de los judíos. La noción de castigo va asociada a una imagen de Yahweh, que incluye el desfogue de su ira... »

Y leída que sea con atención la frase: se excluye desde el comienzo ... el fundamentalismo desorbitado que agita terrores apocalípticos nos toca a nosotros preguntar a nuestra vez: ¿sensatamente?...

Es que no deja de extrañar a quien viene siguiendo serenamente los primeros trinos del texto, en el sentido propuesto por el redactor: es un hiato inesperado, una declaración no pedida ni fácilmente explicable en el contexto presentado por el autor; un tropezón, vamos. ¿Qué es el “fundamentalismo apocalíptico”..? ¿Porqué el fundamentalismo apocalíptico desorbitado agita terrores inicuos? ¿Porqué qué un “fundamentalismo desorbitado”, puede conducir a un terror apocalíptico ...? ¿Qué terrores hay en el Apocalipsis que puedan ser agitados por una desorbitación del fundamentalismo... ? El “fundamentalismo” ¿es bueno o malo...?; debe ser bueno, pues el que critica el autor es el “desorbitado”. ¿Qué terrores encierra el Apocalipsis? ¿Es un Libro de Terrores...? ¿Qué debe excluirse y porqué...? Como se ve, la frase deja en el aire muchas preguntas, retóricas claro, fruto de la presentación intempestiva de variadas perspectivas a la inspección más o menos rigurosa de la cuestión que se quiere dejar ir.

Caso Dos

Pocos días atrás el P. Olivera Ravassi le ha hecho un interesante reportaje al Padre Horacio Bojorge, a quien hemos mencionado y acogido en esta página desde hace más de doce años por su inteligente y perpetua dedicación a las almas y a la preservación de la Religión verdadera. De él oímos y alguna vez también leímos en “Teologías deicidas”, aquella fantástica y perfecta síntesis de la lucha entre el modernismo y la Tradición: El campo de batalla es, precisamente, la Parusía. El modernismo no cree que sea otra cosa que un mero recurso literario referido a cosas pasadas, antiguas; o en el mejor de los casos, un símbolo de la lucha perpetua entre el bien —que algunos llaman Dios— y el mal —que algunosotros llaman el diablo. De dónde provengan esas nociones de bien y mal en pugna, no es algo que interese demasiado al estudioso porque, en definitiva, si no se cree en un orden moral eterno, objetivo, perpetuo e irreformable, sino que, como esos ojos relativistas e inmanentistas —con raspaditas o salpicaduras racionalistas— la moral simplemente no existe y en todo caso, si existiese, sería algo cambiante, relativo o pura moral de circunstancias, que les da lo mismo. Exactamente lo mismo. Por eso dicen cosas asombrosas sobre los Mandamientos de la Ley de Dios, tergiversando su cumplimiento después de haber traicionado su sentido. La Liturgia ya no es objetiva o, al menos, no debería serlo, porque es obra de los hombres y no una donación divina... ¿Todo esto se deriva de no creer en la Parusía... no estará exagerando? Pues no; si Cristo no va a volver es que la Primera Vez no vino o fué un mero “Cristo histórico”, un símbolo religioso urdido por las primeras comunidades cristianas y no el Hijo de Dios hecho hombre; así, todo vale, cualquier cosa es posible y haremos lo que nos dé la gana; pero ¡ojo! no todos, sino los que tengamos cómo hacerlo, es decir los poderosos y los ricachones. Porque los demás harán solamente lo que se les diga... Simple ¿no?

¿Bojorge dice todo eso? No, la verdad que no. Pero son las consecuencias fatales de negarle a la Iglesia su fin total, único y definitivo, que es arrastrar todo hacia el Cielo como a su fin último, adónde Cristo nos ha precedido para prepararnos un lugar junto al Padre y del cual tiene que volver a buscarnos, como ha prometido; pero si a la humanidad se le niega su destino celestial recuperado tras la Encarnación, Pasión, Muerte y Resurrección de N. S. Jesucristo, que necesariamente debe concluir con la Historia en algún momento porque la Historia ha sido hecha para Él, por Él, que es su centro, la historia no tiene otro sentido que la realización personal... y terrenal. El fin será instalarse bien en este mundo, no aspirar al que viene. En cuanto a si hay o no signos apocalípticos, esos mismo que espantan a mons. Aguer, menciona el P. Bojorge la experiencia de un sacerdote colega: “Con relación a la pachamama en el Vaticano, el día de Pascua y viendo al Papa Francisco solo en la enorme plaza, he sentido una fuerte impresión, que Cristo decía «Han impurificado mi templo. Por eso Me he retirado con mis ovejas»”. ¿Será el katejón?. Y en otro pasaje explicó que: “En Uruguay el confinamiento es voluntario... pero... con la Argentina ha habido un gran ensañamiento por que es la tierra de María, porque el aborto ha fracasado...”.

Se trata de dos cosmovisiones distintas y hasta nos atrevemos a decir: De dos Iglesias distintas. La primera, de la mano de un distinguidísimo y sin duda esforzado prelado argentino, ahora jubilado, que era el crédito de los conservadores de la Iglesia en la Argentina y representa el pensamiento del sector que, sin haberse arrepentido un ápice de las barbaridades postconciliares, abomina del mal modo compadrito progresista, del revoltijo litúrgico desmadrado o de las inevitables aberraciones morales surgidas en los últimos años en el seno de la Iglesia, al compás del definitivo triunfo de la “teología” modernista y el viraje antropológico a lo Rahner. Por que en el fondo, monseñor Aguer —por quien hemos profesado siempre un sincero de indeclinable afecto a causa de su entereza y bondad personal— es un modernista moderado, porque eso es todo, o lo más, que hay como mentalidad predominante en la Iglesia hoy en día, si se excluye al tercermundismo más revolucionario. El jesuita en cambio, con todo lo que se critica a su Orden en los días que corren, mantiene intacta su fe en la Segunda Venida. Pertenece por derecho y decisión propios a la Iglesia de la Promesa, la que espera en estado de oración y pacientemente la realización del tiempo y que el Señor, como Lo ha prometido y los signos parecen anunciar —ahora sí— sin equívocos, vuelva para instaurar todo en Él, por Quien todas las cosas fueron hechas, como afirma San Juan.

Un camino conduce, por desgracia, a la apostasía o ya es, para muchos, una apostasía completa y formal, porque se niega lo que Cristo anunció que llevaría a cabo como culminación de la Redención o, lo que es igual, se niega a Cristo o se niega a la Cruz; y no hay el Uno sin la otra. Y sin Cruz no hay Resurrección; por consiguiente, se termina negando el valor de la vida sacramental, que no es otra cosa que un anticipo participativo, invisible cuanto se quiera, de la Vida Trinitaria y, por lo tanto, una continuación de la Encarnación del Verbo. El otro es el sendero angosto y espinoso del silencio, la oración confiada y, para qué negarlo, una no poco atormentada (por los virus reales o imaginarios) constancia en la Fe y una perseverancia en la Esperanza, con todos los altibajos provocados por una desacralización que, en este momento, significa pura, simple y crudamente privación de los Sacramentos.

miércoles, 25 de junio de 2008

Desenmascarando traidores ...

Noticia tomada del Blog Moral y Luces, a quienes agradecemos su involuntaria donación.

Días pasados, el peruano don Carlos Polo, un especialista en ataques a la vida del Perú, fue convocado por una vistosa norteamericana que díjose productora de cine y benefactora de la humanidad, para realizar un programa filmado sobre el aborto en Ibero América. Afirmó que no tenía todavía un proyecto definido y ni siquiera un nombre para el emprendimiento e hízole saber a Carlos Polo que, de todas formas, ya había obtenido entrevistas con Obispos y militantes pro—vida de su país, el Perú.

Pero lejos de indigestarse con vidrio molido, don Carlos requirió toda la información que pudo sobre la señorita en cuestión y sus supuestas tertulias limeñas, viniendo a descubrir ¡nada menos! que era una destacada militante de la izquierda “dura” norteameriyanqui proabortista y decidió desenmascararla con su propio método; es decir, el cine. La invitó a una entrevista filmada a la cual la sedicente cineasta no podía razonablemente negarse, en razón de ser ese medio un paso avante en lo que ella afirmaba buscar: reportajes filmados. Y la entrevista tuvo lugar, tal y como ustedes pueden ver a continuación

Aqunque ACI Prensa piense que la página de este emprendimiento proabortista ha eliminado todas o algunas de las referencias al Perú, hemos comprobado que, no obstante, lo que ha sucedido es que se ha condicionado el ingreso a la página principal del Sitio Web de esta desdichada señorita, en cuya lectura podrá encontrarse la causa de la justificada indignación del señor Polo ante el engaño evidente, y la mentira que sostiene ante las cámaras la “cineasta”.

Pero, además de contradecir sus excusas durante la entrevista, en la página web siguen figurando su nombre, su RECIENTE viaje al Perú y la finalidad general del emprendimiento, que no es otra que la directa e inmediata promoción del aborto seguro; pues lo que según declaran tanto enternece, hasta los millones de dólares, a estas angelicales criaturitas, no son los cuerpecitos destrozados de los bebes que no verán la luz del día ni el agua del Bautismo, sino las pobres mujeres que mueren o quedan inválidas de por vida por la práctica de abortos en malas condiciones médicas y de asepcia. Por lo cual, fomentan la asepcia ... moral.

El aborto y los demás crímenes perpretados y a perpetrarse en el santísimo nombre del progreso indefinido del primer mundo, ya está visto no pueden ingresar por la puerta grande en estos meridionales paisajes, pues la vieja raíz católica de América —perspicaz y vigilante— no se deja rallar pacíficamente, alicaída y todo como está. Los conatos proabortistas en América se han estrellado contra la obdurada voluntad de los pueblos de no entregarse a estos planes criminales, aunque algunas victorias parciales pudieran hacer pensar lo contrario, así como la falta de reacción proporcionada en las altas esferas de algunos países. Pero lo cierto es que estamos ganando y, por eso, deben recurrir al encubrimiento, la mentira y el disimulo para hacer pasar por pura nobleza lo que no es más que un juego diabólico, perverso y homicida, anticipio oblativo de ese nuevo Adviento cuyos día y hora nadie sabe; pero que el maldito intuye y olfatea mejor que nadie.

Y por eso sus emisarios están tan movedizos.

martes, 20 de mayo de 2008

Elogio de la urraca

Los días como hoy, húmedos y cálidos, nos hacen añorar una inspiración que, como el ángel esquivo de Sor Juana Inés, nos elude caprichoso y atrayente; hechicero y furtivo. Pero para consuelo, tenemos siempre a mano un saludable espíritu de rapiña y, como las urracas, córvidos nos hacemos por pura conveniencia. Para unir la bajo a lo alto, lo más a lo menos, la virtud al vicio y salir airosos, robamos hoy del nido de Los papeles de don Cógito una cita de San Luis María Grignon de Monfort, tocayo nuestro y admirable santazo francés que paseó por su Patria predicando a Cristo; igual que los cuervos, robando de los sepulcros la inspiración para vivir, evocando a la muerte para alabar a la Vida. Es una espiritualidad difícil, ruda, exacta y certera. Y sobre todo, realista. Nos recuerda aquello de San Pablo que tanta molestia dió a los espíritus místicos: Ahora vemos todo enigmáticamente en un espejo (videmos nunc per speculum in ænigmate). Quedáos con Dios.

PRERARACION PARA LA MUERTE
Disposiciones para morir bien.
DISPOSICIONES REMOTAS
I. Pensar todos los días en la muerte: 1.°, que es cierta; 2.°, que está cercana.; 3.°, que es engañosa; 4.°, que es terrible; 5.°, que es cruel; 6.°,que es semejante a la vida.
II. Vivir bien: 1.°; evitar el pecado mortal y el venial deliberado; 2.°, combatir la pasión dominante; 3.°, amar la cruz ; 4.°, frecuentar los sacramentos; 5.°, practicar la oración y la obediencia; 6,°, tener una gran devoción a la Santísima Virgen.
III: Hacer con tiempo el testamento: 1.°, hacer decir misas antes de la muerte; 2.°, hacer el testamento dicho en buena forma; 3.°, devolver los bienes mal adquiridos 4°, pagar las deudas.
IV. Ser fiel a ciertas practicas de los santos para pensar en la muerte y prepararse a ella: 1.°, al acostarse, tomar la postura de un muerto; 2.°, en cada comida tomar un bocado de pan como alimento de los gusanos que devorarán el cuerpo 3.°, mirar las enfermedades como corredores de la muerte; 4.°, tener una calavera en el aposento y meditar lo que es, lo que será. y reflexionar sobre sí mismo; 5.°, mandarse hacer su caja y su mortaja y besarlas todos los días.
San Luis María de Montfort. Preparación para la muerte


viernes, 29 de febrero de 2008

Bautismos que matan

Bautismos peligrosos...

Por medio de un formal comunicado, la Congregación para la Doctrina de la Fe, con la firma del Prefecto cardenal Joseph Levada y la aprobación de S. S. el Papa Benedicto XVI, ha establecido que son inválidos los Bautismos impartidos sin apego a la fórmula sacramental preestablecida «Yo te bautizo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo», esto es, en los casos que se emplearen pseudo formularios como —y es el caso del ejemplo citado por la Congregación— “yo te bautizo en el nombre del Creador, del Redentor y del Santificador”; o bien utilizando, como dicen los comerciantes: fórmula similar.

Este nuevo golpe a los innovadores va acompañado de una severa advertencia: Que en todos los casos en que se hayan impartido los pseudo sacramentos en la forma prohibida y nuevamente condenada, se deberá volver a realizar el Bautismo, por ser inválido absolutamente el primero. Esta noticia reconfirma la doctrina tradicional en materia sacramental, a saber: que los Sacramentos son válidamente impartidos cuando se realizan con la intención de la Iglesia, y que los sacerdotes, laicos o no bautizados que intenten cada uno según su potestad, impartir o confeccionar un Sacramento, son meros y accidentales ministros. Y que, salvando las diferencias esenciales existentes entre el sacerdocio ordenado y el que no lo es, la certeza de que el Sacramento ha sido confeccionado según la intención de la Iglesia es la observancia del Rito sagrado, predispuesto por la Sede Apostólica.

Bautismo de la Iglesia

Mucha atención, pues, con los bautismos impartidos por las sectas o algunas denominaciones protestantes o pseudo-cristianas, que no siempre ni en todo caso son válidos si no están hechos con la intención de la Iglesia, y que de consiguiente ponen en peligro la vida eterna de sus asociados. No se olvide jamás que el Bautismo nos borra el Pecado Original, nos incorpora a la Iglesia Católica, incoa en nosotros el don sobrenatural de la Fe —y por extensión los de la Caridad y la Esperanza— y nos hace hijos de Dios, herederos del Cielo y capaces de la salvación eterna.

Y recordar que estos principios valen para todos los demás Sacramentos.



viernes, 7 de septiembre de 2007

Cien años de modernismo

Un día de septiembre como hoy, pero hace 100 años, Su Santidad el Papa Pío X, el santo, libró a la Iglesia y al mundo su Encíclica Pascendi, por medio de la cual intentó conjurar uno de los peligros doctrinales más mortíferos de todos los tiempos: la herejía modernista. La cual, arrancando a partir del principio filosófico kantiano del agnosticismo, construía una nueva, distinta y venenosa interpetación del depósito de la Fe católica, de la Iglesia, del Dogma y el Culto.

Tesis principales

El terreno lo ve el Papa dificultoso, resbaladizo y, sobre todo, rodeado de ocultamiento y malicia, como volverá a sucederle 3 años más tarde con el problema de los democratistas franceses. Pues el caso es que

... como una táctica de los modernistas (así se les llama vulgarmente, y con mucha razón), táctica, a la verdad, la más insidiosa, consiste en no exponer jamás sus doctrinas de un modo metódico y en su conjunto, sino dándolas en cierto modo por fragmentos y esparcidas acá y allá, lo cual contribuye a que se les juzgue fluctuantes e indecisos en sus ideas, cuando en realidad éstas son perfectamente fijas y consistentes; ante todo, importa presentar en este lugar esas mismas doctrinas en un conjunto, y hacer ver el enlace lógico que las une entre sí, reservándonos indicar después las causas de los errores y prescribir los remedios más adecuados para cortar el mal

La filosofía que sostiene, o coadyuva en esta herejía, se nutre en realidad de lo que el Papa llama el “inmanentismo vital”, que funge como contrapartida a la negacionista postura inicial agnóstica. De hecho, la consecuencia viene a convertir la Religión en un sentimentalismo religioso que brota exclusivamente del interior humano y a que a éstos límites se reduce

... el sentimiento religioso, que brota por vital inmanencia de los senos de la subconsciencia, es el germen de toda religión y la razón asimismo de todo cuanto en cada una haya habido o habrá...

lo cual hace lamentar al santo Pontífice el destino futuro de estos hombres, arrancados de forma tan insensata de los caminos de la razón natural y las verdades de la fe reveladas por Dios. Por eso, se obliga a reiterar una condena pronunciada por el Concilio Vaticano I:

No se trata ya del antiguo error que ponía en la naturaleza humana cierto derecho al orden sobrenatural. Se ha ido mucho más adelante, a saber: hasta afirmar que nuestra santísima religión, lo mismo en Cristo que en nosotros, es un fruto propio y espontáneo de la naturaleza. Nada, en verdad, más propio para destruir todo el orden sobrenatural.... «Si alguno dijere que el hombre no puede ser elevado por Dios a un conocimiento y perfección que supere a la naturaleza, sino que puede y debe finalmente llegar por sí mismo, mediante un continuo progreso, a la posesión de toda verdad y de todo bien, sea excomulgado»


El santo Papa repasa luego todos los renglones de la Religión que han sido afectados por este virus maligno: la Fe y las verdades reveladas, que ya no se tratan como un don externo al hombre concedido por Dios, sino un borbotón interior del cual arranca para trasnformarse en conciencia colectiva; el Dogma, queda definitivamente arrinconado y puesto en el banquillo de los acusados por la mal llamada “ciencia”, o filosofía y que, como consecuencia de aquella herética “conciencia común” de la humanidad religada (a sí misma), es objeto de innúmeras revisiones, cuestionamientos, olvidos ...

En este ámbito de descuartizamiento de la fe, las Sagradas Escrituras merecen de los modernistas un tratamiento de singular encono, como es previsible:

Conforme al pensar de los modernistas, podría no definirlos rectamente como una colección de experiencias, no de las que estén al alcance de cualquiera, sino de las extraordinarias e insignes, que suceden en toda religión.... si juzgamos la Biblia según el agnosticismo, a saber: como una obra humana compuesta por los hombres para los hombres, aunque se dé al teólogo el derecho de llamarla divina por inmanencia, ¿cómo, en fin, podrá restringirse la inspiración? Aseguran, sí, los modernistas la inspiración universal de los libros sagrados, pero en el sentido católico no admiten ninguna.

La Iglesia, el Cuerpo Místico, también es, ¡cómo no serlo! objeto de las críticas de los modernistas: si la Iglesia es un subproducto de los dictados de la conciencia inmanente ¿qué no podrá afirmarse a partir de allí...? La síntesis del error expuesta por San Pío X es ésta:

En las pasadas edades fue un error común pensar que la autoridad venía de fuera a la Iglesia, esto es, inmediatamente de Dios; y por eso, con razón, se la consideraba como autocrática. Pero tal creencia ahora ya está envejecida. Y así como se dice que la Iglesia nace de la colectividad de las conciencias, por igual manera la autoridad procede vitalmente de la misma Iglesia. La autoridad, pues, lo mismo que la Iglesia, brota de la conciencia religiosa, a la que, por lo tanto, está sujeta: y, si desprecia esa sujeción, obra tiránicamente. Vivimos ahora en una época en que el sentimiento de la libertad ha alcarzado su mayor altura. En el orden civil, la conciencia pública introdujo el régimen popular. Pero la conciencia del hombre es una sola, como la vida. Luego si no se quiere excitar y fomentar la guerra intestina en las conciencias humanas, tiene la autoridad eclesiástica el deber de usar las formas democráticas, tanto más cuanto que, si no las usa, le amenaza la destrucción.

Si la Iglesia puede separarse de Dios, como la Verdad Revelada puede separarse de la realidad y subordinarse a la filosofía, lógicamente la Patria, el orden temporal, podrá separarse de Dios y de su Iglesia, pues si una y otra brotan como espontáneos fenónemos de la conciencia del hombre, no se vé por qué han de estar ligados entre sí, por fuera del hombre concreto que es su causa generadora y su propio fin.

Por lo cual, todo católico, al ser también ciudadano, tiene el derecho y la obligación, sin cuidarse de la autoridad de la Iglesia, pospuestos los deseos, consejos y preceptos de ésta, y aun despreciadas sus reprensiones, de hacer lo que juzgue más conveniente para utilidad de la patria. Señalar bajo cualquier pretexto al ciudadano el modo de obrar es un abuso del poder eclesiástico que con todo esfuerzo debe rechazarse. Las teorías de donde estos errores manan, venerables hermanos, son ciertamente las que solemnemente condenó nuestro predecesor Pío VI en su constitución apostólica Auctorem fidei

De estos barros, surge el camino necesario: La evolución del todo, de la Iglesia, el Dogma, el Culto, las formas, la constitución jerárquica, la FE..., a fin de adaptárseles a las circunstancias históricas, es decir, a la conciencia común de la humanidad. Póngase la palabra “cambio” en lugar de “evolución”, y compárese con la actual periferia doctrinal de la Iglesia.

Esta evolución, recuerda el Santo Padre, es una exigencia natural del estado de indigencia (“teoría de las indigencias”, la llama el Papa Sarto) en que concíbese al hombre; sin embargo, la tensión evolutiva hacia adelante, es interrumpida o interceptada por la tensión conservadora, que responde al instinto animal del mismo nombre. La pugna entrambas se resuelve en un acuerdo o en un cambio violento, y a ese proceso llámase propiamente evolución. De modo que el progreso es, esencialmente, o violento o transaccional o pactista, si se prefiere este término.

En este esquema hegeliano nada es estable, todo muda y cambia, inclusive la comprensión de la Palabra de Dios; que ya se vió qué puede significar para el progresista. Por eso, el método condigno a estas doctrinas es una inacabable dialéctica histórica, el estudio crítico de fenómenos sucesivos; y de ninguna forma podrá ser un camino de la Humanidad hacia Dios, a través de Cristo, la Segunda Persona de la Trinidad Tres veces Santa. Llamarlo “naturalismo”, es a la vez insuficiente y falso, pues el modernismo aborrece la realidad de la naturaleza; el Papa sugiere que todo esto es una suerte de “destructivismo” de la Religión y de la Salvación, previo paso del huracán por la razón natural.

Causas y remedios

La soberbia de la Inteligencia es la causa motiva remota, y las próximas: el inquieto espíritu de novedad y la imaginación desbocada, tanto como el soberbio desprecio por la Iglesia católica y las verdades que, fundada en la Revelación, enseña como libres de toda contaminación del error. Por eso, indica el santo Papa, los modernistas detestan con predilección tres cosas:

Tres son principalmente las cosas que tienen por contrarias a sus conatos: el método escolástico de filosofar, la autoridad de los Padres y la tradición, y el magisterio eclesiástico. Contra ellas dirigen sus más violentos ataques.

y es así que, por ignorancia o miedo, atacan sin cesar a la teología clásica y la filosofía escolástica. Y no lo hacen, verdaderamente, sin la malicia propia de quien se sabe a sí mismo culpablemente instalado en el error:

Cuando temen la erudición y fuerza de sus adversarios, procuran quitarles la eficacia oponiéndoles la conjuración del silencio. Manera de proceder contra los católicos tanto más odiosa cuanto que, al propio tiempo, levantan sin ninguna moderación, con perpetuas alabanzas, a todos cuantos con ellos consienten; los libros de éstos, llenos por todas partes de novedades, recíbenlos con gran admiración y aplauso; cuanto con mayor audacia destruye uno lo antiguo, rehúsa la tradición y el magisterio eclesiástíco, tanto más sabio lo van pregonando. Finalmente, ¡cosa que pone horror a todos los buenos!, si la Iglesia condena a alguno de ellos, no sólo se aúnan para alabarle en público y por todos medios, sino que llegan a tributarle casi la veneración de mártir de la verdad.
...En los seminarios y universídades andan a la caza de las cátedras, que convierten poco a poco en cátedras de pestilencia. Aunque sea veladamente, inculcan sus doctrinas predicándolas en los púlpitos de las iglesias; con mayor claridad las publican en sus reuniones y las introducen y realzan en las instituciones sociales. Con su nombre o seudónimos publican libros, periódicos, revistas. Un mismo escritor usa varios nombres para así engañar a los incautos con la fingida muchedumbre de autores. En una palabra: en la acción, en las palabras, en la imprenta, no dejan nada por intentar, de suerte que parecen poseídos de frenesí.

Remedios eficaces

El Papa Santo propone alguos remedios sencillos y eficaces contra el modernismo, como por ejemplo, el estudio obligatorio de la Filosofía Escolástica, sus doctrinas y métodos; el estudio serio (no ideologizado) de las ciencias profanas, la edificación teológica tradicional y el respeto sacrosanto a la Sagrada Escritura como la obra que ella es: «inspiración del Espíritu Santo que tiene a Dios por autor».

Los tiempos presentes

Los días que corren no nos ofrecen un panorama substancialmente más alentador que el que vió San Pío X en los días de su vida terrenal; al contrario, ha sido necesario al Magisterio pontificio reiterar las condenas contenidas en esta Encíclica —mas ahora con referencia a ciertos aspectos particulares de la herejía modernista— por que, en 40 años de victoriosa marcha, despedazaban la Iglesia; la tarea de advertencia fue ejemplarmente llevada adelante por Pío XII en dos Encíclicas formidables, Humani Generis y Divino Afflante Spiritu. Ya casi en nuestros días, el Concilio Vaticano II supuso, sin mengua del posible valor de sus textos concretos, la oportunidad histórica inmejorable para asaltar exitosamente lo que restaba del derruído edificio eclesiástico —como institución y como Cuerpo Místico— por medio del empleo de una hermenéutica de la ruptura, merced a la cual pudiera llegarse a desafiar los términos precisos, cortantes y claros antimodernistas de los dos Papas Píos con la introducción de textos equívocos o traducciones tramposas o simplemente fraudulentas; sucesos anticipados ya por Pío X en su inmortal encíclica. El reciente caso del subsistit in, referido al Cuerpo Místico o Iglesia de la Promesa, y la Iglesia Católica, mil veces aclarado por no haber existido el atrevimiento de suprimir un texto equívoco e innecesario, por repetido, ha dado lugar a que deba entenderse la sentencia de una manera casi contraria a su expresión literal; y no es más que un botón de muestra. Correspondería recordar que la fórmula dogmática correcta, la de Pío XII en Humani Generis, 21, sostiene que «el Cuerpo místico de Cristo y la Iglesia católica romana son una sola y misma cosa» (il Corpo mistico di Cristo e la Chiesa cattolica romana sono una sola identica cosa), y que nunca requririó ninguna otra explicación adicional.

El clandestino trabajo de la herejía modernista sigue su curso, capturándose (como anticipa Pío X) las cátedras de los Seminarios y las Facultades eclesiásticas o profanas, conspirando contra la Verdad silenciándola o ignorándose a sus cultores o, sencillamente, aplaudiendo en forma desmedida e histérica a cualquier revoltoso, contestatario o hereje condenado.

Así estamos hoy, como ayer; a la espera de la ayuda de Dios, que sostenga otra vez la Barca de Pedro.



viernes, 22 de junio de 2007

Más sobre el Limbo

En dos entradas anteriores (aquí y aquí), nos ocupamos de un documento de la Comisión Teológica Internacional registrado confusamente por algunos medios electrónicos y escritos, cuyo dictamen pretendía dejar vacío el Limbo, o sea, aquel lugar al cual serían destinados los justos difuntos, que no han sido incorporados a la Iglesia de Cristo por medio del Bautismo.

El famoso documento aún no se había publicado en aquellos días, y así lo dijimos expresamente; no sin antes indicar que, como los propios integrantes de la Comisión lo manifestaran, su contenido no era vinculante, ni dogmático y ni siquiera sentencia probable de la Iglesia; sino y únicamente, una “reflexión teológica”, algo así como un macaneo libre y sin consecuencias .

El documento íntegro ahora está publicado, por lo menos en italiano e inglés, en la página de la Comisión.

Pero la conmoción provocada por la noticia siguió sumando víctimas bienintencionadas, como parece surgir de la página noticiosa de ACIPRENSA, y del silencio consiguiente a su auténtico libramiento al público. El sitio amigo Rorate Cæli, en una entrada reciente, pasa concienzuda revista a la frívola sentencia final que, supuestamente, corona un documento innecesario; sentencia que no agrega, quita o añade nada a lo que ya decía el Catecismo, aunque sí declara que sus conclusiones, aún modestísismas como son, contradicen la doctrina cierta de ... de todos los Doctores de la Iglesia.

Quien quiera tomarse el trabajo inútil de leerlo íntegro, provisto de un traductor de italiano, puede hacerlo en la página de referencia que hemos indicado arriba.

De todas formas, nos hacemos un deber advertir a nuestros lectores que los dictámenes de la Comisión Teológica que se pueden econtrar en la página antedicha, actualmente cuatro, son de escaso, nulo o hasta negativo valor doctrinal; como una muestra (y bastante fea por cierto) puede leerse el Documento llamado “Memoria y Reconciliación”, un mamarracho plagado de errores bíblicos, inexactitudes teológicas y semánticas y monumentales falsedades históricas; y de una “teología” notable por su ausencia más completa y absoluta; y dónde la permanentemente confusión entre el Cuerpo Místico de Cristo con sus integrantes, y aspirantes a integrantes, es casi la regla. Con estos antecedentes, por nuestra parte, ciertamente modesta, no le extenderemos carta de credibilidad a la dicha Comisión, pese a poderse encontrar en ella algunas cosillas interesantes, pero de escasísimo valor propiamente teológico.

¿Ya lo leyó? Bien: allá Usted. Ahora lea atentamente el recuadro que sigue:

De la Alocución Singulari quadam, de 9 de diciembre de 1854: «... En efecto, por la fe debe sostenerse que fuera de la Iglesia Apostólica Romana nadie puede salvarse; que ésta es la única arca de salvación; que quien en ella no hubiere entrado, perecerá en el diluvio. Sin embargo, también hay que tener por cierto que quienes sufren ignorancia de la verdadera religión, si aquélla es invencible, no son ante los ojos del Señor reos por ello de culpa alguna. Ahora bien, ¿quién será tan arrogante que sea capaz de señalar los límites de esta ignorancia, conforme a la razón y variedad de pueblos, regiones, caracteres y de tantas otras y tan numerosas circunstancias? A la verdad, cuando libres de estos lazos corpóreos, veamos a Dios tal como es (1Jn 3,2), entenderemos ciertamente con cuán estrecho y bello nexo están unidas la misericordia y la justicia divinas; mas en tanto nos hallamos en la tierra agravados por este peso mortal, que embota el alma, mantengamos firmísimamente según la doctrina católica que hay un solo Dios, una sola fe, un solo bautismo (Ep 4,5): Pasar más allá en nuestra inquisición, es ilícito».

De la Encíclica Quanto conficiamur moerore, a los obispos de Italia, de 10 de agosto de 1863 «...Notoria cosa es a Nos y a vosotros que aquellos que sufren ignorancia invencible acerca de nuestra santísima religión, que cuidadosamente guardan la ley natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en los corazones de todos y están dispuestos a obedecer a Dios y llevan vida honesta y recta, pueden conseguir la vida eterna, por la operación de la virtud de la luz divina y de la gracia; pues Dios, que manifiestamente ve, escudriña y sabe la mente, ánimo, pensamientos y costumbres de todos, no consiente en modo alguno, según su suma bondad y clemencia, que nadie sea castigado con eternos suplicios, si no es reo de culpa voluntaria»

Nuestro Señor Jesucristo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará.» (Mc 16, 15-16)

San Pío X

Pío XI en Casti connubii: «Y con ser cierto que los cónyuges cristianos, aun cuando ellos estén justificados, no pueden transmitir la justificación a sus hijos, sino que, por lo contrario, la natural generación de la vida es camino de muerte, por el que se comunica a la prole el pecado original; con todo, en alguna manera, participan de aquel primitivo matrimonio del paraíso terrenal, pues a ellos toca ofrecer a la Iglesia sus propios hijos, a fin de que esta fecundísima madre de los hijos de Dios los regenere a la justicia sobrenatural por el agua del bautismo, y se hagan miembros vivos de Cristo, partícipes de la vida inmortal y herederos, en fin, de la gloria eterna, que todos de corazón anhelamos.»

San Pio X, Catecismo Mayor: «546. Los sacramentos más necesarios para salvarnos son dos: el Bautismo y la Penitencia; el Bautismo es necesario a todos, y la Penitencia es necesaria a todos los que han pecado mortalmente después del Bautismo.»

Idem: «563. Hay que darse prisa en bautizar a los niños, porque están expuestos por su tierna edad a muchos peligros de muerte, y no pueden salvarse sin el Bautismo.»

Queda claro, en primer término, que el Magisterio de la Iglesia se ha ocupado del problema con variopinto lenguaje, pero una única doctrina. Y finalmente y para terminar el asunto, que esta nueva boutade de la Comisión Teológica Internacional, es un argumento más en favor de su supresión.



jueves, 21 de junio de 2007

Atanasio

En su reciente catequésis de los miércoles, el Papa Benedicto XVI ha hablado del gran Atanasio, Padre y Doctor de la Iglesia.

El sobrio discurso papal, simplemente congenial con el espíritu del santo rememorado, acentúa la actualidad de la doctrina que el alejandrino expuso con tenacidad, coraje y lucidez contra todos los que negaban la perfecta divinidad de Cristo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima. Con toda justicia se podría pensar, de la mano pontificia, que hablaba para nuestros tiempos; en los cuales, a escasos días del centenario de la Encíclica Pascendi de San Pío X, pervive la herejía arriana y semi—arriana en el ya triunfante cisma modernista, haciendo necesaria una nueva dosis de ataque de ortodoxia atanasiana.

No solamente fomentó y sostuvo la tesis predominante —y finalmente definida como auténtica— en el Concilio de Nicea, del cual fue luminaria principal y vocero del Espíritu Santo, sino que, muerto Alejandro, el obispo que lo tomara como consejero, fuera como sucesor suyo en el gobierno patriarcal, paternal, ejemplar y vigilante obispo de aquella diócesis egipcia. Fue poco dado a enjuagues temporales o públicos que, en su tiempo como en el nuestro, enredan en las polleras lujuriosas de la política perdularia a tanto varón que se debería más a la santidad personal, que a los arreglos irenistas con el mundo. Por disposición permisiva de la Providencia Divina, sufrió cinco expulsiones de su diócesis decretadas por el emperador Constantino y sus sucesores y, gracias a ello, predicó contra Arrio en el mundo germano, tanto desde su destierro en Tréveris como más tarde en la misma Roma. San Agustín enseña que es más grande y potente la manifestación de la Providencia divina cuando saca bienes de algún mal, juzgado insoportable por los hombres, que cuando impide ese mismo mal, pues con esto, no solamente pone en acto el bien pensado eternamente por Él, sino que contraría el curso natural de las cosas, exhibiendo su inmenso poder. Sin lugar a dudas, este es un caso de esos. Atanasio sufrió difamaciones, persecuciones y maltrato de sus hermanos en el Episcopado, cuanto de los propios seguidores del desgraciado heresiarca Arrio, cuya final conversión a la doctrina verdadera truncó una misteriosa e inesperada muerte en el 336, víctima probable del veneno de quienes estaban interesados en impedir su conversión.

San Atanasio
297—373

Sus errores, no obstante esta casi segura intención retractatoria, se difundieron de todas formas por todo el mundo romano de la mano de los bárbaros, arrianos en su casi totalidad por la predicación de los discípulos de Arrio —particularmente el obispo Ulfila—, cuando el huno Atila los corrió hacia el Occidente europeo desde las estepas orientales que habitaban; y así llegó hasta España misma y pasó al norte de África, de donde sería finalmente barrida por la otra gran herejía cristiana, acaso también hija del arrianismo: El Islam.

Como prueba de la pervivencia de esta herejía y de la actualidad de Atanasio, pocos días y pocas entradas atrás, recordábamos la iluminada intervención de Jacques Maritain (a quien Dios Nuestro Señor, por intercesión de Atanasio el Grande, perdonará sus desvaríos por esta valiente defensa de la Divinidad de Cristo), Etienne Gilson y otros intelectuales católicos ante el pontificado de Paulo VI, a fin de impedir que un semiarrianismo de corte progresista, manejara a su antojo y corrompiera el Símbolo o Credo sancionado en Nicea a instancias del, todavía, joven presbítero Atanasio. Este error perdura entre nosotros, en la traducción del Símbolo.

Es un santo modelo para nuestros días, tan llenos de mundanal compromiso y de dudosas (y algo repugnantes) concordancias con ese mundo, señalado por Nuestro Señor como uno de los enemigos del alma. Como doctor, manifestó su amor de predilección por la Verdad, más allá de cualquier respeto humano, pues el compromiso con la Verdad lo es también por la Verdad y con los hombres, en cuanto destinatarios de la Revelación del Cristo. Como obispo, su intransigente vigilancia sobre la pureza de la doctrina, la Ortodoxia, de la cual sabíase depositario antes que coautor, lo enemistó con los poderes terrenales (y eclesiásticos), que lo expatriaron varias veces; sin sueldo, sin autómovil y sin fotos en los diarios. En una oportunidad y por espacio de seis años, vivió oculto entre los anacoretas del desierto, lejos de las tronantes “asambleas” pero cerca de Dios ¡qué felicidad!; sólo Él sabe cómo lograron los alejandrinos hacer regresar a su arzobispo a su sede, luego de probar aquellas delicias de la vida solitaria en el desierto, entre san Pacomio y los hijos de san Antonio Abad, el Ermitaño, de quien dice la tradición que fue amigo. Como Patriarca, su lucha inclaudicable por la libertad de la Iglesia, sobre la cual posee un patronato indiscutible, todavía enrojece a más de una autoridad constituída. Es decir, si fuera el caso que alguna supiera algo de historia; cosa que, por estos terrenales parajes, parece constituir un auténtico imposible metafísico, desde que todo saber se nutre, primeramente y como dice la Escritura, del Temor de Dios.

El gladiador de Dios entregó su alma a los 76 años, expresando aquella famosa confesión de Esperanza cristiana: «Mi vida fue un calvario. Me persiguieron pero no pudieron conmigo. Te acompañé en esta vida en tu Pasión Dolorosa, ahora espero acompañarte en tu gloria en la Vida Eterna».

San Antonio Abad, cuya impresionante biografía escribiera san Atanasio, en sus primeros años en el Desierto se fue a vivir a un sepulcro vacío, ejemplo que se viera forzado a imitar nuestro santo, en algun de las tantas oportunidades en que tuvo que salir huyendo de su sede patriarcal. Bravo y singular ejemplo para aquellos que hoy, lejos de vivir esta vida presente como el sepulcro del alma, la viven como sepulcros. Blanqueados.



miércoles, 13 de junio de 2007

Iglesia católica

Hay infinidad de interpretaciones sobre el sentido de las palabras “catolicismo” e “iglesia”, en tanto cuanto referidas a la Iglesia de Cristo. Las modernas interpretaciones, como algunas que se pueden consultar en documentos emanados de Conferencias Episcopales locales o continentales, y también y mucho más grave, en instrucciones litúrgicas, eluden casi siempre la doctrina tradicional, que de hecho queda abrogada por mero reemplazo o postergación, en beneficio de los abusos lingüísticos favorables a posturas sociologistas, humanistas o “asambleístas”.

Así y por ejemplo, el término “asamblea” ha perdido su sentido prístino, referido por antonomasia —como ahora veremos— a una reunión en torno a algo superior, para ser reemplazado por una mera y voluntarista multitud autocongregada, que es únicamente un sentido segundo, extensivo o análogo. Es realmente notable como el erróneo empleo de una lengua viva y el abuso de las traducciones con criterios alejados del sentido original (del origen) se prestan a toda clase de confusiones. Acaso nada inocentes.

Pero veamos qué decía un Padre de la Iglesia sobre todo esto:

La Iglesia se llama católica o universal porque está esparcida por todo el orbe de la tierra, del uno al otro confín, y por que de un modo universal y sin defecto enseña todas las verdades de fe que los hombres deben conocer, ya se trate de las cosas visibles o invisibles, de las celestiales o las terrenas; también, por que induce al verdadero culto a toda clase de hombres, a los gobernantes y a los simples ciudadanos, a los instruidos y los ignorantes; y, finalmente, porque cura y sana toda clase de pecados sin excepción, tanto los internos como los externos; ella posee todo género de virtudes, cualquiera que sea su nombre, en hechos y palabras y en cualquier clase de dones espirituales.

Con toda propiedad se llama Iglesia o convocación (o asamblea), ya que convoca y reúne a todos, como dice el Señor en el libro del Levítico: Convoca a toda la asamblea a la entrada de la Tienda de Reunión. Y es de notar que la primera vez que la Escritura usa esta palabra «convoca» es precisamente en este lugar, cuando el Señor constituye a Aarón como sumo sacerdote. Y en el Deuteronomio Dios dice a Moisés: Convoca el pueblo o asamblea, para que Yo le haga oir mis palabras y aprendan a temerme. También vuelve a mencionar el nombre de Iglesia cuando dice, refiriéndose a las tablas de la ley: Y en ellas estaban escritas todas las palabras que el Señor os había dicho en la montaña, de en medio del fuego, el día de la iglesia o convocación; es como si dijera más claramente: «El día en que, llamados por el Señor, os congregásteis». También el salmista dice: Te daré gracias, Señor, en medio de la gran iglesia, te alabaré entre la multitud del pueblo. Anteriormente, había cantado el salmista: En la Iglesia bendecid a Dios, al Señor, estirpe de Israel. Pero nuestro Salvador edificó una segunda Iglesia, formada por los gentiles, nuestra santa Iglesia de los cristianos; acerca de la cual dijo a San Pedro: Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y los poderes del infierno no la derrotarán.

En efecto, una vez relegada aquella única iglesia que estaba en Judea, en adelante se van multiplicando por toda la tierra las Iglesias de Cristo, de las cuales se dice en los salmos: Cantad al Señor un cántico nuevo, resuene su alabanza en la Iglesia de los fieles. Concuerda con esto lo que dijo el profeta a los judíos: Vosotros no me agradáis —dice el Señor de los ejércitos—, añadiendo a continuación: Desde el oriente hasta el poniente es grande mi nombre entre las naciones.

Acerca de esta misma santa Iglesia católica escribe Pablo a Timoteo: Sabrás ya de este modo como debes conducirte en la casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad. San Cirilo de Jerusalén, Catequésis 18, 23-25. PG 33, 1043-1047

No está demás recordarlo, en los tiempos de terribles e irreconciliables divisiones como los que corren.