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miércoles, 28 de octubre de 2020

Los pasitos de Bergoglio

El Nuevo Misal Italiano, aprobado por la Conferencia Episcopal de aquel país y por el papa Bergoglio para su uso “obligatorio” —despóticos progres parlanchines de libertar y tolerancia, nunca jamás harán uso de su propio discurso ...— por todo el clero local, establece algunas novedades que ofrecen cierto interés a los observadores de la Revolución anticristiana. En Primer Lugar, se modifica la traducción del Paternóster, que (“finalmente y como acertadamente ha notado el papa Francisco”) la penúltima petición sea más conforme con la teología católica. Y pensar que en dos mil años nadie se dió cuenta ...

Y en Segundo Lugar, se pretende darle más importancia a las lecturas, lo que hodiernamente se llama con perfecta improcedencia pero con manifiesto espíritu protestante “Liturgia de la Palabra”, pues resalta la inncesaria, aunque innegablemente conveniente, participación popular en las lecturas de la Santa Misa y las pone indebidamente a la altura de la Liturgia Eucarística propiamente dicha. Con esto, se da amplia difusión y mayor cabida, de hecho y de derecho, a la herejía protestante contenida en el Concilio Vaticano II en la constitución Dei Verbum 21 y repetida ad pedem litteræ en el Catecismo juanpablista, § 103, que expresa esto: «Por esta razón, la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (cf. DV 21)». No se puede “venerar” de igual modo a la Escritura y a la Persona Divina, como no se puede igualar la obra con Su Autor; por lo demás, al Cuerpo y Sangre del Señor no se lo “venera”, se lo adora. Y a las Escrituras no se las adora, se las venera mediante la FE. Así pues, otra frase herética sutilmente anfibológica y equívoca del canallesco CVII, conato innegable de protestantización del dogma católico.

Esto no es nuevo en la inacabable y perpetua “reforma litúrgica” iniciada en 1967 con la Misa Normativa y abierta en flor en 1969 con el Novus Ordo. Poco a poco —algunos altares kikos neocatecumenales son prueba acabada de ello al ubicar en sus Sagrarios un espacio equivalente al del Tabernáculo para exhibir un Libro Sagrado— se ha ido desmereciendo el respeto debido a la Sagrada Eucaristía para transferirlo idolátricamente a las Escrituras, cuya parte en la Santa Misa, importante desde siempre, se ha pretendido sea por sí misma una Liturgia autónoma, una malignamente llamada “Liturgia de la Palabra” por oposición a la Liturgia Eucarística propiamente dicha que, en cuanto Sacramento que es, no puede ser igualado al mensaje en el cual se anuncian los canales ordinarios de la Gracia, que es lo que en la Iglesia es la Liturgia. No se trata de ideas nuestras ni tampoco de una paranoia de la que debamos rendir cuenta. Quien quiera saber si esta breve pero jugosa sentencia de Dei Verbum sobre la presunta igualación de la Escritura a la Eucaristía, para desmerecer esta última, ha dado motivo a múltiples equívocos, consulte el documento de la por entonces Sagrada Congregación para el Culto Divino de 25 de mayo de 1967, Eucharisticum Mysterium, n. 9: A.A.S. 59 (1967), p. 547, donde se tiene que resolver la cuestión de si la frase de Dei Verbum en cuestión debe aceptarse en su sentido literal o no. La cuestión, pues, no es nueva.

Nuestro informante, el siempre entusiasta de novedades Sandro Magister, nos revela que este papel preponderante de la Sagrada Escritura en la Santa Misa, se hará efectivo mediante “la variedad y riqueza de las Oraciones Eucarísticas, como por la casi doscientas nuevas oraciones de comienzo de la Misa, inspiradas cada una de ellas en el Evangelio del domingo, y por las Antífonas de Comunión también vinculadas al Evangelio del día.” También habrá importantes concesiones al lenguaje de género retorcido: «En el “Confiteor” al comienzo de la Misa, a los “hermanos” se agregarán las “hermanas”, en obsequio a los actuales imperativos lingüísticos (el destacado nos pertenece): “Confieso a Dios todopoderoso y a vosotros, hermanos y hermanas, que he pecado mucho…”. Y así cada vez que en la edición típica latina del Misal aparece la palabra “fratres”.»

Pero la perla de la soncera se la llevará la “novedosa” traducción de la penúltima petición del Paternóster (et ne nos inducas in tenationem) que, según parece ser por inspiración de Bergoglio, “ahora” deberá leerse “no permitas que caigamos en tentación”... como si alguna vez en la vida se hubiera dicho de otro modo. Pero la “reforma” solo tiene por sentido desprestigiar a la Iglesia del pasado por su “mala” o equívoca traducción del Padrenuestro, como si, por ejemplo en castellano, no se hubiese rezado siempre, pero siempre siempre “y no nos dejes caer en la tentación...”, o como si Santo Tomás de Aquino, en su famosísimo “Padre Nuestro” comentado, no hubiera traducido esta penúltima petición tal cual como acabamos de señalar, sin incurrir en la vulgaridad de atacar la traducción tradicional de la Iglesia ni, muchísimo menos, la forma latina típica, que no encuentra objetable en lo más mínimo. El comentario a esta sexta petición del Padrenuestro no deja lugar a dudas que, en la Iglesia, este párrafo siempre ha sido entendido en la forma en que se reza en castellano. Así pues, lejos de constituir una novedad, hubiese sido un error haber modificado el Padrenuestro para que coincidiese con una traducción literal del Evangelio y no de su sentido, tal cual lo anotara Santo Tomás de Aquino 800 años ha, en el lugar apuntado. Pero lo importante es sostener la Revolución: revolver todo el tiempo, mover aquello que por definición y por referencia al Dios inmóvil, su Autor, quieto y sin mudanza debería quedar (Carta de Santiago, 1, 17: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación»); convertir a la Liturgia y a la Santa Religión en un arenal permanentemente en movimiento, reformado —Ecclesia semper reformanda est, el ideal protestante— y revuelto, y atacar todo, pero todo cuanto fuera posible, la Sagrada Eucaristía, que es Lo Central Absoluto de la Religión verdadera.

De la misma materia es el reciente “comentario” incidental de Bergoglio acerca de los homosexuales: tres gotitas de un veneno casual con un efecto (dice el cardenal Gerhard Müller) devastador.

Así pues, otro pasito más: dos pasos para adelante y, algún que otro pasito sin importancia para atrás, como en un baile trágico cuyo desenlace no es el romance o la dama conquistada, sino el salto definitivo al precipicio sin final del fuego avernal. Por lo menos, hasta que el dueño de la música orden parar el desastre. No sabemos cuándo será. Pero sabemos que sucederá.

domingo, 12 de abril de 2020

Pascua de Resurrección

No dejaremos paso al día de mañana, sin saludar cumplidamente a nuestros admirables seguidores por esta nueva etapa de la Resurrección del Señor, ahora en los Cielos y, tal vez, alistándose para volver... Día aciago por otras causas que, remotas o próximas y créase o no, sí tienen mucho más que ver con la Pascua de Resurrección que con microscópicas excusas.

A festejar la Gloria de Dios y compartir la alegría de Nuestra Madre del Cielo, a Quien rogamos protección, inspiración y resignación, todo a una. Que mal no nos vienen ni ahora ni nunca.

martes, 18 de noviembre de 2008

Aclaración de la Comisión Ecclesia Dei sobre el derecho al uso del Calendario Litúrgico Extraordinario

La Comisión Pontificia Ecclesia Dei, encargada de la aplicación del Motu Proprio Summorum Pontificum, ha publicado (en realidad, lo publicó The Latin Mass Society de Inglaterra y Gales) una declaración por medio de la cual se aclara que el derecho a uitilizar el Misal Tradicional, edición típica de 1962, incluye el de a seguir el Calendario propio de ese Rito Romano Extraordinario.

Del Magnífico blog colega Secretum Meum Mihi extraemos tanto la noticia como la traducción del texto, originario en idioma inglés. Y publicamos tanto la consulta como la respuesta

Carta al Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei del Presidente de The Latin Mass Society


Su Em. Darío Cardenal Castrillón Hoyos,
Presidente, Pontificia Comisión Ecclesia Dei,
Palazzo del Sant’ Uffizio 11,
00120 Estado Ciudad del Vaticano.

3 de Julio de 2008

Su Eminencia,

Fiestas de Obligación

El reciente anuncio de los Obispos de Inglaterra y Gales de que su dicasterio ha clarificado a ellos “que en el Rito Romano, cualquiera en que sea celebrada la Forma de la liturgia, las Fiestas de Obligación se deben celebrar en común” ha dado pie a una buena cantidad de confusión y algo de inquietud entre nuestros miembros.

En tanto nosotros muy ciertamente deseamos mantener y manifestar la comunión jerárquica con nuestros obispos y a través de ellos nuestra unidad de fe con nuestros hermanos y hermanas en la fe, hay un número de razones pastorales —no menos la esperanza de reconciliación con aquellos en una no regular relación con la Iglesia— que sugieren que esta cuestión no sea interpretada con un rigor que confunda o escandalice a nuestros hermanos más débiles.

Parece también que la afirmación de los Obispos de Inglaterra y Gales no toma suficientemente en cuenta las leyes litúrgicas intrínsecas a los libros litúrgicos usados en 1962. Por ello, por el bien de las almas y la preservación de la caridad, de parte de The Latin Mass Society of England and Wales, pido su autoritativa clarificación sobre los siguientes puntos:

I. Que el uso legítimo de los libros litúrgicos usados en 1962 decretado por el Soberano Pontífice en Summorum Pontificum incluye el derecho del uso del calendario intrínseco a esos libros litúrgicos.

II. Que, mientras de acuerdo al Canon 1246 la Conferencia Episcopal con la aprobación de la Santa Sede legítimamente transfiera las Fiestas de Obligación o suprima la obligación de las Fiestas, es legítimo celebrar la Misa y el Oficio de esas fiestas en los días prescritos en el calendario de los libros litúrgicos usados en 1962 con el claro entendimiento que, de acuerdo con la legítima decisión de la Conferencia Episcopal, no hay obligación de asistir a Misa en esos días.

III. Que, de acuerdo con los nn. 356-361 del Rubricae generales Missalis romani de 1962, es apropiado celebrar la solemnidad externa de los Días Santos en el Domingo al cual hayan sido transferidos por la Conferencia Episcopal como ha sido costumbre en muchos otros países hasta ahora.

Como la tarea de compilar el Ordo para 2009 recae sobre nosotros, estaría muy agradecido de la clarificación de Su Eminencia de estas preguntas tan pronto como sea posible.

Su siervo en Cristo,

Julian Chadwick
presidente
Latin Mass Society



Carta del Vice-Presidente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei al Presidente de the Latin Mass Society

PONTIFICIA COMMISSIO «ECCLESIA DEI»

N. 107/97

Roma, 20 de Octubre de 2008

Querido Sr. Chadwick,

Deseo acusar recibo de su carta del 3 de Julio de 2008 en la cual plantea ciertas preguntas pertenecientes a las Fiestas de obligación.

En primera instancia deseo puntualizar que la cuestión de que el calendario litúrgico siga para el uso de los libros litúrgicos de la forma extraordinaria del Rito Romano es una [de las cuestiones] que seguirá siendo estudiada por esta Pontificia Comisión. Por lo tanto, las presentes respuestas deberían entenderse sin prejuicio de algunas clarificaciones subsecuentes, que puedan ser hechas eventualmente por esta Pontificia Comisión.

Con relación a sus dudas podemos afirmar que:

1. El legítimo uso de los libros litúrgicos usados en 1962 incluye el derecho al uso del calendario intrínseco a esos libros litúrgicos.

2. Mientras que de acuerdo con el Canon 1246 §2 del Código de Derecho Canónico la Conferencia Episcopal puede legítimamente transferir las Fiestas de obligación con la aprobación de la Santa Sede, es también legítimo celebrar la Misa y el Oficio de esas Fiestas en los días prescritos en el calendario de los libros litúrgicos usados en 1962 con el claro entendimiento que, de acuerdo con la legítima decisión de la Conferencia Episcopal, no hay obligación de asistir a Misa en esos días.

3. Así, de acuerdo con los nn. 356-361 del Rubricae Generales Missalis Romani de 1962, es apropiado celebrar la solemnidad externa de los Días Santos en el Domingo al cual hayan sido transferidos por la Conferencia Episcopal, como ha sido la costumbre en muchos otros países hasta ahora.

Con los mejores deseos y orante quedo,

Sinceramente suyo en Cristo,

Rev. Msgr Camille Perl
Vicepresidente

Queda ahora definido cómo deben interpretarse los días de Precepto y qué lecturas deben leerse en las celebraciones de la Santa Misa según el Rito romano extraordinario.

domingo, 26 de octubre de 2008

Cristo Rey del Universo ... y de este mundo

[ChristusRex.jpg]

En una indomable clase eterna de política, el Papa Pío XI ha proclamado que Cristo es rey. Jesucristo no es Rey por gracia nuestra, ni por voluntad nuestra, sino por derecho de nacimiento, por derecho de filiación divina, por derecho también de conquista y de rescate. Lo es también, recuerda el Papa, por derecho de excelencia, por cuanto es la más excelente de las humanas substancias y en la cual ha enraizado el Verbo de Dios.

O sea que, en resumidas cuentas, resulta ser que tanto la conquista (se ruega no confundir con la torpe “ocupación del vencedor”, que es exactamente lo contrario), como el rescate y la filicación, eran a fin de cuentas títulos legítimos para aspirar a un Trono; eran su legitimidad de origen. ¡Qué impactante, que insoportable es esto para un mundo que quiere vivir separado de Dios y apoyado en el despótico dictado político del número o de la revolucionaria munificencia de los representantes del pueblo, ficticios y sedicentes portadores de una voluntad que, a la postre, terminará intentando enviar nueva y eternamente al cadalso al Rey de Reyes!. Porque declarémoslo sin rubor alguno: La realeza de la que habla la Encíclia papal que establece esta fiesta litúrgica, es también de orden terrenal. Es decir: Cristo es Rey de este mundo.

Algunos, casi todos, no soportan la palabra “Rey”; no va con los tiempos, así que, para referirse a Cristo, prefieren los más modestos términos “Maestro”, o “pastor”, o “amigo” o cualquier otro que, por justificado que esté, oculte con alguna eficacia la reyecía de Cristo. Él dijo no ser su Reino deste mundo, es cierto, pero no negó que fuera para este mundo, empero proclamó en el momento más importante y decisivo de su vida, esto es, ante la muerte, no que fuera maestro, pastor o amigo o lo fuera: dijo ser Rey y que para esto había nacido y venido: para ser rey aquí. ¡Horror, Cristo era monárquico! Y peor aún ... ¡era y es Rey!

Cuando el imbécil de Pilato Le pregunta si era Rey, Cristo le responde: —Para eso he nacido y para esto he venido al mundo; para dar testimonio de la VERDAD... . ¡Esto es un rey, el que dice la Verdad! De manera que la legitimidad de ejercicio del Rey, es nada menos que la predicación de la Verdad. En todas su formas. Como procuración de la vida virtuosa en la sociedad, que es su fin verdadero, o como denuncia del error y prevención de sus funestas consecuencias ...

Hoy, que no tenemos verdad reluciente en parte alguna de este mundo en tinieblas y mucho menos en el ámbito de la política, y ni siquiera en la Casa de Dios se la quiere proclamar con la altura y la vigorosidad que la reyecía de Cristo merece, se nos hace mayor y muy sentida la necesidad de celebrar esta Fiesta litúrgica en su sitio y en su forma tradicional, donde y como estuvo desde su no tan antigua institución, y desde la cual se había celebrado el múltiple martirologio que la proclamación de la realeza de Cristo hubo desatado en el pasado siglo.

Por causa de todo lo cual, esta fiesta es la más insoportable de todo el calendario litúrgico católico.

Christus vincit, Christus regnat, Christus ímperat

miércoles, 18 de junio de 2008

Qué fue el postoncilio

Como enseña San Pablo, para vivir y comer —deporte en que nos empeñamos con fanático entusiasmo— hay que trabajar, para lo cual no estamos tan bien dotados. Así que, para que nuestros lectores tengan algo interesante para leer mientras nosotros trabajamos, ponemos hoy a su disposición este interesantísimo artículo que, en forma de reportaje, suscribe Vittorio Messori. El enlace tomado como fuente es de la página española Religión en Libertad y no dudamos en recomendar su lectura —la del artículo.

No cabe dudar del acierto del periodista italiano en los comentarios sobre la personalidad del actual Papa, a quien conoce como amigo desde muchísimos años atrás. Se podrá, o no, coincidir con algunas de sus apreciaciones, tanto del interrogado como de lo demás que él refiere, pero sin duda, se trata de un testimonio de altísimo valor histórico que permite a la generación presente dar un paso más en su juicio sobre la dimensión auténtica de los términos conciliar y postconciliar y su verdadero alcance. Así también, como para comprender la asombrosa clandestinidad de la mayor parte de las “reformas” litúrgicas y teológicas arropadas al supuesto runrún del Concilio Vaticano II.

Cerrar el postconcilio salvaje

Vittorio Messori

¿Entiende el pontificado de Benedicto XVI como una continuidad del de Juan Pablo II o como complementario?

—Hay una continuidad en la medida de que la verdadera mente teológica de Juan Pablo II era Ratzinger. Pero ciertamente hay una diferencia de estilo y de temperamento. No debemos olvidar que el joven Karol Wojtyla dudó entre entrar en el seminario o hacerse actor. Era un hombre, dicho en el mejor sentido, de espectáculo, que amaba las masas. Era un suceso mediático. Ratzinger, en cambio, tiene un temperamento de profesor, muy reservado. Es bien distinto a lo que de él se decía que era el «policía de la Iglesia» o el «Gran Inquisidor». Yo pienso que siendo prefecto de Doctrina de la Fe tendría que haber intervenido más, pero no lo hacía, un poco por timidez y porque es extremadamente respetuoso con los otros. Una vez, me dijo: «Para mí, como profesor de teología, en el fondo es una tragedia controlar y amonestar a mis colegas».

Y ¿cuáles son las características de su Pontificado?

Ratzinger, más que Wojtyla, está tratando de cerrar, con mucha prudencia, la fase del postconcilio salvaje. Como en el caso del indulto a la misa de San Pío V. Yo creo que su próxima apuesta será una llamada a que los altares sean girados de nuevo. Detrás de esta inversión de los altares hay una teología. Porque el sacerdote que mira al pueblo parece muy bonito, muy políticamente correcto, pero en realidad transforma la misa en una reunión de amigos, donde el cura es uno más en la presidencia. Mientras que el sacerdote que mira a Oriente, que mira a Cristo, es el pastor que guía a la grey hacia la salvación. Ratzinger esta tratando de hacer estas cosas hacia las que Juan Pablo II era menos sensible. A pesar de la edad está trabajado con mucha prudencia y dedicando mucho tiempo. Naturalmente todos queremos que Dios le conceda tiempo. En la política vaticana se está moviendo con una estrategia precisa, muy decidida, pero al mismo tiempo muy respetuosa, muy lenta.

¿Es el Papa que necesita el mundo actual, o que necesitan los católicos para empujarles a comprometerse en esta realidad?

—(Sonríe) La elección no la hacemos nosotros, la hace el Espíritu...

Pero nosotros sí podemos hacer una interpretación de lo que nos quiere decir el Espíritu Santo.

—Desde una perspectiva de fe, en el cónclave, quien tira de los hilos y decide es el Paráclito, el Espíritu Santo. Desde esta perspectiva cada Papa es el necesario para el momento. Pero es cierto que como hombres podemos valorarlo. Cuando fue elegido yo estaba convencido de que el suceso mediático, en comparación con Wojtyla, se iba a venir a abajo. Lo pensaba porque le conozco. Es un hombre bueno, muy culto, es verdaderamente un hombre de Dios, pero sabía que no era un hombre espectacular. Pero ha sucedido lo contrario. El índice de popularidad de Ratzinger me ha sorprendido. Si desde el punto de vista humano nos preguntamos si es el Papa justo, yo diría que sí, por ese instinto que tiene la gente, que en la teología se llama «sensus fidei». La gente ha comprendido que más allá de la leyenda negra que se le había atribuido, que detrás de este profesor amable, de este hombre tímido que mide las palabras, hay un hombre bueno, sincero, un hombre que dice las cosas de las que está convencido. La gente entiende que es un hombre que no te engaña, que cree en todo lo que dice. Es un hombre que no es cristiano porque sea ignorante; es un profesor.

Sin embargo, desde la izquierda se le sigue criticando con los mismos tópicos...

—Todos los ideólogos, de derechas o de izquierdas, tienen un esquema y quedan muy desilusionados cuando no se respeta. El esquema de la izquierda era el del «Gran inquisidor» o el antisemita. Ratzinger les ha desilusionado porque no entra en él. No es el dogmático, es una persona de diálogo verdadero que, con mucha delicadeza pero con mucha fuerza, expone su pensamiento pero no lo quiere imponer a nadie. Pero esas críticas son más propias de España, en Italia es distinto. Allí, ni en los partidos de extrema izquierda existe un anticlericalismo a lo Zapatero. El anticlericalismo «comecuras» a la española en Italia es muy raro.

Pero, ¿no es Zapatero un modelo para la izquierda italiana?

— Algunos lo admiran secretamente pero no osan hacerlo público. Este anticlericalismo quita votos. Yo en el zapaterismo veo mucho provincianismo. Aparece un complejo de inferioridad hispánico. España, junto a Rusia, son los extremos de Europa, han sido la periferia geográfica e históricamente. Por ello España siempre ha tratado de ser más Europea que los europeos. Así, lo políticamente correcto, que es la ideología de Occidente, aquí se radicaliza porque se quiere ser más europeo que en Europa. Zapatero, pobrecito, ha oído ciertas cosas de la cultura europea, y en ese complejo de inferioridad, quiere ser superior a los maestros. Se inspira en el laicismo francés del XIX y lo radicaliza. Y hoy es un anacronismo. Los inventores del laicismo francés se avergonzarían de lo que está haciendo Zapatero.

Creer es razonable

Vittorio Messori (Sassuolo, 1941) nació en una familia «muy anticlerical». Su formación en Turín siguió esta línea. Cuando preparaba su tesis doctoral junto al filósofo agnóstico Norberto Bobbio, en la lectura del Evangelio encontró esa verdad «que buscaba, como todos los jóvenes». Su conversión le costó ser «desheredado» por sus profesores. Cuando su madre descubrió que iba a misa llamó al médico para decirle: «Doctor, mi hijo tiene una fuerte crisis nerviosa, va a misa a escondidas». Confiesa que todos los libros que ha escrito son para «tratar de confirmar que creer es razonable. Yo venía de una formación muy racionalista y necesitaba confirmar que esa verdad que había intuido en el Evangelio no era una ilusión». De ahí el éxito de sus libros, «porque son honestos, están hechos sobre todo para mí».


viernes, 30 de mayo de 2008

Al Sagrado Corazón de Jesús

Mármol con sangre, tu frente;
lirios con sangre, tus manos;
tus ojos, soles con muerte;
luna con muerte, tus labios.

Así quiero verte, Cristo,
sangriento jardín de nardos;
así, con tus cinco llagas,
cielo roto y estrellado.

Rojo y blanco, blanco y rojo,
te vio la niña del cántico:
bien merecido lo tienes,
por santo y enamorado.

Abismo reclama abismo:
¿o no lo sabías acaso?;
el amor llama a la muerte:
muerte y amor son hermanos.

Amor quema, amor hiende
carne y alma, pecho y labio.
Amor, espada de fuego;
amor, cauterio y taladro.

Así quiero verte, Cristo,
con sangre, lirios y mármol;
soles y lunas con muerte
en tus ojos y en tus labios. Amén.


domingo, 25 de mayo de 2008

La Virazón

Por providencial disposición, la fecha de hoy enlaza para nosotros el Santísimo Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, hecho Presencia Real en la Sagrada Eucaristía, con el bienamado y desventurado nombre de la Patria Argentina, cuyas desventuras por poco no se asemejan a las del Divino Redentor a manos de los magnates contemporáneos; a lo menos, en la tribulación y perplejidad padecida por sus fieles.

En Sí misma signo sensible de Su promesa de permanecer con nosotros hasta la consumación del siglo, la Sagrada Eucaristía es la Segunda Persona de Dios mismo, Uno y Trino, en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad presentes en cada partícula de la Sagrada Hostia y en cada mínima gota de Su Preciosísima Sangre que, bajo las apariencias de Pan y Vino, recibimos cual eterno regalo sobre el Altar.

No pase el día de hoy sin que honremos, con la humildad que es propia de las personas que lo hacemos, de los medios que empleamos y la ínfima modestia de las capacidades, el permanente Milagro del Santísimo Sacramento del Altar, fuente eterna de gracias y bendiciones —como recuerda el Cánon tradicional.

Y pluguiera a Dios Nuestro Señor concedernos, como resultado de esta providencial coincidencia con la Fiesta Patria, el milagro mucho más sencillo, fácil y definitivo de agregar para nuestra sufrida Patria el soplo fuerte, fresco y limpio de una definitiva virazón.


martes, 20 de mayo de 2008

El pensamiento litúrgico de Paulo VI y la Reforma Litúrgica de 1969

Muchos juzgan, acicateados por la prensa en general y guiados por el criterio particular de algunos teólogos pseudo católicos y obispos ídem, que la liberación total del Misal de San Pío V dispuesta por S. S. Benedicto XVI sería una manera de religarse, por un lado, a cierta forma de continuidad tradicional con la Iglesia pre-conciliar; o bien, una herramienta de complacencia con los sectores católicos integristas y con el propósito de introducirlos plenamente en la disciplina eclesiástica. Hablando en plata: La reciente carta Apostólica Summorum Pontificum sería en realidad un gesto oportunista (bien sabido que el ladrón, a todos cree de su condición ...), un anzuelo para los “cismáticos” de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, o una moneda de transacción con la Iglesia nacional china (que, como pocos saben, sigue celebrando el Rito Tradicional), además de un gustito personal que ha decidido darse Benedicto XVI con relación a la pasada pompa litúrgica de la Iglesia que, es cierto, él siempre admiró y quiso ver repuesta. Pero de ninguna forma debe pensarse en una vuelta atrás en la “reforma del Concilio”, o también llamada “reforma de Paulo VI”. ¡Ah no, amigazo, eso sí que no!

Sin duda que, no obstante que este podría ser el núcleo predominante del pensamiento único y lineal con respecto a este asunto, algunos obispos han resultado algo más combativos, urgidos por lo que adivinan como una verdadera catástrofe, y se han puesto más que colorados de rabia contra el regreso de la Misa Tradicional fulminando jupiterinas amenazas a diestra y siniestra, llegando en algunos casos a provocar sínodos locales para “moderar” el motu proprio pese a la expresa prohibición allí contenida; como en Italia —conato abortado con energía por un valiente cardenal— o Polonia o Alemania o Suiza. También ha ocurrido, como en la mayor parte de Hispanoamérica, que se ha preferido guardar un distante y desdeñoso silencio, teñido casi siempre de algún gesto discreto de autoritarismo crematístico o, simplemente, mostrando su absoluta y silenciosa desaprobación a quien atente la celebración de la Misa Tradicional.

El cardenal Castrillón Hoyos consideró conveniente, en medio de tanto lío y previendo el que se veía venir, salir a decir otra vez que, aunque la Carta Apostólica no cercena el derecho de los Obispos en materia litúrgica, lo cierto es que ni la Santa Sede ni los Obispos pueden coartar, ni moderar, ni entrometerse, en el derecho y consiguiente libertad de cada presbítero, de celebrar la Santa Misa según el rito tradicional, cómo quiera, dónde quiera y a la hora que le plazca. Y que el Papa desearía que existiera una Misa tradicional dominical en todas las parroquias de la tierra. Así nos lo informa, en medio de un interesantísimo reportaje concedido por el cardenal Castrillón Hoyos, nuestra página amiga Una Voce Argentina

Desde luego, no sin una evidente intencionalidad se sigue hablando del “Misal del beato Juan XXIII”, olvidándose que la primera disposición del Motu Proprio expresa, textualmente, que lo que jamás ha sido abrogado es, en realidad, el “Misal de San Pío V”

Missale autem Romanum a S. Pio V promulgatum et a B. Ioanne XXIII denuo editum habeatur uti extraordinaria expressio eiusdem “Legis orandi” Ecclesiae et ob venerabilem et antiquum eius usum debito gaudeat honore. Hae duae expressiones “legis orandi” Ecclesiae, minime vero inducent in divisionem “legis credendi” Ecclesiae; sunt enim duo usus unici ritus romani.
el cual, por lo tanto, solamente ha sido promulgado nuevamente por S. S. Juan XXIII.

Consta, en cambio, de cierto que S. S. Paulo VI jamás promulgó con solemnidad —precisamente él, tan afecto como era a las fórmulas solemnes y hasta pomposas, como demostrara durante el Concilio Vaticano II al sancionar los distintos documentos votados por los padres conciliares— el nuevo rito conocido como Novus Ordo, y que ningún documento formalmente expedido por él como ley de la Iglesia universal y publicado en el boletín oficial de la Santa Sede, tuviera por propósito derogar la Misa Tradicional o reemplazarla con el Nuevo Misal; ni tampoco, la finalidad de imponer su exclusividad.

Entonces ¿Qué pensaba Paulo VI de la reforma litúrgica emprendida por él mismo a partir de 1967? ¿Derogó él el Rito Tradicional, o lo reemplazó formalmente...?

Hay otra forma de abordar la cuestión, y sería: ¿es que es cierto entonces, que nunca estuvo derogado el Misal de San Pío V? El Papa felizmente reinante, S. S. Benedicto XVI, afirma sin hesitación alguna en su reciente motu proprio que, de derecho, nunca estuvo prohibido ni abrogado; aunque resulte incontestable que, de hecho, estuviera remprimido su uso, lo que vino a justificar la necesidad del dictado de Summorum Pontificum. El Papa Paulo VI, en el Consistorio del 24 de mayo de 1976 afirmará por su parte que, en principio, el Misal antiguo está llamado con el tiempo a ser reemplazado totalmente por el Novus Ordo y por eso se permitirá, de momento, su vigencia restringida a ciertos casos especiales:

E ciò è tanto più grave, in particolare, quando si introduce la divisione, proprio là dove congvegavit nos in unum Christi amor, nella Liturgia e nel Sacrificio Eucaristico, rifiutando l’ossequio alle norme definite in campo liturgico. È nel nome della Tradizione che noi domandiamo a tutti i nostri figli, a tutte le comunità cattoliche, di celebrare, in dignità e fervore la Liturgia rinnovata. L’adozione del nuovo «Ordo Missae» non è lasciata certo all’arbitrio dei sacerdoti o dei fedeli: e l’Istruzione del 14 giugno 1971 ha previsto la celebrazione della Messa nell’antica forma, con l’autorizzazione dell’ordinario, solo per sacerdoti anziani o infermi, che offrono il Divin Sacrificio sine populo. Il nuovo Ordo è stato promulgato perché si sostituisse all’antico, dopo matura deliberazione, in seguito alle istanze del Concilio Vaticano II.

Sin embargo, lo cierto es que el Novus Ordo jamás fué formalmente promulgado como ley exclusiva de la Iglesia en materia litúrgica, ni tampoco fué decretada la abolición del rito antiguo, lo cual consta de la lectura de la colección de los boletines de AAS de la época; y no deja de sorprender que el Papa llame a todos a adoptar el nuevo rito únicamente en nombre de la Tradición y no en nombre de la disciplina eclesiástica, como debió haber sido de estar promulgado el Novus Ordo en toda y debida forma; de todas maneras, Paulo VI padecía con relación a este asunto algún error, pues a renglón seguido afirmaría

Non diversamente il nostro santo Predecessore Pio V aveva reso obbligatorio il Messale riformato sotto la sua autorità, in seguito al Concilio Tridentino.

cuando, en realidad, no fue así, pues San Pío V ni fue reformador del Misal, al cual solamente compiló y purificó en cuestiones tan nimias que solamente un especialista podría distinguirlo del utilizado en los siglos IV y V, ni lo impuso tampoco obligatoriamente, sino que lo benefició con todo clase de privilegios, excepciones, indultos y ventajas para que nunca, nadie, pudiese reformarlo ni prohibirlo —algo que, suponemos, Paulo VI tuvo en su mente siempre, evitando tanto una derogación impiadosa como una promulgación sospechosa. Por otra parte, el Misal de San Pío V no tenía vigor sino allí dónde no existiese un derecho particular o donde no estuviesen en uso Misales con una antigüedad superior a los 200 años; de manera que al principio y en la práctica, el Misal Romano únicamente tuvo vigencia inmediata en la propia ciudad de Roma, casi exclusivamente. Las misiones, especialmente las americanas y africanas que alcanzarían su mayor esplendor en pocos lustros más a partir de 1570, utilizarían este Misal por devoción al Papa y por tratarse de diócesis nuevas sin privilegios ni derechos particulares que excusasen el uso del Misal de San Pío V.

Esta afirmación de Paulo VI era, pues, incomprensible en el contexto litúrgico conocido y, de hecho, era demostrable exactamente la verdad contraria; sin embargo, si se repasa la totalidad del discurso pronunciado en aquel Consistorio, se verá que su propósito era, en realidad, quejarse contra monseñor Lefebvre, a quien nombra varias veces, pero sin refutar uno sólo de los argumentos y puntos que le fueran propuestos tanto por el arzobispo emérito de Dákar, como por los cardenales Ottaviani y Bacci en su conocidísimo Estudio sobre el Novus Ordo, o por el Abbe de Nantes, entre muchos otros. Esta actitud papal —que sin embargo y a pesar de todo no era jurídica ni tenía fundamento jurídico— universalizó, a la vez, la masiva conducta adoptada en la Iglesia desde 1970 con relación a este problema litúrgico: un negacionismo obtuso y cerril con referencia a la Misa Tradicional. Y que recién con el papa reinante, Benedicto XVI, han encontrado algún cauce, todavía en ciernes, de fraterna y amable solución.

¡Qué hombre contrdictorio era Paulo VI! En el Concilio, se había decretado que las formas litúrgicas tradicionales no debían ser tocadas en su substancia y, en todo caso, eran merecedoras de respeto y conservación; debía conservarse el latín como lengua litúrgica propia de la Iglesia sin perjuicio de adoptarse la lengua vernácula para algunas porciones menores de la Santa Misa, como las lecturas (aún no existía lo que hoy se llama “Liturgia de la Palabra”) o algunas oraciones; además, el sinodo especial convocado para analizar las reformas denominadas como Misa Normativa, habíala rechazado por el voto casi unánime de los prelados asistentes por no responder a las instrucciones de los Padres conciliares y apartarse notablemente de la teología católica; pero ahora, contrariando este importantísimo hecho y su propia opinión anterior volcada en la Encíclica Mysterium Fidei, Paulo VI substituye el rito litúrgico que el concilio le había recomendado preservar, con las innovaciones de los audaces, y hasta pretende que, en algún futuro, reemplace por completo la Liturgia tradicional.

Pero entonces, él ¿qué piensa? Pues el texto parece bastante claro a este respecto: En 1976, cuando dirige este discurso al Consistorio, afirma que la Misa de San Pío V alguna vez deberá ser reemplazada por el Novus Ordo, lo que implica que tiene in mente hacerlo alguna vez durante su reinado. Sin embargo, es un hecho que jamás se promulgaría tal reemplazo, como tampoco se había promulgado formalmente (al menos, con la misma solemnidad con que promulgara San Pío V el Misal que lleva su nombre) el llamado Novus Ordo.

En una entrada anterior tuvimos oportunidad de comentar nuestra impresión referida a que las famosas y horrorosas verificaciones de Paulo VI sobre el ingreso del “humo de Satanás” a la Iglesia de Cristo, estaban dirigidas a las devastaciones en la Liturgia y a los efectos del Concilio, preferentemente. Pocos días ha, el ahora anciano cardenal Virgilio Noé, ex ceremoniero del Papa Paulo VI, ha confirmado estas hipótesis con mayor extensión a la sospechada. De nuestro admirado colega Secretum Meum Mihi, hemos tomado la traducción del reciente reportaje que se pude leer aquí (y repasar los excelentes artículos que hay allí), en el cual se describen con toda crudeza los sentimentos del Papa Paulo sobre los efectos de su reforma litúrgica. Leamos algunos pasajes descollantes:

Montini por ‘Satanás’ quería clasificar a todos aquellos sacerdotes u obispos y Cardenales que no rinden culto al Señor al celebrar mal la Santa Misa debido a una errada interpretación y aplicación del Concilio Vaticano II. Habló de humo de Satanás, porque sostenía que aquellos sacerdotes que hacían paja de la Santa Misa en el nombre de la creatividad, en realidad estaban poseidos de la vanagloria y de la soberbia del Maligno. Por lo tanto, el humo de Satanás no era otra cosa que la mentalidad que quería distorsionar los cánones tradicionales y litúrgicos de la ceremonia Eucarística.

Él condenaba los ánimos de protagonismo y el delirio de omnipotencia que siguieron a la liturgia del Concilio. La Misa es una ceremonia sacra, repetía a menudo, todo debe estar preparado y estudiado adecuadamente respetando los cánones, nadie es el ‘dominus’ de la Misa. Desgraciadamente, muchos después del Vaticano II no lo han entendido y Paulo VI consideraba el fenómeno un ataque del demonio.

Después, vendrían cosas aún peores, como la Sagrada Comunión en la Mano, práctica que Paulo VI detestaba con toda el alma, y consideraba especialmente provocada por ataques de soberbia demoníaca que intentó contener como pudo.

Se puede consultar la Instrucción sobre la prohibición de la Comunión en la mano de los fieles, conocida como Memoriale Domini, en la cual el Papa Paulo VI denuncia esta práctica como ilegal y abusiva, además de considerarla peligrosa para la veneración y respeto debidos al Santísimo Sacramento y exponerLo a profanaciones; como, en efecto, se ha comprobado con inmensa tristeza todos estos años. En su ya recordada Encíclica Mysterium Fidei, la cual se puede, y diríamos se debe, leer toda entera en el enlace que dejamos arriba, el Papa Montini expondrá su doctrina, la de la Iglesia, sobre este tristísimo abuso litúrgico:

Ni se debe olvidar que antiguamente los fieles, ya se encontrasen bajo la violencia de la persecución, ya por amor de la vida monástica viviesen en la soledad, solían alimentarse diariamente con la Eucaristía, tomando la sagrada Comunión aun con sus propias manos, cuando estaba ausente el sacerdote o el diácono [Cf. S. Basilio, Ep. 93 PG 32, 483-6].

No decimos esto, sin embargo, para que se cambie el modo de custodiar la Eucaristía o de recibir la santa comunión, establecido después por las leyes eclesiásticas y todavía hoy vigente, sino sólo para congratularnos de la única fe de la Iglesia, que permanece siempre la misma.

Como se desprende de este breve estudio, el drama de la Iglesia en la segunda mitad del siglo XX se ciñó a una rigurosa centralidad bimilenaria: la Presencia Real de Cristo en medio de su Iglesia; y tuvo por calificadísimo testigo crítico al propio Papa Paulo VI; en muchos sentidos, autor él mismo de unas cuantiosas reformas que, apresuradas o no, exageradas o atrevidas, solamente dieron lugar a que su autor sufriera en vida la triste y horrenda decepción de haber sido, por lo menos, causa oportuna de su derrame sobre toda la Iglesia.

Pero acaso, también, todo esto pueda llegar a ser causa de un florecimiento futuro nunca visto, presentido pero no prometido, mas en esta ocasión verdadero, milagroso, hecho desde el Cielo y no desde los gabinetes asfixiantes de los teólogos de biblioteca y los liturgistas de salón; después de todo, para Dios sacar bienes de males es más fácil que robarle sonrisas a los chicos; o mucho más fácil que eso. Y será digno de verse, si llegamos a tiempo y rezamos lo suficiente.


viernes, 29 de febrero de 2008

Bautismos que matan

Bautismos peligrosos...

Por medio de un formal comunicado, la Congregación para la Doctrina de la Fe, con la firma del Prefecto cardenal Joseph Levada y la aprobación de S. S. el Papa Benedicto XVI, ha establecido que son inválidos los Bautismos impartidos sin apego a la fórmula sacramental preestablecida «Yo te bautizo en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo», esto es, en los casos que se emplearen pseudo formularios como —y es el caso del ejemplo citado por la Congregación— “yo te bautizo en el nombre del Creador, del Redentor y del Santificador”; o bien utilizando, como dicen los comerciantes: fórmula similar.

Este nuevo golpe a los innovadores va acompañado de una severa advertencia: Que en todos los casos en que se hayan impartido los pseudo sacramentos en la forma prohibida y nuevamente condenada, se deberá volver a realizar el Bautismo, por ser inválido absolutamente el primero. Esta noticia reconfirma la doctrina tradicional en materia sacramental, a saber: que los Sacramentos son válidamente impartidos cuando se realizan con la intención de la Iglesia, y que los sacerdotes, laicos o no bautizados que intenten cada uno según su potestad, impartir o confeccionar un Sacramento, son meros y accidentales ministros. Y que, salvando las diferencias esenciales existentes entre el sacerdocio ordenado y el que no lo es, la certeza de que el Sacramento ha sido confeccionado según la intención de la Iglesia es la observancia del Rito sagrado, predispuesto por la Sede Apostólica.

Bautismo de la Iglesia

Mucha atención, pues, con los bautismos impartidos por las sectas o algunas denominaciones protestantes o pseudo-cristianas, que no siempre ni en todo caso son válidos si no están hechos con la intención de la Iglesia, y que de consiguiente ponen en peligro la vida eterna de sus asociados. No se olvide jamás que el Bautismo nos borra el Pecado Original, nos incorpora a la Iglesia Católica, incoa en nosotros el don sobrenatural de la Fe —y por extensión los de la Caridad y la Esperanza— y nos hace hijos de Dios, herederos del Cielo y capaces de la salvación eterna.

Y recordar que estos principios valen para todos los demás Sacramentos.



miércoles, 6 de febrero de 2008

Sobre la perfidia perdida y otras insólitas concesiones al mundo

Como muchísima gente recuerda, el pasado día 7 de julio, mediante una letra apostólica dada en forma de motu proprio, el Papa reinante, S. S. Benedicto XVI, ratificó que la Misa Tradicional, según las rúbricas incorporadas por el Beato Juan XXIII en 1960, jamás había sido derogada, por lo que era perfecta y libremente disponible a todo sacerdote válidamente ordenado celebrar según dicho rito, llamado a este propósito, rito o forma “extraordinario”; por oposición a la forma más ordinaria, es decir, la establecida por S. S. Paulo VI en 1969. Asimismo dejó asentado que las demás formas rituales anteriores a la reforma de 1969 siguen vigentes y pueden ser utilizadas cuando así se solicite o convenga.

El efecto fue fulminante e instantáneo: nadie hizo nada, salvo la alegría jurídica —por llamarla de un modo interesante— de todos aquellos que, desde muchos años atrás, sosteníamos que la Misa Tradicional estaba embargada y prohibida de hecho contra todo derecho. El fallo de Su Santidad fue demasiado fuerte para los recalcitrantes modernistas, que así parten piñones con cualquiera de afuera como se muestran indiferentes y hasta rencorosos con sus antiguos hermanos en la fe.

Ahora, supuestamente para aliviar la presión de ciertos sectores hebreos muy poderosos, se habría modificado la oración pidiendo la conversión de los judíos a la fe en JesuCristo, el Mesías, que se reza el Viernes Santo, con eficacia para el Misal de 1962. En realidad, pensamos que se trataría más bien de presiones de ciertos sectores progresistas pseudo católicos muy poderosos, por que de hecho, a los judíos poco les importa qué digan las oraciones de la Iglesia, ni las rúbricas del Misal ni nada de la Liturgia católica, religión que no profesan (directamente al menos) y que públicamente desprecian como de insignificancia religiosa en comparación con su propia profesión. Lo que ha motivado, justamente, la existencia de esta oración del Viernes Santo.

Y todo esto, llama la atención por un doble motivo principal y algunos secundarios, a saber: Lo primero, que el ritual de la Santa Misa bajo el rito Tridentino o forma extraordinaria del Rito Romano y según las rúbricas de 1962, nunca fue derogado y es de libre uso por todos los sacerdotes. Con lo cual la presente reforma de los textos de 1960/1962, sería ineficaz a los efectos indicados en el Motu proprio, pues lo que se declara vigente como que nunca ha sido derogado, es el Misal de San Pío V con las reformas de Juan XXIII de 1962, como expresamente dice Su Santidad en el Motu Proprio,

Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que no se ha abrogado nunca, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia...
Art. 2.- En las Misas celebradas sin el pueblo, todo sacerdote católico de rito latino, tanto secular como religioso, puede utilizar sea el Misal Romano editado por el beato Papa Juan XXIII en 1962 que el Misal Romano promulgado por el Papa Pablo VI en 1970, en cualquier día, exceptuado el Triduo Sacro. Para dicha celebración siguiendo uno u otro misal, el sacerdote no necesita ningún permiso, ni de la Sede Apostólica ni de su Ordinario.

de modo tal que cualquier reforma posterior no afectaría el derecho universal que ya ha sido reconocido en Summorum Pontificum.

Esta letra apostólica, lejos de imponer una modificación o un derecho nuevo al ritual de 1962, lo declara en pleno vigor ex tunc, según la forma que tenía en 1962. O también denominada, forma extraordinaria. La actual modificación al texto de la oración del Viernes Santo no forma parte del texto reformado y rubricado en 1962 por S. S. Juan XXIII, lo cual parece una perogrullada decirlo, pero ... ¡es así! Desde luego, el Papa podría reformar el texto y las rúbricas de 1962 por completo y reemplazarlas por otras de su gusto —de hecho, es lo que sucedió en 1969 bajo el reinado de S. S. Paulo VI— pero a nadie se le ocurriría llamar a eso “el ritual de 1962 aprobado por Juan XXIII”, por que no lo es ni lo puede ser. En todo caso, será un Ritual de 2008 realizado sobre la base del ritual de 1962, reformado.

Y por otra segunda parte, la oración del Viernes Santo que se reza por los judíos, primogénitos en la fe de la Promesa y pérfidos ante Su cumplimiento, el Mesías bajado del Cielo, no sería factible de ser rezada sin más ni más ni aún bajo la forma extraordinaria del Rito Romano, por que como se dice en el art. 2º de Summorum Pontificum, el Triduo Sacro quedaría excluído de lo que se dispone en ese artículo, o sea, de las Misas privadas. Y la Liturgia del Viernes Santo, que contiene los versículos en cuestión, forma parte del Triduo Pascual....

Y para terminar de aserrar prestigios y aumentar las dudas: Si por principio, Su Santidad llegó inclusivo a excluir Su propia alta y soberana autoridad para denegar la celebración de la Santa Misa según el Ritual de 1962, ¿qué sentido tiene introducir una modificación que, de hecho y de derecho, no obligaría a nadie que estuviese vinculado a estas formas tradicionales a respetarla?

Y por último, un interrogante protocolar: ¿Por qué es el Secretario de Estado quien anuncia una reforma litúrgica, que por principio cae por fuera de su competencia, y no el dicasterio correspondiente al cuidado de la Liturgia? ¿Por qué no se publica en la página del Vaticano y únicamente en su diario semi—oficial...? ¿Por qué no se dice que clase de norma jurídica es? Y otros miles de porqués. No lo sabemos ni conocemos las respuestas y, lo que realmente es más malo, es lo que por esa causa pensamos y sospechamos.

¡Pero no estamos obligados a decíroslo!

En amable discusión telefónica mantenida hace instantes con un benemérito y plácido litisperito local, cuyos gritos ciertamente no dejaron de alarmar su vecindario tanto como el nuestro, se nos sugirió que, de este modo, comparativamente elíptico y relativamente intrascendente —ya se oye el cabalgar de la Liga AntiDifamación que viene por más— la Santa Sede ha querido autorizar la inclusión definitiva de la Misa Tradicional para la celebración del Triduo Sacro que se avecina.

Pero comprender todo esto para nos, que somos de tan corto alcance, es tarea ímproba, inmarcesible, inabarcable, incontrolable y, sobre todo, imposible.

P. S. Y como volvemos a trabajar después de casi dos meses de holgar por allí, nos castigamos no poniendo ningún dibujito a la nota de hoy. Y por que siendo Miércoles de Ceniza, hay que mortificarse. Vale.


martes, 25 de diciembre de 2007

Himno de laudes

Ver a Dios en la criatura,
ver a Dios hecho mortal,
ver en humano portal
la celestial hermosura.
¡Gran merced y gran ventura
a quien verlo mereció!
¡Quién lo viera y fuera yo!

Ver llorar a la alegría,
ver tan pobre a la riqueza,
ver tan baja a la grandeza
y ver que Dios lo quería.
¡Gran merced fue en aquel día
la que el hombre recibió!
¡Quién lo viera y fuera yo!

Poner paz en tanta guerra,
calor donde hay tanto frío,
ser de todos lo que es mío,
plantar un cielo en la tierra
¡Qué misión de escalofrío
la que Dios nos confió!
¡Quién lo hiciera y fuera yo!


domingo, 14 de octubre de 2007

Summorum Pontificum es un engaño ...

Pero no, no nos estamos refiriendo a la Carta Apostólica de Su Santidad Benedicto XVI levantando las fantasmales, pero largamente efectivas, restricciones sobre la Misa Tradicional. Aludimos a la traducción del importantísimo párrafo 5º, § 1º del motu proprio, en el cual se ordena a los párrocos acceder a las peticiones para la celebración regular del Rito Extraordinario en ciertas condiciones.

¿En qué condiciones, realmente? Según algunos, diz que dice el motu proprio, cuando exista un “grupo estable” de fieles. Razón por la cual, un hombre nada sospechoso de ser adherente a, ni simpatizante con las “formas litúrgicas anteriores”, monseñor Camile Perl, a quien siempre hemos considerado un poco fiel secretario de la Comisión Ecclesia Dei, al condenar con vehemencia y con toda razón a los obispos y episcopados desobedientes que se niegan a cumplir esta disposición pontificia o se toman el atrevimiento de limitarla, sostuviera pocas horas atrás que «abbiamo ricevuto la facoltà di preparare questa nota per la definizione di alcuni aspetti del Motu Proprio papale quale, ad esempio, quello del gruppo stabile. Dovremo cioè chiarire per gruppo stabile cosa si intende, quante persone precisqamente dovranno chiedere al proprio parroco di celebrare con il rito pre-conciliare» (hemos recibido la facultad de preparar esta nota para la definición de algunos aspectos del Motu Proprio papal, por ejemplo, lo referido al grupo estable. Deberemos aclarar que se entiende por grupo estable, y cuántas personas deberán solicitar al párroco la celebración con el rito pre-conciliar)

Cuando hace unos meses llegaban a nuestra mesa de trabajo (¡si las mesas hablaran!) borrador tras borrador del futuro motu proprio, veíamos con sumo agrado que S. S. el Papa se negaba a poner un número mínimo de fieles como requisito para crear la obligación del párroco. ¿Será que ahora, por vía de interpretación de un órgano inferior al autor que creó la Carta Apostólica, se creará una exigencia que fue desechada y que, por consiguiente, no existe en el texto? Veamos qué hay detrás de todo esto. Porque ...

¡Nada es lo que parece!

(A partir de aquí, se han tomado algunos textos de la página del P. John Zuhlsdorf)

El problema proviene de las versiones que existen en línea en Internet. Principalmente, en las copias del Motu propio que se pueden encontrar en la website de la USCCB, la Conferencia de Obispos católicos de EE. UU. Pero las dudas se agravan al nivel de sospecha, cuando se observa que en dicha página, donde inexplicablemente coexisten dos versiones latinas distintas entre sí, sólo una de ellas ha sido tomada como base para todas las traducciones al castellano, y que se trata justamente de aquella que no es oficial de la Santa Sede.

Veamos qué dice el texto oficial de la Santa Sede y cuál sería su traducción posible:

Art. 5, § 1. In paroeciis, ubi coetus fidelium traditioni liturgicae antecedenti adhaerentium continenter exsistit, parochus eorum petitiones ad celebrandam sanctam Missam iuxta ritum Missalis Romani anno 1962 editi, libenter suscipiat.

Nuestra Traducción: En las parroquias donde hubiere continuamente un grupo de fieles adheridos a la tradición litúrgica previa, reciba el párroco con largueza las peticiones para celebrar la Santa Misa según el Rito del Misal Romano editado en 1962.

Existen algunos términos en latín que son engañosos o difíciles de traducir a las lenguas modernas, no obstante su semejanza fonética o morfológica con vocablos parecidos. Por ejemplo: no está claro que extensión tenga el término coetus. Ni tampoco, pensamos, que exsistit pueda interpretarse alternativamente como emergente o existente, pues podría ser ambas cosas.

El término latino continenter es un adverbio y, por lo tanto, se aplica y corresponde como modo propio únicamente al verbo de la oración; y el verbo es exsistit. Por lo tanto, el adverbio no puede ser aplicado a coetus, o grupo, por que gramaticalmente no corresponde hacerlo en ningún caso: coetus es un substantivo y el adverbio, por definición, modula la acción verbal. Luego, “grupo estable” no se corresponde de ninguna manera con coetus continenter exsistit, lo cual sucede por que no se está traduciendo correctamente el texto del artículo 5º, § 1 del motu proprio, y de consiguiente se altera en su misma substancia la aplicación de esta parte tan determinante de la Carta Apostólica.

Por eso nos llama tanto la atención que un funcionario de cierto nivel de la Comisión Ecclesia Dei pueda decir que, por orden pontitificia, se estaría preparando un documento explicativo sobre una regla jurídica que, en realidad, es inexistente.

El caso es que la traducción tendenciosa se ha repetido hasta el infinito arrojando dudas sobre la aplicación de la regla del art. 5º, por la imposibilidad de fijar el concepto de “grupo estable” que, en la realidad, no existe en el texto original. Si se piensa que “grupo estable” podría significar que el grupo de fieles que soliciten la Misa Tradicional deberían ser parroquianos, o bien, que acaso implique que el grupo no deba cambiar en alguna característica; o, tal vez, que el grupo debería estar formado en tiempo previo a formularse la petición, se comprenderá mejor el propósito de esta fea maniobra. La alteración del adverbio continenter por el adjetivo “estable” aplicado al sustantivo coetus, en reemplazo del correspondiente a la acción verbal exsistit, ha introducido una importante alteración en el sentido de toda la frase.

Pero veamos la causa probable, y después, resuelva Ud. mismo la incógnita, si puede y lo dejan.

Art. 5, § 1. In paroeciis, ubi coetus fidelium traditioni liturgicae antecedenti adhaerentium stabiliter existit, parochus eorum petitiones ad celebrandam sanctam Missam iuxta ritum Missalis Romani anno 1962 editi, libenter suscipiat.

Está claramente anotada la diferencia con el texto anterior, proporcionado por la Santa Sede y, leído a la ligera por quienes tienen conocimientos superficiales de latín, pareciera que encajaría mejor con aquello de “grupo estable” (que es la forma mentis instroducida machaconamente ...), pese a que stabiliter, por ser también un adverbio, debería aplicarse igualmente al verbo de la oración y no a un sustantivo.

¿Sorprendidos? Este texto modificado se puede encontrar en el sitio de la conferencia de Obispos católicos de los Estados Unidos ... junto al texto oficial de a Santa Sede ¿Quién les habrá dado permiso para modificarlo y, sobre todo, para publicar uno junto al otro en aparente paridad jurídica...?

Santa Sede página oficialUSCCB (Conferencia EE.UU.) pdf en línea
Art. 5, § 1. In paroeciis, ubi coetus fidelium traditioni liturgicae antecedenti adhaerentium continenter exsistit, parochus eorum petitiones ad celebrandam sanctam Missam iuxta ritum Missalis Romani anno 1962 editi, libenter suscipiat.Art. 5, § 1. In paroeciis, ubi coetus fidelium traditioni liturgicae antecedenti adhaerentium stabiliter exsistit, parochus eorum petitiones ad celebrandam sanctam Missam iuxta ritum Missalis Romani anno 1962 editi, libenter suscipiat.

Ahora conocemos el probable origen de todas las traducciones castellanas erróneas que circulan por ahí.

¿Cuál es el resultado práctico de todo esto? Dos cosillas a nuestro entender, quedarían aquí comprometidas, a saber: La primera, que si la Carta Summorum Pontificum no ha puesto ninguna restricción de tipo cuantitativo ni temporal a la posibilidadad de pedir y obtener la celebración parroquial de la Misa Tradicional, no deberían ponérselas aquellos que solamente estan concernidos a obedecerla sin interpretarla ni condicionarla; Monseñor Ranjith ha dicho de ellos que son ni más ni menos como instrumentos del demonio. Segundo: Otra vez, se pone de manifiesto el peligro diabólico que acecha siempre a toda iniciativa pontificia, o de cualquier otra autoridad eclesiástica, ordenada a la restauración plena de la Iglesia, en peligro de desaparición por los conatos de autodemolición, o sea, destrucción interna o desde dentro iniciados con febril locura desde el Concilio Vaticano II, como recordada S. S. Paulo VI. Y pensamos que algunos obispos desobedientes, están sirviendo al demonio todavía mejor de lo que cree Monseñor Ranjith.


sábado, 6 de octubre de 2007

Joseph Ratzinger, la reforma litúrgica de 1969 y el odio a la Misa Tradicional (I)

El reciente desembargo del Misal tradicional ha suscitado la desgraciada, pero previsible, ventura de la aparición contemporánea de corifeos, catilinaristas, comentariólogos, expertos e intérpretes de toda laya. Junto al temido, temible y ya presente cisma provocado por (y desde) las filas progresistas, que ahora y según su mentalidad episcopalista protestante, quieren sobrepujar al poder papal sobreponiéndose ilegal e insidiosamente a la suprema autoridad pontificia —que les ha quitado expresamente una competencia que ellos ahora reasumen de propia mano— se encuentran las distintas tesis con que se busca ocultar el pavoroso hecho.

La ley papal contenida en la Carta Apostólica Summorum Pontificum, en el sentimiento de muchas conferencias episcopales debe ser “interpretada”, “moderada” o en general —según sea el término que el ingenio circunstancial permita hallar— revisada o pasada por los sínodos locales —a la manera de la facultad implícita de los antiguos parlamentos o cabildos locales medievales respecto a las órdenes reales— contrariando el texto expreso y el sentido de la regla pontificia, otorgada por el Pastor Supremo Universal, así como el carácter divino de la institución petrina. En la Iglesia, donde el Papa tiene esta jurisdicción suprema, plena, inmediata y universal, es imposible la revisión de sus decisiones por parte de un Concilio particular o Ecuménico; y la simple apelación en ese sentido, acarrea ordinariamente la pena de excomunión o entredicho, cánon 1372, como se sigue además de los cánones 331, 333, § 3 y 1404 CIC. Esto visto ¿No serán cismáticos los obispos desobedientes (¿o les llamaremos simplemente disidentes?), que pretenden extender su potestad a cuestiones, o situaciones, por encima de decisiones ya adoptadas por el Romano Pontífice? Y sin embargo, es exactamente lo que está sucediendo en Alemania, Polonia y Suiza; y lo que pudo pasar en Italia, según informáramos días pasados.

Una síntesis algo grosera de las grandes explicaciones, brindadas por aquellos a quienes nadie les ha preguntado nada —y a expensas del hecho de que se les haya quitado la facultad, que ahora emplean, de responder a ciertas preguntas molestas— podría exponerse así: Un primer grupo, considera que la finalidad de Summorum Pontificum sería conceder un gesto de condescendiente benevolencia hacia la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, es decir los lefebvristas, con el propósito de reintegrarlos plenamente a la comunión católica; la consecuencia más inmediata de este razonamiento es que los obispos, juzgando por sí mismos que en sus respectivos territorios no existiría ningún problema litúrgico que merezca la atención especial del Motu Proprio, prohíban, restrinjan o tuerzan la celebración de la Santa Misa según dicho Misal plenamente reconocido, o sancionen y persigan a quienes, haciendo uso de un derecho pontificio singularmente privilegiado, celebren la Santa Misa según el rito de 1570 nuevamente promulgado en 1962. Un segundo grupo —que, provisoriamente no considera conveniente emplear el argumento anterior, por considerarlo algo infantil y, sobre todo, por que entraña en lo formal una flagrante desobediencia al Sumo Pontífice— pretende que esta novedad jurídica no es de ninguna forma —ni debe entenderse así— un regreso al pasado; demostrando de esta manera, además de que su comprensión de la Sagrada Liturgia es apenas moderadamente terrenal y prácticamente nada celestial, aunque sí razonablemente luterana, que apunta más cerca del corazón de la cuestión. Si la Liturgia es la celebración del Cielo en la tierra dada por Dios mismo, no existe un antes o un después ni un atrás ni un adelante adonde ir ni desde dónde referirse, por que es el Sacrificio continuo de Cristo ante el Padre, realizado una vez para siempre en la Cruz e instituido en el Cenáculo para todas las edades, hasta el fin del mundo y continuado en la Santa Misa. Veamos algo de todo esto, porque, modestamente, pensamos que serán los argumentos por venir.

La causa de la discordia

La inocultable preocupación episcopal se cursa generalmente hacia una interpretación del reciente desembargo de la Misa Tradicional que no condice ni con el texto de la Letra Apostólica, ni con su sentido, ni con la Carta adjunta que Su Santidad plegara al acto legislativo, para ilustración y consejo de sus lectores. El problema es bastante agudo, porque muchos obispos saben que los derechos repromulgados por S. S. en esta Carta Apostólica, reconocen como causa motiva próxima, política o prudencial, su propia negligencia en el campo litúrgico y el general desafecto con que fuera recibido, en 1988, el motu proprio de Juan Pablo II Ecclesia Dei afflicta, cuyo acatamiento hubiera evitado, tal vez, esta verdadera desposesión de competencia de que les hace objeto ahora por medio de Summorum Pontificum.

Detengámonos en la más frecuente e ilícita interpretación —no se olvide que el intérprete auténtico de una norma cualquiera es el mismo que la dictó, y no quienes deben acatarla o aplicarla— en la cual se sostiene que, tratándose de una diligencia que la generosidad del Papa ha dispensado a los lefebvristas para intentar una reconciliación, no tiene sentido aplicarla allí donde no exista, o donde los forzados intérpretes no vean o no quieran ver, la “cuestión” de la Fraternidad San Pío X o la existencia de una feligresía de número aparente suficiente, que se encuentre a la búsqueda de las formas litúrgicas tradicionales. Por lo cual, muchos obispos han resuelto perseguir violentamente a los sacerdotes diocesanos que atenten la celebración de la Misa Tradicional, persuadidos que no se daría, en esos casos, aquel interés principal que, juzgando la situación por ellos por sí mismos, habría tenido Su Santidad en miras al equiparar ambas formas rituales. Si hacemos abstracción del hecho que la Carta Apostólica no dice una sílaba sobre esta supuesta intención del Santo Padre que la sanciona, lo cierto es que las distintas manifestaciones de adhesión a la Tradición Litúrgica, como quiera que sea y tal como lo recordó el cardenal Castrillón Hoyos en su inesperada intervención en la Conferencia de Aparecida, no se limitan a la Fraternidad San Pío X y concitan hoy a algo más de 2.000.000 de fieles a lo largo y ancho del mundo, en forma inorgánica y dispersa, la mayoría de las veces. En cuanto a los lefebvristas, que suman algo menos del tercio del total de esta cifra, están presentes prácticamente en todas las grandes arquidiócesis y diócesis del mundo, y muchísimas otras pequeñas. El problema de la Misa Tradicional ha dejado de ser, pues, un fenómeno local europeo, o de Francia, Suiza o Roma o de algunas diócesis americanas como Wáshington, Buenos Aires o Nueva York, para convertirse en una especie de clamor universal bastante bien conocido con casi 40 años de “militancia”, que requiere desde luego una solución, y no un palo; pero que, sin embargo y a pesar de todo ello, que es como un efecto, pero no la causa misma, no es el motivo principal que el Papa tuvo en vista cuando sancionó el motu proprio.

Los más perspicaces o menos audaces o, tal vez, más calculadores, comprenden que no es de su resorte ni conveniencia intentar explicar negativamente un acto pontificio, sin desacreditarse simultáneamente ellos mismos, viciando de este modo su propia autoridad episcopal. Por ello, recurren a explicaciones bien diversas y ocurrentes (como aquella que circulara hace dos meses, en al cual se suponía que Su Santidad tenía en miras con el motu proprio, solucionar el conflicto con la Iglesia de China; que ciertamente, no es litúrgico) pero, como quiera que sea, cuidándose de aclarar que esto no debe suponerse jamás, nunca, de ninguna manera, ni entenderse, como un “regreso al pasado” o un temible y temerario (más bien: temido) “salto para atrás”. Como adelantamos unas líneas antes, la Liturgia es, por esencia, atemporal, “eternidad en el tiempo”, y no está circunscripta ni determinada por el pagano dios Cronos; sus tiempos —que ciertamente los tiene, juxta modo— son más bien celestiales, en cuanto aunan misteriosamente el Cielo y la tierra. Pero como el argumento queda rozado por aquel axioma de que excusa no pedida, verdad admitida, ha de prestársele alguna atención, porque como decimos antes, raya más alto y, por consiguiente, ronda más cerca de la verdad. Luego, esta explicación tampoco es la verdadera, pero solamente por incompleta.

¡Pero que serio ha de ser todo esto, para que tantos, se atrevan a tanto!

—¿Y Usté qué sabe, me puede decir?

Yo no sé nada; pero el Papa sabe por qué ha hecho esto; y vamos a preguntarle. En unos días, pues, la respuesta. Así que: ¡paciencia!.


sábado, 29 de septiembre de 2007

San Miguel Arcángel

San Miguel Arcángel

defiéndenos en la batalla.

Sé nuestro amparo contra las asechanzas

y perversidades del demonio.

¡Reprímale DIOS!, pedimos suplicantes,

y Tú, Príncipe de la Milicia Celestial

arroja al infierno con el divino poder

a Satanás y los demás espíritus malignos

que andan dispersos por el mundo

para la perdición de las almas.

Amén.


martes, 25 de septiembre de 2007

Pasando revista: Buscando roña

Después de los pasajes sin pena, gloria ni pericia de un curita despistado y chamuyero de la ciudad de Buenos Aires, fautor tristísimo de una paginilla modestísima sobre Liturgia y titular de la parroquia del Ángel custodio por excelencia —¡agarrate fuerte, que llega el 29!—, y un antropófago ordinario de Louisiana que, en concierto con un metropolitano argentino que pasa por ser fino jurista, se atreven a pretender examinar a los candidatos que atenten celebrar la Misa Tradicional, pero mientras tanto se los amenaza para que no lo hagan, resulta ser que estos dos casos que nos presentan sintéticamente dos modos no necesariamente opuestos de recibir la Letra Apostólica Summorum Pontificum de S. S. el Papa, se han visto superados por la horrenda estampida progresista. Antes de seguir, declaremos que nuestra insistencia en llamarla Letra Apostólica, que preferimos a cualquier otra forma incluso y por ejemplo, motu proprio, no es algo que se deba atribuir exclusivamente a nuestra superficial pedantería, sino al hecho que, de esta manera, queda perfectamente delimitado su verdadero alcance como norma jurídica del derecho eclesiástico universal. No es, como persisten en llamarlo algunos, un “indulto” —remisión anticipada de una pena justa, merecida por llevar adelante un acto prohibido o ilegítimo, como pensaría el iletrado ánodo del principio— o un permiso, o una concesión excepcional, privilegio o gracia: es una disciplina positiva, una regla que establece de qué forma se celebra correctamente la Santa Misa. Pero que además, está precedida por una declaración preliminar relativa al status de la Misa tradicional desde 1970 a la fecha, afirmando que jamás ha sido abrogado dicho rito y que, de consiguiente, tampoco ha sido necesario ningún permiso especial para celebrarlo, lo que despeja esta discutida hipótesis y la convierte, de jure condito, en la interpretación oficial de la Iglesia Católica.

El hecho de tener que soportar estupideces y canalladas como esta o esta otra (en la cual un sacerdote llamó “aberración” a la Misa en latín ...), no modifican en nada la doctrina clara, nítida y definitiva que ha sentado Su Santidad con relación a la perfecta paridad que adquieren las dos formas legítimas de la celebración de la Santa Misa. Pero lo que no podrá hacer nunca el Papa, ni viviendo mil años más ¡Dios se los diera!, sería hacer entrar en las duras molleras de estos pseudo protestantes que el sentido, la finalidad y, sobre todo, el carácter sacrificial de la Misa, no pasa por la mayor o menor comprensión popular del texto litúrgico, sino por su intrínseca eficacia sobrenatural, ni menos aún por la posición del sacerdote en el templo respecto de los fieles, sino respecto de Dios, por que la Misa es ante nada, merced a la Gloriosa Pasión, Muerte y Resurrección de N. S. Jesucristo, un lugar de encuentro con la Santísima Trinidad y no con los hermanos. Por lo cual, quienes no tengan hermanos también pueden (y deben) ir, aunque estén luego obligados, y por ello mismo, a comportarse como tales.

L'Osservatore
Romano

Lo que no les entra, lo que les duele en el alma abotargada por tantos años de veneno modernista, o lo que demora en mostrarse al alma con resplandenciente evidencia, es la verdadera teología de la Santa Misa como Sacramento y como Teofanía; algo que debe atribuirse a casi 40 años de confusión litúrigica, y de un novus ordo que, como quiera haya sido la intención original que movió a su creación, de hecho se apartó extraordinariamente de la doctrina clásica sobre la Santa Misa, permitiendo que se introdujesen por esa brecha infinidad de nocivos errores, y alejando al propio tiempo a los fieles de la realidad substancial del Misterio significado. Es así posible que un sacerdote español suponga que el Misal tradicional no será utilizado por nadie, y que sería mejor decir la Misa en inglés, francés o alemán, para que los turistas la entiendan ... mientras que otro sacerdote, capellán de una sede catedralicia que queda dentro del mismo país, informa que allí se ha oficiado la Santa Misa según el ritual de Juan XXIII desde siempre; y que el extraviado de quien hablábamos al comienzo de esta reseña, concluyese muy sueltito de cuerpo cuanto falto de buena doctrina, que la Misa sería la forma que tiene la Iglesia ¡de acompañar al mundo...! (¡sic!). ¡Ay de tí, pobre párroco encriptado, cuando te veas cara a cara con Aquel que ha vencido a ese mismo mundo por donde quieres arrastrarLo...!.

Este pobre hombre ha cometido toda suerte de despropósitos por y dicho inconveniencias por creerse un sabihondo en Sagrada Liturgia; pero la verdad es que la ignorancia no tiene para él ningún secreto.

... Sería imposible que hubiese gente preparada. Salvo que exista alguien tan desobediente que durante cuarenta años seguidos siguió usando el rito que la Iglesia había cambiado.
¿pero no era que la Misa tradicional nunca fue derogada y que siempre fue un derecho legítimo el celebrarla? ¡valiente liturgista! que además, supone que el ordinario local lo ha elegido a él para inaugurar la celebración oficial de la Misa tradicional arquidiocesana, por que
siendo una persona estudiosa de la liturgia, tengo la posibilidad de agarrarle la mano más rápido a un rito que otra persona que se dedica a otro tipo de materia.
Dejemos a este pobre hombre, que más que agarrarle la mano, se agarró los dedos.

Con parejo desparpajo, en Italia, donde se encuentra la sede primada, patriarcal y soberana de toda la Cristiandad, el obispo de Caserta ordenó suspender una Misa latina anunciada para la noche de ese mismo día; no fue todo, pues algunos integrantes de la Conferencia Episcopal italiana, habían pedido que la legislación dictada por Su Santidad fuese “interpretada” por ese organismo, práctica detenida enérgicamente (y se nos ocurre: bruscamente) por el cardenal Bagnasco, presidente del colegio local de obispos.

El difamador Melloni

Pero falta lo mejor: Según escribe un inveterado enemigo de la Iglesia, el periodista del Corriere della Sera Antonio Melloni, existirían a su magro juicio SERIAS dudas sobre la vigencia de la Carta Apostólica Summorum Pontificum, porque se ha omitido su publicación en la colección Acta Apostolicæ Sedis, acto indispensable para su promulgación. Jugando al jurista que ya nunca será (a lo sumo, aspirante a rábula), afirma que según los cánones 7º y 8º del Código de Derecho Canónico, las leyes recién quedan instituídas como tales desde el momento de su promulgación, y la única promulgación prevista en la ley canónica es la publicación referida. La cual construcción, además de faltar a la realidad, pues existen formas extraordinarias de promulgación (aunque le guarde rencor a todas las formas extraordinarias desde el 7 de julio pasado), como dicen los juristas (los verdaderos, no los alquilados), vendría a ser un abuso de las formas para dañar: Por que si la promulgación tiene por finalidad acercar a la comunidad de forma auténtica, indudable, asequible y real la voluntad del legislador, ciertamente es indiferente la manera que se adopte a este fin siempre que éste quede acabadamente cumplido y más aún, cuando quien dicta la ley es, además, legislador supremo y soberano, y no un mero mandatario del poder que no ejerce por un derecho propio, sino como delegación de otro u otros y que por lo tanto, está sujeto a formalidades que se le imponen como mandatario que es. Desde luego, el Papa es soberano y no tiene esas limitaciones, y además, la ley canónica establece que la publicidad en el boletín oficial de la Iglesia sería la forma ordinaria de la promulgación. Cualesquier otras formas podrían adoptarse en el propio texto legal, o podría disponerlas particularmente como legislador supremo y soberano, y serían así formas extraordinarias (¿les suena?) de la promulgación, y por seguro tan válidas como la regular, siempre que llenasen el fin publicitario. Pero además, el llamado motu proprio contiene un acto doctrinario no necesariamente legislativo, como es aquel en el cual se desarrolla e interpreta el inmediato pasado de la Iglesia en lo que atingió a las dudas sobre la vigencia del ritual romano tradicional y, por consecuencia de ello, el derecho a su irrestricta celebración. En tal sentido, y en esos aspectos, la resolución papal se asemeja más a una ley puramente formal antes que material, en cuanto decide de lo pasado antes bien que de lo futuro —que es lo característico de la ley—, en el sentido de interpretar la ley ex tunc, pero lanzando sus consecuencias ex nunc.

Lo que no se puede negar, es que todos aquellos que, indudablemente, hayamos tenido conocimiento de la ley nueva, estaremos obligados a su acatamiento. Dejando por un instante de lado el hecho de que no debe haber existido en la historia moderna de la Iglesia un hecho jurídico tan masiva y recursivamente publicitado como esta Carta Apostólica, quedan en pie dos hechos innegables: Uno, que la ley ha sido publicada por el medio oficioso del Vaticano, L'Osservatore Romano —que arriba copiamos—, y Dos, que el Papa ha enviado una carta personal a cada uno de los obispos del mundo anunciándoles su voluntad legislativa. Y que para ellos, eso es suficiente y hasta súpereficiente, promulgación.

Es evidente que, como decíase recién, tras la ola inmensa de publicidad que ha rodeado el regreso de la Misa Tradicional, jugar al jurista con el problema de su adecuada promulgación, es simplemente burlarse del Papa, de la Iglesia, y del derecho con mala sangre.

El tal Melloni no se vaya uno a creer que se estrena inocentemente en esto de meter roña en casa ajena: Hace unos meses, se lanzó como una furia contra el anuncio de la inminencia del Motu Proprio y, perdido por completo su dominio emocional, arreció en insultos contra el Papa aquí, y hace dos años, llevando agüita sucia al molino falso de los difamadores de Pío XII en el mismo diarucho norteño donde excreta sus artículos. Así que si hoy se ha despertado ignaciano, querido lector, y resuelve aplicarle a cualquiera de los nombrados arriba el principio de “salvar la proposición del prójimo”, contrariando tan malamente nuestros más caros antecedentes nacionales e institucionales, le rogamos que, siendo invencible su conato, nos lo aplique primero a nosotros.

Porque a los malvados que no tienen corazón, Dios les da por penitencia, además, que lleven la cabeza de adorno.


Adenda póstuma: Luego de cerrar este artículo, nos movió a volver sobre él en primer lugar, observar que tenía algunos errorcillos de redacción propios de la hora, de nuestra impericia y de la indignación que no pudo ocultar el tono burlón que quisimos imprimir inútilmente a la entrada. Y dos: Un lector nos ha dejado una notícula por medio de la cual nos remite a un sitio de Internet, propiedad del padre Dotro, en el cual se expresa sobre la Misa Tradicional ... como Ud. se imagina. El hombre sostiene tesis progresistas o modernistas, si se prefiere, y las aplica concienzudamente a la Liturgia. Léalo aquí si desea pasar un mal rato. Se nos ocurre que Su Eminencia ya debe haber reemplazado a este asombroso especialista en liturgia.