En un lamentable caso sucedido en la ciudad argentina de Carmen de Patagones, por ejemplo, se sabe que han existido elementos satánicos que la prensa ha intentado ocultar. El satanismo, que es la causa oculta, se conoce principalmente por sus efectos; así, pueden tener alguna explicación ciertos crímenes innecesariamente violentos o dotados de características inusuales e incomprensibles para esta clase de hechos, que uno diría que parecen actos rituales, y que desconciertan a los investigadores y a la sociedad. Comprender qué cada cosa es efecto de otra anterior, es obrar con algo de inteligencia y con apego al principio mismo de toda ciencia, que es el conocimiento cierto por las causas. No existen efectos sin causas proporcionadas; se dice que la droga lleva a la violencia, mas todos sabemos que adónde lleva, antes que a nada, es a la idiotización mental, a la torpeza sensorial y a la turbidez de la razón, pero deja parcialmente inexplicado el fenómeno moderno de la violencia gratuita. Tal vez corresponda algún día, decir algo sobre los inocentes dibujitos animados orientales (y no estamos aludiendo a nuestros enojados vecinos uruguayos) y su incidencia en la morbosidad mental infantil, o la de los juegos de PC con abundantes elementos satánicos y una sobreestimulación constante a la destrucción irracional, como también las páginas de Internet de, o sobre, satanismo (¡son miles!).
¿Y la violencia ...? ¡Preguntarse, hombre, preguntase! Los italianos, en un adelanto que merecerá seguirse para ver sus resultados, han dado una respuesta bastante sensata y realista, valorando la globalidad del problema, antes que darle aires a argumentaciones sociologistas que, salvo agitar los espíritus, conllevar en algunos casos la absolución del culpable y dejar maltrecha a la sociedad, no sirven para nada. Respuestas realistas que, si no exigen necesariamente la fe católica, sí al menos inteligencia política (que es culturalmente católica), sentido de la observación, noción de juicio práctico y aplicación racional del principio de causalidad; algo así como la añadidura que Cristo prometió a quienes buscan el Reino de Dios y su Justicia. Si lo buscan.
Esto lo consideramos, pues, una muestra de verdadera PREVENCIÓN inteligente, hija de una Política Criminal por lo menos previsora —sino eficaz— y no la simple, estúpida e inepta ramplonería de toquetear permanentemente las escalas penales, a cada arcada social más o menos compulsiva (o provocada), o esa insufrible malignidad de condenar a priori a los detenidos por ciertos delitos, que son presuntos inocentes, declarando Inexcarcelables sus detenciones preventivas, y que son más consecuencias de la ignorancia jurídica, de la bajeza moral de los políticos y de la obnubilación de la razón provocada por la ira de los plebeyos, que una derivación razonada de las necesidades presentes.
Para los políticos indígenas hay aquí, pues, un buen ejemplo a imitar; así que duerman tranquilos los satanistas (si es que lo hacen nunca jamás) que acá, no lo seguirán.





