sábado, 30 de diciembre de 2006

Hasta el año que viene

Las noticias de estos días son horrorosas, incluída la turbia “ejecución” de un ex jerarca oriental, perpretada por sus propios ex cómplices y antiguos colaboradores, puestos a libertadores. Recemos por el alma de este infiel. En la Argentina, unas maniobras publicitarias del marxismo oficialista, al estilo de las “provocaciones” absolutamente increíbles que inventan algunos potentados del mundo, cada tanto, para ir a una guerra, y que deterioran aún más el alicaído decoro nacional; y de paso, pegarse una vueltita más por el aire, a ver si demoran la caida. Y otras cosillas que no merecen ni el menor recuerdo, por no agriar estos días.

Hasta el año que viene (a menos que explote el mundo), si Dios quiere.

Y no olvidarse que el 1º de enero es Fiesta de guardar.

Y seguir esperando, con la vista en Roma ...

Noticias verdaderas de la era post cristiana

Las últimas horas nos han hecho conocer una nueva sublevación de favelas en Río de Janeiro, cuyo significado económico y social ya no puede ser fácilmente explicado ni disimulado con el recurso a la figura de los malvados traficantes; si cada ciudad brasileña tiene barriadas enteras (¡más de 100 en cada caso!) de “traficantes”, el problema es otro y no el tráfico de drogas, que será a lo sumo una consecuencia emergente, como dicen ahora, y revela que el problema ha dejado de ser policial desde hace mucho tiempo atrás.
Estos acontecimientos del Janeiro, nos llaman la atención sobre un episodio similiar, ocurrido hace unos 8 meses en São Paulo. Dos veces lo mismo, en un año, es demasiad casualidad ¿o no ?.
Marcos Williams Herbas Camacho, más conocido por su pseudónimo de Marcola, es un paulista que no llega todavía a los 40 años y es reconocido, aún oficialmente, como el jefe natural del denominado “Primer Comando Capital”, o “PCC”, una organización semi clandestina que nuclea a los presos de las cárceles del Sur de Brasil, sus familiares y amigos, principalmente los del gigantesco conurbano de São Paulo. Y cuando decimos “gigantesco”, estamos hablando de decenas de millones de personas, la mayoría de las cuales viven hacinadas en las favelas locales en la más abyecta miseria.
Marcola está preso desde hace varios meses; de hecho, ha pasado más de la mitad de su vida en la cárcel por diversos delitos. Allí o afuera —poco interesa— ha adquirido una extraña cultura general y lingüística, aunque típica del autodidacta, es decir: fragmentaria, desordenada, anárquica y dispersa; pero suficiente para comprender lo esencial del drama en medio del cual vive: —«Estamos todos en el centro de lo insoluble», es la frase paradigmática que utiliza a menudo. Enfrentando una Comisión Parlamentaria investigadora de ciertos sucesos locales, sus declaraciones han sido un claro ejemplo de su valentía, su sentido común y el botaratismo de los legisladores.
Mientras algunos le niegan su importancia, los medios de difusión la atestiguan a cada paso. “O Folha do São Paulo”, lo ha mencionado más de 500 veces en sus páginas durante el último año y medio ¡casi dos veces por día!. Se asegura que después de su intervención personal, la Revuelta Paulista de mayo concluyó en menos de dos horas. Otros medios de difusión, menos ilusos sobre la eficacia del poder estatal, atestiguan que el Gobierno lisa y llanamente negoció con él la cesación de las hostilidades; que otros tantos, creen que las desencadenó él mismo, ante la amenaza de ser trasladado fuera de su “jurisdicción” paulista, hacia una cárcel de máxima seguridad, a casi 600 km. de allí.
Después del aquelarre paulista, con un saldo de más de doscientos muertos violentos, “O Globo”, o el TV Bandeirante, le habría efectuado un reportaje (aquí, una traducción más libre pero más porteña) que revelaría hasta el asombro la dramática profundidad vital y las causas de este submundo con epicentro en las favelas, y que queda a pocas horas de Buenos Aires, Montevideo, Río de Janeiro, Santiago ...
Se asegura que la entrevista es falsificada, por que hay quienes no confían en el talento demostrado por el entrevistado, o por que ven en sus dichos, más bien, una tramoya de intereses políticos o editoriales —que sinceramente, no alcanzamos a ver en qué consisten— antes que el sincero razonamiento de un hombre que acepta y reconoce llanamente encontrarse del lado malo, pésimo, de la vida, sin tratar de justificarse por ello pero sí, intentando comprenderlo, y sin rendirse a la excusa fácil, ni dejar de pronunciarSE un juicio moral severo sobre los propios actos. El mismo entrevistado ha hecho declaraciones que pondrían en tela de juicio la autenticidad del reportaje. Poco nos importa aquí, por que no somos un diario: Si non e vero, e bene trovato.
La crítica al mundo capitalista, que despoja al pobre y lo arroja a la desesperación; a la fantasiosa “lucha de clases”, que engríe a su clase y la llena de odio sin soluciones, y a los políticos, corruptos, inmorales y egoístas, es realista, directa y brutal. Y sobre todo, ejemplar.
Su supuesta “jefatura” de los grupos que comercializan droga en las calles y las cárceles, incluye a los presos, y a sus familiares y amigos, sobre los cuales extiende, conjuntamente con un sexteto de jefes sectoriales, una tutela paternal y benévola, substitutiva de la que el inmenso, ineficaz y corrupto Estado Brasileño ha abandonado por más de 50 años. Según afirma, él ha logrado, por medio el uso de sobornos, extorsiones, amenazas y atentados contra las autoridades, y por el uso de otros diversos recursos con sus parciales, que se mejore el tratamiento oficial a los presos paulistas, que el PCC atienda a las familias y que se cohiban la homosexualidad y las drogas duras en las cárceles bajo su jurisdicción; horrores por los cuales “el estado” ha demostrado siempre su mayor desinterés; y acaso los ha favorecido de alguna u otra forma, como una manera de librarse de aquellos que se consideran «escoria social».
El mejoramiento del trato carcelario no está dirigido, como alguno pudiera suponer apresuradamente, a obtener ventajas insensatas o incompatibles con la situación penal de los presos. Lea atentamente: en lo principal, tiende a suprimir los tormentos ilícitos de que son objeto los presos rutinariamente —esa gigantesca vergüenza del “mundo civilizado” moderno, que lo sitúa definitivamente en el último jalón moral de la Historia—, a asegurarles el cumplmimiento de los paseos diarios al sol (¡sí, leyó bien!) y a no consentir la supresión del festejo ...¡del día de la Madre!
Para estos maletas del Gobierno, tanto liberales como zurdos, pero en todo caso cobardes y egoístas, la cárcel debe ser crueldad, olvido, desamor, el infierno merecido en la tierra. Y además, para el cobarde, la exhibición cruda de su venganza miserable, por el miedo que ha debido sufrir.
Este mundo es el precio (y el castigo) que pagar por haber olvidado la verdadera dimensión cristiana de toda falta, del pecado, para reemplazarla por la noción sociológica y laica de delito, o de conducta antisocial, o simplemente disfuncional. Es evidente que en este renglón, el Estado moderno ha fracasado y seguirá fracasando.
Como se comprenderá enseguida, el hombre en cuestión es considerado un héroe local por algunos, y el mayor enemigo público por otros, en ambos casos parece ser que con toda justicia; y cada cual deberá formarse una idea de lo que significan los términos “el Estado”, “la policía” o “la Justicia”, por aquestos parajes de Dios.
Lo más interesante es el empleo racional —si se comprende la extensión en que utilizamos este vocablo— de la violencia y hasta de la crueldad, que hacen este hombre o sus seguidores: él mismo arguye en su favor, pese a no reconocerse jefe de nada, que su posible reemplazo pondría hombres más violentos o más ganados por el odio al frente de una organización que podría hacerle pasar un muy mal rato a todo Brasil, y sería un desastre local intolerable. Pero que él tenga odio y motivos para tenerlo, no significa que deba dejarse ganar por él:
—«Não posso me deixar levar pelo ódio. Se não, onde iríamos parar?»
Los testimonios de las crueldades de los presos contra los carceleros durante los motines, son alucinantes; pero también lo son las de los carceleros con los presos, durante los demás días. El sistema carcerlario, basado en la represión y la humillación permanente, y en la subsiguiente venganza no bien ésta se hace posible, sencillamente es imposible de sostener. Los carceleros hacen su gusto mientras dura el “orden”, o lo que llaman orden; pero los presos tomarán contada venganza en las pocas horas de vigor que tenga el primer motín próximo, acontecimiento que merecerá la cuota de crueldad compensatoria, que le imponga el estrecho margen de tiempo del que se dispone para la venganza...
—¿Le teme a la muerte?
—Ustedes le temen a la muerte, yo no... (Nosotros) estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes, en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva “especie”, ya somos otros bichos, diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común, o en una zanja
.
El resultado de este enfrentamiento es pavoroso; y como sostiene Marcola, no parece tener solución:
—Pero la solución...
—¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de “solución” ya es un error. ¿Ya vio el tamaño de las 560 'favelas' de Río? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de San Pablo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos billones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una “tiranía esclarecida” que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. ¿O usted cree que los chupasangres (sanguessugas) no van a actuar?
.
La acusación es directa al corazón del liberalismo, que ha contribuído a crear las clases miserables y marginadas tal como ahora están, y que es una de las principales causas de todo este desastre social y moral; verdades que el entrevistado no se deja arrancar a medias, sino que al primer impulso la escupoe:
...yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca nos miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnostico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía… ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros?
Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas de los morros o en la música romántica sobre “la belleza de esos morros al amanecer”, esas cosas… Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social ¿Vio?
Sin embargo, ve improbable una vía política “esclarecida” (¿hace mucho que no oye hablar de un gobernante “esclarecido”?), lo que lo hace un pesimista, totalmente pesimista:
—Pero… ¿No habrá una solución?
—Ustedes sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la “normalidad”. No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos dentro de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución ¿saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el divino Dante: “Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno”.
Así de sencillo: El liberalismo es pecado mortal, un infierno terrenal por buscar el paraíso terrenal de una ciudad sin Dios; como decía ayer el Oficio de Lectura sobre el rey Herodes: «para no perder su reino, quiere matar al recién nacido; y sin embargo, si hubiese creído en Él, hubiera podido reinar tranquilo aquí en la tierra y para siempre en la otra vida». Así de bien caracterizado, queda este régimen inhumano que mencionamos al principio.
Que sepamos, el único antídoto eficaz contra el Infierno, es Dios Mismo: La Iglesia, la Verdad, los Sacramentos, la Caridad, los Mandamientos, el Amor de Dios; o sea, ¡el Catecismo! donde un Estado hipertrófico, incompetente e intrínsecamente inútil ha fracasado, y seguirá fracasando a expensas de millones de vidas despediciadas, echadas al olvido. Y también es antídoto, si Dios quiere enviarlo, un gobernante esclarecido, que no es ni debe confundirse, pues es mucho más, que el “Estado”, ese ídolo moderno que pretende reemplazar a Dios.
La certera crítica a la alianza del liberalismo más o menos ortodoxo, con el rígido escolasticismo marxista es justa, por que produce un tipo humano repugnante; aproximadamente con el corazón a la izquierda, el bolsillo a la derecha, y una regla de vida basada en la indiferencia y el egoísmo totales: religiosa, moral, social, sentimental y emotivamente indiferente y egoísta; una verdadera porquería, un arquetipo cruel y repulsivo, alguien capaz de crear en su contorno un anticipo del infierno en la tierra por puro egoísmo. Imaginarse qué sería de un país que cayera en las agarrotadas manos de este tipo humano, debe ser una pesadilla. Pues he aquí un anticipo.
Confesamos a nuestros lectores que la congoja y el pavor que la desdicha de estos hermanos nuestros nos produce (la de todos, los de un lado y los del otro, entrampados en la misma mugre), nos hace imposible dar un juicio conclusivo sobre lo que hemos presentado hoy, por que esto no se arregla con cárceles “modelos”, ni con Códigos Penales más severos, ni con gatillos rápidos policiales, de todo lo cual habrá de responderse ante un Dios justiciero y remunerador, que ama a los humildes con predilección, y que odia el derramamiento de la sangre inocente. Para esta época, impolítica por excelencia, la solución es admitir el fracaso de la actual política y devolver al Catecismo su prelación indiscutida en la formación de las conciencias y la preparación de la sociedad para una dichosa, o meramente posible, convivencia.
Concordia, decía fray Tomás, que no es lo mismo que paz.
Si fuéramos un político, miraríamos hacia otro lado o haríamos un negocito con tanto horror; si fuésemos M. G., juntaríamos los finos dedos sobre nuestra adelgazada nariz y, con cara de braguero ajustado, esbozaríamos algún macaneo tranquilizador; pero no, no somos ninguno de ellos y no se nos ocurre otra cosa que, inclinando la cabeza, ponernos a REZAR.



Líbrame de los que hacen el mal
y sálvame de los hombres sanguinarios
..................................................
Levántate, Señor, enfréntalo, doblégalo;
líbrame de los malvados con tu espada,
y con tu mano, Señor, sálvame de los hombres:
de los mortales que lo tienen todo en esta vida.

Llénales el vientre con tus riquezas;
que sus hijos también queden hartos
y dejen el resto para los más pequeños



—«Não posso me deixar levar pelo ódio. Se não, onde iríamos parar?»

jueves, 28 de diciembre de 2006

Día de los Santos Inocentes


Tanto al tirano le place
hacer de su orgullo ley,
que por deshacer a un REY
un millar de reyes hace.

Por matar a un enemigo
siembra de sangre Belén,
y en Belén, casa del trigo,
no muere un REY, nacen cien.

Y así su cólera loca
no puede implantar su ley,
pues quiere matar a un REY
y corona a cuantos toca.

La furia del mal así
no puede vencer jamás,
pues, cuando me hiere a mí,
estás tú, Señor, detrás.

Estás para convertir
en corona cada muerte,
para decirnos que el fuerte
es el que sabe morir.

Amén.


«Cuando los magos hacen saber a Herodes que ha nacido el Rey, Herodes se altera y, para no perder su reino, quiere matar al recién nacido; y sin embargo, si hubiese creído en él, hubiera podido reinar tranquilo aquí en la tierra y para siempre en la otra vida... Aquellos niños, sin saberlo, mueren por Cristo»


Roguemos al Dios Niño por los Mártires Infantes que, en todos los tiempos, pagaron con su sangre la llegada del Rey

San Pío X

Nos habíamos hecho solemne compromiso de no transgredir el receso navideño, por varias razones poderosísimas: La primera, que por una suerte de pacto implícito entre todos nosotros, la noticia que todo el mundo espera no debería ser reemplazada por ningún artículo de blog, ni bueno ni malo, y esperarla en santa espectación no se veía nada mal. La segunda, que por estos días, los atareados habitantes del hemisferio Sur (que no son nuestro únicos lectores pero sí los más concernidos) se encuentran cerrando su año laboral, familiar, militar y social, para dedicarse a sus vacaciones anuales ... con buenas noticias.
En general, este mundo puerco no ofrece muchas oportunidades de recibir buenas noticias; queremos decir buenas en serio. Así que preferíamos dejar correr estos días de amable trajín.
Sin embargo, una mano amiga nos ha acercado un libro de reciente publicación que no hemos podido resistir la tentación de criticar, en el mejor sentido de la palabra. Parecía un desafío en el Día de los Santos Inocentes, que son los primeros Mártires
El librito se llama «El Papa San Pío X: Memorias», y su autor es el cardenal Rafael Merry del Val, quien habiendo nacido español en el Londres de los primeros años de Disraeli, escribió esta obra en inglés, hasta que fue publicada en castellano en Madrid, en 1946, poco más de 15 años después del fallecimiento del cardenal. La presente, parece ser la primer edición argentina, realizada sobre esta otra anterior en castellano.
Rafael Merry del Val murió en 1930 también con fama de santo, y su causa de beatificación está iniciada. Conoció al cardenal Giuseppe Sarto recién en el Cónclave de 1903 —el mismo en el cual fue vetado el cardenal Rampolla del Tindaro por decisión del Emperador de Austria y del cual saldría Papa el cardenal Sarto— mientras oficiaba de Secretario. León XIII lo había hecho Arzobispo apenas pasados los 30 años de edad y lo había conservado como funcionario en el Vaticano, apreciando de esta forma sus inmensas dotes de trabajador fiel, incansable e inteligente. Antes de la elección de José Sarto para ocupar la Silla de Pedro, había intercambiado con él solamente unas diez palabras en la propia capilla del Cónclave, donde el adolorido cardenal pedía al Señor que el cáliz que se le venía, pasara de largo ... Merry del Val, por encargo del Decano del Colegio de Cardenales, se acercó a Sarto para pedirle que lo autorizara a anunciar que jamás aceptaría el Solio Pontificio; decisión que, gracias a Dios, esa misma mañana revocó ante la insistencia de sus pares. Merry del Val, concluido el Cónclave, corrió a despedirse del nuevo Papa, quien con una sonrisa triste, algo burlona también, y no exenta de reproche, le pidió que se quedara con él como Pro Secretario de Estado, hasta tanto resolviera qué hacer.
El gesto intuitivo fue definitivo; el arzobispo Merry fue creado cardenal poco tiempo después y confirmado como Secretario de Estado en un emocionante episodio, conservando el cargo durante los once años del pontificado de Pío X. Lo cual es un caso casi único en la Historia del papado.
No era posible imaginar dos vidas más opuestas: el cardenal, descendiente de nobles españoles e ingleses, hombre de vastísima cultura y hasta de notable erudición, empeñoso trabajador y acostumbrado ya a todos los ronroneos de la vida. El Papa Sarto, hijo de un modesto funcionario imperial de familia italiana y de una bondadosísima mujer analfabeta, pobre desde siempre, cura rural, obispo de a caballo y Patriarca de Venecia: una inteligencia despierta, diríase aún preclara, dueña de esa exacta comprensión instantánea de situaciones, hombres y cosas, que le permitía un ejercicio preciso, caritativo y humorístico de la autoridad, que era irresitible. Les unía, eso sí, una fe indoblegable, un amor a la Iglesia parejo y esa sincera, franca y masculina atracción mutua de lo que es opuesto, pero afín. En el Cónclave, el cardenal Sarto halló un amigo y una columna de sostén, no teniendo cómo consolarse de esa impactante novedad que era el Papado. El aristócrata Merry del Val, al fin y al cabo de la raza del Cid, encontró un Señor a quien servir hasta el final.
Fue tal la compenetración de los ideales y de la comprensión del mundo, que pocos podrán jamás explicar de cuál de los dos, del rey o de su ministro, eran las medidas y acciones de gobierno que electrizaron a una Iglesia con casi centenarios prejuicios de derrota, al compás desacorde de los sonsonetes de modernidad. ¡El Modernismo ... ! Algunos, creyeron ver en el nuevo Papa un hombre de aspecto físico semejante a Pío IX, de quien temían hasta el nombre. Su advenimiento no fue bien recibido por todos; más bien, algunos de sus actos de gobierno fueron repudiados y comentados con odio en las Logias que circundaban al Pontífice. Pío X temía a los enemigos de fuera, pero más le preocupaban los de adentro, lo que maquinaban desde la sombre de algún despacho vaticano. Y en esta lucha tremenda, contabilizada por algunos escritores como semejante a la del Gran Pedro Fundador, se encontraron dos almas de gemelas espadas.
El Modernismo, ahora llamado Progresismo, y la gran Guerra (“il guerrone”) fueron los dos grandes tormentos de Pío X; el sabía que no vería la segunda, sobre cuya vecindad estaba completamente seguro. Y conocía el satánico carácter del primero, que también sabía no sería vencido en sus días.
La biografía de Pío X escrita por Merry del Val no puede ser sino apasionada, compuesta durante los varios años en que el autor sobrevivió a su Papa, con los aportes documentales e historiográficos propios, y aquellos que le fueron allegando todos los que conocieron al santo Papa.
Pío X fue una personalidad excepcional, cautivante en extremo, como atestiguara la totalidad del cuerpo diplomático acreditado en el Vaticano durante sus años; y, acaso, poseedora de esa extraña fascinación que ejercen sobre sus contemporáneos aquellos que tienen, junto a una vida psíquica, moral e intelectual excepcional y atractiva por sí misma, una santidad notoria que agrega vuelo sobrenatural a las más elevadas dotes terrenales. Es un hecho conocido que muchos diplomáticos, aún de naciones no católicas, pidieron ser removidos del Vaticano tras la muerte del Papa Sarto; tal era su estado de ánimo.
El libro incluye las versiones castellanas de los discursos y homilía del Papa Pío XII, en ocasión de beatificar primero, y canonizar finalmente en 1954, a su admirado Papa San Pío X, en cuyo homenaje tomó ese nombre al ser aclamado pontífice él mismo.

«El Papa San Pío X: Memorias», cardenal Rafael Merry del Val, Ediciones Fundación San Pío X, Buenos Aires, 2006; 200 páginas 21 x 15 cm., ISBN 950-99434-6-0

lunes, 25 de diciembre de 2006

Corros, corrillos ... ¡corridos!

Hay muchísimos católicos que se han quedado preocupados, pensando que S. S. Benedicto XVI rezó en la Mezquita Azul islámica en Turquía, asumiendo una posición litúrgica mahometama, cual es dirigir la cabeza hacia la Meca. Si descontamos que, según el rito musulmán a que se pertenezca, esta oración debería hacerse de rodillas y con el torso inclinado, e inclusive humillando la frente hasta el suelo, todo lo cual nadie parece haber presenciado en la circunstancia que mencionamos, lo cierto parece ser que, sobre este punto, se ha despertado la más encantadora logomaquia de los habitualmente indiferentes, y aún de los enconados adversarios, sobre la figura del Papa.
Una página peruana, un “blog” en realidad, merecedora del calificativo de erudita, presenta la cuestión con tal solvencia de abrumadora sensatez, que sencillamente los dirigimos hacia ella —con las debidas licencias y permisos y agradecimientos de estilo— e inclusive, copiándole la fotografía.
No se debe creer en forma acrítica todo lo que se lee, ni lo que se ve; vivimos en una época que, ya lo saben todos los que han leído las últimas noticias en el periódico “El Apocalipsis”, los enemigos propagarán la imagen del Anticristo por todas partes, “su” imagen. A lo mejor, esta frase quiere decir no solamente que se difundirá su rostro, si lo tiene; o su figura, si es presentable, sino aquellas imágenes que él quiere mostrarnos, las suyas, no las verdaderas ¿quién sabe? Parece que esto último no es una interpretación para despreciar, visto que una imagen puede más que 1.000 palabras.
San Pablo sí sabía, por eso dijo: “Examinadlo todo, y quedáos con lo mejor”.

Exactamente lo que acabamos de hacer.

domingo, 24 de diciembre de 2006

¡Feliz Nochebuena!







Estando el mundo en paz, nació el Redentor de María Virgen; y fué adorado por los pastores, avisados por los ángeles que cantaban



¡Hosanna en las alturas

Bendito el que viene en Nombre del Señor
Hosanna en las alturas!



sábado, 23 de diciembre de 2006

Navidad Benedictina

Todo el mundo sabe que el Papa Benedicto XVI ha hecho de sus críticas al mundo moderno un estilo muy personal; mucho más realista, que el de otros habitantes del Palacio Pontificio que mantuvieran, hasta el final de sus días, una inocultable admiración por su contorno político y un optimismo inacabable por una “primavera de la Iglesia” que nunca llegó.
El abandono de la lucha, especialmente en el concluyente terreno de los gestos, y la correlativa aceptación de la prevalencia (por lo menos en lo inmediato) de unas realidades temporales adversas al Evangelio, principia, acaso, con S. S. León XIII, primer Pontífice que, sin abdicar todavía totalmente de la lucha, consiente en pactar con el mundo revolucionario que domina el escenario político universal. En sus días, no quedan ya príncipes cristianos, con la posible y fragmentaria excepción del Emperador Francisco José I, de Austria-Hungría, cuya casa está también como pervadida por el tufo revolucionario de las ideas nuevas, e invariablemnte atacada por la tristeza de múltiples atentados mortales; ya por que las ideas de los católicos son definitivamente pesimistas en lo político (el Catolicismo: ¿no es pesimista respecto de la naturaleza humana ...?) o decididamente nostálgicas, como atestiguan las obras de Donoso Cortés, el conde de Maistre o el propio Balmes; ya, por que la lucha militar está perdida, parece como que el reconocimiento del “mundo” —en la peor de sus tres acepciones— es una imposición de la hora. La lucha parece perdida, y a las fuerzas del “progreso” —como desafían tronantes los ideólogos de entonces, como los de hogaño— no es sensato (ni seguro, vamos) contrarrestarlas, del mismo modo que no conviene oponerse al turbión del río, sino nadar en su mismo sentido, acompañando el movimiento sensual de la marea, hasta perderse ...
Ni Juan XXIII, ni Paulo VI (al menos en la mayor parte de su reinado), ni Juan Pablo II, rompieron con el pacto con el mundo, visto aún con la consistencia quasi mineral de esa cantera llamada “progreso”.
Para nosotros es fácil escribirlo, por que desde aquí nada resulta tan obscuro como para ellos en su tiempo, cuyos extravíos y pesares, nada tenebrosos desde nuestro sillón del siglo XXI, reluctaron la luz que alumbró nuestra época. Siempre es así; y también, siempre es bueno recordarlo.El Papa Ratzinger no teme afrontar con espíritu valeroso y crítico las realidades menos perfumadas del presente, como la casi total descristianización europea o la persecusión de los palestinos o los irakíes desplazados por la guerra, y no cede a las concesiones a que la diplomacia vaticana nos tenía acostumbrados. Ciertamente, no es la figura gigantesca del humorista Mastai-Ferreti frente a la caída, encerrado hasta su muerte en la colina Vaticana en protesta contra el horrendo latrocinio que —Don Bosco lo anunció— costaría la caída y la muerte a la casa de Saboya, pero que no quitaría jamás la sonrisa del Papa beato. Es Benedicto XVI dueño de un estilo más reposado, digamos “menos meridional”, que el de su ilustre predecesor, pero al propio tiempo, resulta poseedor de una rica e interesantísima personalidad, que permite contradistinguir netamente y con sorpresa, al otrora afamado teólogo cardenal Ratzinger del Papa Benedicto XVI.
La “comparancia” entre Benedicto XVI y el beato Pio IX no es ociosa; el cardenal Mastai-Ferreti, ocasional compañero de viaje de José de San Martín, ascendió al sillón de Pedro llenando la imaginación de los liberales de su tiempo de innumerables esperanzas; el cardenal Ratzinger, un progresista moderado, llegó al solio petrino como un hombre conocido y aceptable para las zonas menos radicales de los dos sectores enfrentados en la Iglesia. Pero para Dios, el Papa no es un cardenal afortunado sino una herramienta de Su Divina Providencia ... Pio IX terminó siendo un formidable defensor de la Fe, a expensas de su fama liberal.
El blog amigo Cruz y Fierro descubre un importantísimo paso papal en un sentido novedoso, en el saludo navideño de 2005, como una verdadera renovación del aire doctrinal en la Iglesia en la cual Benedicto XVI, de cara al Concilio Vaticano II, admite que es legítimo cuestionar sus canonizados decretos desde la perpectiva de la Tradición, y que es la forma acertada de hacerlo. El mensaje, cuya completa lectura es una obligación, es un análisis breve pero suculento del esterotipo creado a partir de una fantasía llamada “espíritu del concilio”, que fue más una trinchera de contestación anticatólica, que una legítima postura doctrinal de búsqueda de la verdad. Benedicto XVI la estudia sin ningún apasionamiento, casi asépticamente, a la manera en que el patólogo diseca con sincera curiosidad un raro tumor al que se hallaba cercano, presentándola como una ilusión que sufrieron algunos pobres desdichados y de la cual es tiempo de librarse, pero que dejó en la Iglesia la amarga sensación de una frustración para algunos, y de franco cisma para otros, a través de la permanencia histórica de lo que él denomina una hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura, con un acierto indudable.
La frustración que menciona el Papa es real (y no era necesario que lo ratificáramos nosotros); y fue consecuencia de existir en el seno de la Iglesia, una corriente que esperó, con incuestionable sinceridad y hasta con razonable honestidad, que de la propia militancia post-conciliar, conformada a ciertas reglas de conducta, de moral, de liturgia y de doctrina hasta entonces consideradas erróneas o contrarias al Evangelio, se seguiría para la Iglesia una era nueva, de esplendorosa “primavera” y mundanal triunfo —y que sería causa de que fuera perdiendo su identidad, a favor de una supuestamente futura cristificación anhelada y todavía no lograda. Este estatuto nuevo, pasaba por el abandono de los rigores que, según la tradicional espiritualidad cristiana, de cuño benedictino y tomista, debían adoptarse como necesaria compensación a los desórdenes provocados por el Pecado original; falta nuclear que, por esta razón, no tenía por qué infectar todavía la “doctrina” nueva, que ya no necesitaba el “mito moralista” de la Creación y la caída de Adán para el avance de la humanidad, ni por lo tanto tenía cabida en las modernas teologías; las que con toda razón, un sacerdote iluminado caracterizó como “deicidas”. En definitiva, Dios se iba alejando, al paso del crecimiento de la humanidad como factor autónomo de salvación; Dios, después de todo, no salvaría a la Humanidad, como probaba la historia, sino que ésta se alzaría por sí misma, por sus propios méritos, hasta Dios... Estas verdades no surgían directamente del texto histórico Sagrado, pero sí de su interpretación de fe, colada por el famoso e inasible espíritu del Concilio.
Ratzinger acaba de publicar un libro sobre los “mitos” bíblicos de los progresistas, del cual nos hemos ocupado días atrás; esta torcida interpretación mitológica de aquello que es la Eterna Verdad Revelada, y que es el soporte escriturístico indispensable para estas nuevas teologías deicidas cuyas consecuencia ya había denunciado tan sintéticamente en la Navidad de 2005.
Con esta fe corrompida ¿qué cabía esperar, cuál era el objeto de nuestra Esperanza? Nada, pues el futuro dichoso sería obra de nuestras manos, no de Las de Dios. Y eso no se espera, se hace.
El credo escatológico era, y sigue siendo, la fundamental línea divisoria entre aquellos que podríamos ya denominar “progresistas”, y la Tradición católica, la Iglesia de la Promesa, la Iglesia católica. O la humanidad militante, como Iglesia, ingresará por sus propios medios al Reino, merced a una evolución progresiva de sí misma hacia su fin —tal cual propone la épica dialéctica hegeliana, con el concurso eclesial de sus poetas menores y teólogos como Rahner, Tehilard de Chardin o von Balthasar— o bien, Cristo deberá venir a rescatarla de su última y máxima tribulación, provocada por la soberbia de los hombres y por su estupidez, y por la consiguiente turbación de sus facultades afectadas por el pecado que impedirán la visión de la Verdad. El Catecismo de la Iglesia católica, se inclina por esta última doctrina, en forma directa, simple, pero definitiva:
677. La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección (cf. Ap 19, 1-9). El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia (cf. Ap 13, 8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal (cf. Ap 20, 7-10) que hará descender desde el Cielo a su Esposa (cf. Ap 21, 2-4). El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final (cf. Ap 20, 12) después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa (cf. 2 P 3, 12-13).
¿Es Benedicto XVI un Papa puesto por Dios para terminar con la herejía progresista, y acaso entregar su vida en esa lucha?
Creemos que es así; no solamente la selección de su nombre es por sí misma una restauración, al apelar al Patrono de Europa, Patriarca del Monacato occidental, como tutor y guía seguro de su pontificado, sino que, como hemos dicho días atrás, su propio pasado progesista es un gonfalón de batalla para quien conoce desde adentro los errores que despedazan la Iglesia. Sabemos que Dios pone a los hombres frente a determinadas circunstancias para que realicen su Misión; algunos le “entran” al problema sin más, como San Benito, el Cid o Santa Catalina de Siena, a expensas de dejar sus piltrafas repartidas por todas partes, pero su tarea cumplida; otros, se buscan a sí mismos en la oportunidad que les da Dios para buscarlo a Él; como Napoleón, a quien se le encomendó liquidar la Revolución Francesa y restaurar una Europa herida por todas partes, y no buscar su gloria y expandir la enfermedad que él, sólo él, podía matar. Solo ante la certeza de la muerte, el Emperador se entregó santamente al Creador, pero su misión quedó inconclusa. Un acercamiento detallista a la Historia reciente, desde esta perspectiva, nos dejaría, pensamos, estupefactos y agriamente sorprendidos; así que ni prenderemos la luz, dándonos por satisfechos con solo mencionarlo.
Benedicto XVI, creemos, ha sido elegido por Dios para restaurar en serio la Iglesia destrozada, post primaveral y post conciliar, sellando las brechas, sanando las heridas, curando las llagas, restaurando la Esperanza y, al soldar los eslabones rotos de la Tradición, reponiendo la Fe verdadera. Los que comentamos aquí son sus primeros pasos, y parecen señalar esa dirección, a la cual parece dirigirse con decisión y sin descanso.
Recemos para que él acepte la Misión de su vida y para que Dios lo fortalezca, lo proteja, lo haga feliz en la tierra y lo libre de la mano de sus enemigos; y que de su mano, comience una nueva Navidad para la Iglesia.

¡Feliz Navidad Su Santidad!

viernes, 22 de diciembre de 2006

Carlos Sacheri ¡Presente!

Hoy se cumplen 32 años del asesinato de Carlos Alberto Sacheri; argentino, padre, marido, escritor, profesor y amigo ejemplar.
Sabemos que estas memoraciones traen dolor a sus hijos, a sus amigos y a todos los que lo quisimos. Pero es necesario recordarlo por que, ya muerto a la vida terrenal y nacido a la Vida Eterna, donde goza con los Ángeles de la Visión de Dios, no muera todavía su ejemplo, que es lo que quiso dejarle a su Patria y a los suyos, a la manera de un fervor del alma que no se extingue ni caduca con el hálito vital. Y que en buen cristiano, se llama Amor, y es la prueba concluyente de la previsible eternidad de la vida.
Hoy, como siempre, tan próximos a la fiesta única y definitiva del Amor de Dios, recordamos el legado de los amores de Bubi; aquellos de los cuales escribió, que explicó, anunció, defendió y sobre todas las cosas, profesó hasta el final.
Memorar las circunstancias de su muerte sería renovar un dolor ya lejano —paradojal y necesario acto de superación, que nos acerca al eterno presente divino— pero no contribuye, ahora, a devolver la sacralidad ejemplar a ese caudal de vida profanada por sus asesinos, y por los hijos y nietos de sus asesinos, que hoy detentan el mando para continuar la tarea homicida y que no soportan el perdón que se les ofrece. No tienen la fuerza, ni la autoridad: tienen el mando. La autoridad y la fuerza están del lado de las cosas que dejó Sacheri al partir, que acusan a sus asesinos con más fuerza que una nula pretensión fiscal, y los condenan con la severa luminosidad de la Verdad, ocultada bajo el celemín de la tontería por la mano torpe de los que penan por propia conciencia.
Caudal cuyo vigor germinal certeramente intuyó la bala asesina, aunque no comprendió que, mientras destrozaba, edificaba, y cuando mataba, daba vida.
Sacheri está presente en todas partes donde se diga una verdad, donde se cite su autoridad, donde se defienda a la Iglesia profanada, donde se ame la Patria que él amó, o donde se encumbre la Vida. Pero a la manera en que están presentes los que han dado vitalidad a las venas antiguas de la Cristiandad, inyectándole el propio sacrificio oblado en la búsqueda alegre, afanosa e inteligente del Reino de Dios y su Justicia.
Y así, con fuerza y con dolor, y con alegría y tristeza, te decimos ¡Presente!

miércoles, 20 de diciembre de 2006

El Papa "modificó" la fórmula de la Consagración

Algunos de nuestros sitios amigos han dado sensata cuenta de la burrada publicada por cierto diario rosarino, según la cual, Su Santidad habría modificado la fórmula de la Consagración de la Santa Misa. El asunto requiere alguna aclaración, por que en la Iglesia Católica, depositaria y no nada dueña de la Sacrosanta Liturgia enseñada por Cristo mismo, ni el Papa puede modificar lo que es de Tradición Divina, o sea, instaurado por Dios mismo, conforme se puede leer en el Catecismo de la Iglesia católica, números 1116, 1125 y 1205. Inclusive ésta es la razón de que nadie, ni pesbítero, ni obispo, pueda a su arbitrio modificar los textos de la Sagrada Liturgia sin traicionar a la Iglesia, al Cuerpo Místico y sin agraviar seriamente a los fieles, que esperan de ellos los signos eficaces de su salvación, y no circunvoluciones de la creatividad personal del celebrante.
Si el animal olfato maligno que poseemos no nos engaña, el sentido de publicar semejante noticia, —que se refiere, de verdad verdadera, a la TRADUCCIÓN de la fórmula de la Consagración de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor, asunto que ya hemos hecho desfilar dos veces por nuestra páginas, y no a alguna reforma de la Sagrada Liturgia en cosa tan definitiva— es crear cierta incertidumbre sobre el origen y valor de la Santa Misa, abriendo más aún las mentes, a las “creatividades” de los pedagógicos innovadores.
No creemos posible que el centenario diario de Lagos no tenga asesores religiosos con algún mínimo de instrucción católica, o al menos de información actualizada, como tenemos nosotros, que somos menos que unos equinos en este ramo. Y que en consecuencia se “coman” semejante “pescado podrido” (vea la nota original).
Creímos necesaria la aclaración; y en pocos días más, cuando el veraniego sosiego nos lo permita, cabe algún jugoso alfalfar cual oníricas cuán edénicas arras, comprometémosnos en la labranza de algún nuevo aporte al problema de las traducciones de la Santa Misa. Y del barroquismo del lenguaje. Pero no aseguramos ningún éxito en lo segundo.

AVISO

Por razones técnicas insuperables de buen gobierno y cristiana policía, hemos debido de quitar la musiquita que acompañaba la lectura de nuestra página; puesto que con buenos argumentos nos han indicado su inconveniencia. Y habíamos prometido hacerlo así, si nos demostraban que era necesario este rearmado de nuestro blog.
No tememos indicar que no nos ha costado nada; lo hemos hecho con plena y franca alegría y sin dudar ni un instante. (¡Mózart, dónde estás!). Hasta pronto y gracias por su comprensión.

lunes, 18 de diciembre de 2006

AVISO - Juicio por jurados


Un lector, amabilísimo, nos ha solicitado una ampliación de los fundamentos por los cuales no compartimos esta modalidad de administración de justicia. Trataremos de satisfacerlo, pero le pedimos un poco de paciencia, por que no lo teníamos previsto y demoraremos algo en hacerlo.

Hemos incorporado música. Si no les es agradable, háganoslo saber y la quitaremos. Lo que no haremos, será incoporar música que no nos guste ¡eso nunca! Si alguno quisiera escuchar a Alban Berg o a Schöenberg, o ... (no lo digo), NO le haremos caso. Con algún que otro germano, como el autor de lo que estáis oyendo, bueno ...

Post Aborto y dolor

La ciencia moderna, una presumida que desprecia su plebeyo nombre verdadero de “técnica”, no quiere reconocer sus errores y, sobre todo, no quiere dejar de intentar llevarle la delantera a la Moral, creyendo que la vida es una carrera de postas en la que gana el que grita más fuerte, tiene más programas de televisión, y predica con más vehemencia —aunque sea sin razón.
El aborto es uno de los dramas modernos más proclamados, menos estudiados, más crueles y menos convincentes. Pero lo que es innegable es que, detrás del escandaloso griterío que tanto agrada a los partidarios de este asesinato, existe una realidad moral, psíquica y física cuya serena ponderación no ocupa demasiado del tiempo de los científicos modernos. Ni de los sanitaristas, ni los políticos.
Al tomarse como inflexible punto de partida su supuesto carácter esencialmente indiferente a la moral, o mejor dicho, prescindente de lo moral, se echan al basurero, junto con los despojos mortales de una vida incipiente destrozada por el egoísmo, las consecuencias funestas que, como cualquier otro acto moral desarreglado, se proyectan sobre el autor del hecho, y que siempre, o casi siempre, son proporcionadas al hecho inmoral. El dicho popular de que “en el crimen está la pena”, pocas veces en la vida, creemos, alcanza tan patética significación.
Se habla farisaicamente de recuperar a los delincuentes en otros ramos de la vida criminal, pero se olvida al más desgraciado de todos los delincuentes; aquel que, por la naturaleza de su crimen, de no purgar su pena públicamente, quedará para siempre a solas con su conciencia, a merced de una falta que, de una manera íntima e intrascendente, desgarrará su alma, atormentada por una pena ilevantable y, sin la menor duda, pavorosamente patógena.
Que el aborto se trata del más repugnante homicidio, con elementos filicidas y “proditorios”, como decía la añeja doctrina penal española, no cabe la menor duda. Así que esta culturita posmoral (para qué hablar de “postmodernidad”, que no quiere decir nada), lo querrá justificar de mil modos; pero definitivamente, no lo entiende, eso no.
Si la alternativa que se ofrece es que deba prevalecer un hipotético derecho de la mujer (y ... no, Madre no) a su felicidad, a expensas de la muerte de su hijo inocente, no es algo que ofrezca demasiadas dudas que, lo primero que se echa en falta, es la sensatez. Si al sexo entre varón y mujer se le conmuta su natural fin de ser causa de fertilidad, por el de ser mero placer o recreación, lo que no hay es sexo humano, sino animal, y un hijo siempre será un efecto inesperado.
La cuestión del aborto resulta ser, pues, enormemente difundida pero, como decimos, muy poco estudiada e infinitamente incomprendida; si se acude a las centenares de bien financiadas páginas web de asociaciones proaborto (¿existirá alguna asociación "pro magnicidio"? si alguien sabe ...) se podría llegar a pensar que, sobre esto, todo se sabe ya, o ya está dicho. Pero la verdad es otra.
Un estudio crítico completo sobre el aborto como tal, en cuanto tal, no parece haber visto la luz, si es que es tolerable semejante metáfora en este tema.
Ya conocemos hasta el hartazgo los argumentos a su favor como supuesto “paliativo”, o como remedio o como alternativa, a situaciones personales probablemente conflictivas o altamente traumáticas, pero no conocemos que se lo haya estudiado desprendido completamente de éstas circunstancias, que ni con mucho, son siquiera su causa próxima o remota, sino a lo más, su ocasión; o su pretexto.
Sin embargo, se encuentran variados estudios que pueden acercarnos, al menos, algunas facetas de su cruda facticidad, con las cuales componer una inspección más completa.
Existen recónditos aspectos, por ejemplo, que, confiados a la pluma irrefutable de grandes escritores, han permitido como una reviviscencia de la patética visión del bebe abortado, como el conocidísimo “Autobiografía del hijito que no nació”, de Hugo Wast. O el gran Eurípides, pero nadie lo tolera ni quiere leerlo hoy en día.
Posiblemnente uno de los problemas más serios (si descontamos el asesinato en sí) que existan en torno al aborto sea, como decíamos arriba, los efectos o “secuela post aborto”, aunque es más exacto llamarlo “síndrome” post aborto, pues sus consecuencias abarcan una variada gama de posibilidades ordinariamente desconocidas, efectos, vivencias y consecuencias que afectan la vida toda de la filicida y su contorno; e inclusive, las señalan por varias generaciones.
En el Prólogo al libro de Philippe de Cathelineau “Les lendemains douloureux de l'abortement”, subtitulado “Cuando Raquel llora a sus hijos”, el cardenal Alfonso López Trujillo cuenta que el problema del “síndrome” es, al día de hoy, completamente ignorado en Europa, pese a que la prestigiosa British Medical Journal, en 2001, ha prestado sus columnas a un trabajo de los doctores D.C. Reardon y J. R. Cougle, para hacer público un artículo sobre las situaciones depresivas posteriores a embarazos “no deseados” que culminaron en abortos. Sobre un grupo de 4463 mujeres, estudiadas durante al menos 8 años, y que decidieron terminar su embarazo no deseado por medio de un aborto, se ha establecido que, en los años siguientes, se hallaron expuestas a sufrir una grave depresión, en un 138% más que aquellas otras mujeres que llevaron su embarazo a término; una de las entrevistadas, informó que los años posteriores al aborto fueron “un calvario psicológico”, para aquellas que no resolvieron afrontar la vida con valor.
Un nuevo trabajo de los mismos doctores, acompañados también por el Dr. P. G. Ney, fue publicado en 2003 por el Canadian Medical Association Journal, tomándose esta vez como universo inspeccionado un grupo de 138.666 casos, en los cuales prevalecía la ambientación general de pobreza. El estudio probó que las atenciones en los servicios locales de psiquiatría por casos de depresión, recidiva de depresión, enfermedad maniaco depresiva y otras dolencias psiquiátricas de menor importancia, eran más frecuentes en las casas de mujeres que habían abortado, que en las de aquellas mujeres que habían conservado a su hijo. ¡Fijarse bien! En las “casas” de las mujeres que han abortado ... es decir que la depresión se traslada a todo el grupo familiar, cuando lo hay.
Por lo demás, en la mayor parte de los países donde se ha “legalizado” el aborto, como Rusia, los servicios locales médicos tratan la intervención como una cirugía menor, realizada de ordinario en condiciones de asepsia deplorables y sin ningún seguimiento post traumático. Equivalente, por decir algo, a una peluqería completa. En los países sudamericanos, donde la tensión proabortista es mucho mayor, el argumento han sido siempre las “víctimas”, que llaman así a las mujeres que, abortar en malas condicions de antisepsia, o mueren o quedan con enfermedades graves.
Sería bueno, siguiendo este estudio, informarse sobre qué condiciones se dan en los países que han “legalizado” el aborto y cuál es el resultado comparativo de enfermedades post aborto.
El autor de esta obra, es médico y padre de una familia numerosa —además de llevar el honroso apellido de un héroe vandeano— y se ha dedicado también a la novela bíblica, lo que se deja adivinar tras el sugestivo subtítulo de su obra: El llanto de Raquel.
Sean bienvenidas estas obras, fruto que son de honrados estudios y no de venales componendas; no obstante, cuadra decir que a los católicos no nos enseña nada nuevo, nada que no hayamos sabido desde siempre, aunque muchos sigan prefiriendo una ignorancia simpática y tolerante ...
El principal factor causal del desorden psicológico del hombre, es el mismo que produce todo otro tipo de desorden: el pecado. Si no lo restaña la Gracia, poco puede hacer la Ciencia; con mayúscula o con minúscula, da igual, por que la enfermedad, como hermana del mal y de la muerte, entró al mundo con el pecado.
Pero ¡ánimo! que no hay sentencias divinas que no sean, a la vez, misericordia pura del Creador; el amplio y rudo “parirás con dolor” de la condena del Génesis, que no se limita a los dolores físicos, bien que alcanza a los dolores morales y psicológicos de la maternidad, es verdaderamente dulce como proemio al abrazo del retoño; y ni qué decir, al lado del sombrío infierno que hay detrás de la obstinada negación al amor, que encierra el placer sin fecundidad. Y sobre todo, cuando la conciencia debe cargar con una vida inocente, por toda la vida.

domingo, 17 de diciembre de 2006

Lírica pura

Hoy es Domingo, el día del Señor.

Como regalo de madrugada, he encontrado el blog de una enamorada (creo que es una mujer) de la ópera que no resisto la tentación de comunicároslo. Se llama "Opera Siempre", y la propietaria o autora, se esconde tras el nombre de "Lagioconda". Su exposición de motivos es sencillísima; y cito: «Los más emocionantes hallazgos dejarían de deleitarme si tuviera que guardarlos sólo para mí». Aceptamos la invitación implícita.

Contiene una recopilación de videos de arias de óperas interpretadas por los mejores de todos.

Dése nomás una vuelta por el Teatro ...

sábado, 16 de diciembre de 2006

«Las lecciones del capitán»

Hemos recibido el libro cuyo título encabeza la presente entrada. Lo dedica su autor, Juan Luis Gallardo, a “quienes se esfuerzan por seguir amando a su Patria”; en realidad dice: “a los argentinos” que se esfuerzan ... etc. El amor a la Patria terrenal, es una virtud natural asociada al deber de la piedad; es un bien en todo el universo, cuando sea que existan simultáneamente un hombre y una patria.
Por eso, hemos ampliado por nuestra cuenta una dedicatoria de tan generoso propósito que, sin haber siquiera ojeado el libro —apenas llegado ahora—, no dudamos tendrá acabado cumplimiento de parte de quien suma, a su laboriosa e inteligente dedicación a las letras, una acción patriótica de innegable entrega personal.
Otra vez, si Dios quiere, haremos un comentario.
«Las lecciones del capitán», Ediciones Lictio, Mendoza, 2006, 101 páginas 21 x 15. ISBN 987-22773-2-X.

El Cuerpo Místico y Fidel Castro

Parece que a algunos no les ha gustado que pidamos oraciones por el alma de Fidel Castro, sea que las necesite para su conversión o ya como sufragio; los entendemos, pero no compartimos lo que creen. Nosotros preferimos creer que la vida eterna se gana en este mundo por los méritos de Cristo; y que si no rezamos por nuestros enemigos, nadie lo hará y se podrían condenar. Y se nos podría reprochar a nosotros. Especialmente en los casos de los que están por llevar ante el Padre Eterno, unos pecadotes que tiran pa’bajo a cualquiera.
«María del Carmen González-Valerio y Saénz de Heredia nació el 14 de marzo de 1930 y murió en Madrid el 17 de julio de 1939. Su padre fue fusilado durante la guerra civil, y la niña ofreció su vida por la salvación de los asesinos de su padre. Ya ha sido declarada venerable mediante el Decreto sobre la heroicidad de sus virtudes, publicado el 12 de enero de 1996. También hay ya un hecho extraordinario que se juzga como milagro y que está siendo estudiado por la Santa Sede». La Arquidiócesis de Madrid honra como Venerable a esta niña, cuyo principal mérito es haber ofrecido sus sufrimientos, su vida misma, por los enemigos de Dios y de España que asesinaron a su familia. Su madre, luego del asesinato de su padre en agosto de 1936, hubo de refugiarse en la Embajada de Bélgica hasta el fin de la guerra, en 1939, por que era prima de José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia.

Esto es la Comunión de los Santos, la aplicación de los méritos de algunos, a todo el Cuerpo Místico, por que todos los bienes acumulados se agrupan en El Mérito por antonomasia y excelencia, la Pasión de Cristo Redentor. Si Manuel Azaña, responsable consciente de la matanza de cientos de miles de españoles por causa de su fe, ha podido arrepentirse y recibir los Sacramentos pocas horas antes de su muerte en Montauban, Francia, en 1940 ¿por qué no Fidel ...? si alguien reza por él. ¿O acaso esperan que lo haga el "Obispo Chávez" o el anciano asesino Santiago Carrillo (91), que todavía anda por ahí esperando que Dios se acuerde de él?

Aviso

Con relación a la entrada anterior, mucha gente ha manifestado su asombro e incredulidad anta la propuesta de cierta denominación evangélica de hacer su "obispo mayor" a Hugo Chávez, de manera que les enlazamos las noticias desde su misma fuente, además de los que tiene el artículo principal (que tenía un error de ortografía que ahora corrijo). La noticia en realidad (según una advertencia que hay en ACIprensa) es del año 2001, y si nosotros la tomamos, es porque no somos un noticioso. Sobre la razón de ACI de propagarla ahora, nada sabemos.
Diario El Mundo de Caracas;Noticias de Venezuela; Noticias24;y algunos bloggistas, o cómo se llamen. Por ejemplo éste, y este otro, que es medio pro-yanki pero parece buena persona, aunque completamente despistado.
Y como mientras hay vida hay esperanza, mañana en Misa, recemos por Fidel, por que nadie (pensamos) irá a darle la Extrema Unción; aunque quiera Dios que nos equivoquemos, y alguno vaya dársela y él quiera recibirla.

viernes, 15 de diciembre de 2006

De papistas, obispos evangélicos y heresiarcas

La noticia ha dado la vuelta al mundo varias veces, y nos parece que no siempre en forma demasiado inocente, que digamos ...
Su Santidad liberará totalmente (en futuro del imperativo y no en potencial) la facultad para la celebración de la Santa Misa según el Misal de 1962; ¿de qué la liberará? de la “tutela” de los Obispos, por no haber sido éstos, sensibles al Motu proprio Ecclesia Dei afflicta ni comprensivos con todos los sectores afines a la Tradición, que solamente en raras ocasiones han podido obtener lo que era su derecho y, por su dureza, haber mantenido el conflicto hasta nuestros días.
El caso es que, a pesar de que Roma siempre ha entendido que la Liturgia anterior a 1969, en términos generales, no estaba derogada, ni suprimida, ni prohibida en la Iglesia, sino que había sido,...eeh, emm... estee... “superada” por las nuevas formas litúrgicas, a las cuales, al menos inicialmente, nunca se les dió el carácter de “nuevo rito”, sino de nuevo ritual, nunca se logró, a partir de 1988 en que apareció el Motu Proprio de S. S. Juan Pablo II, que existieran abundancia de espíritus sensibles a esta “justa aspiración” de los fieles. Nótese que hablamos de fieles y no de lefebvristas, por que la mayoría de los casos han sido los de aquellos que, sintiéndose asociados indisolublemente a las formas litúrgicas tradicionales, no militaron jamás en ningún movimiento sospechoso de cisma, e igualmente fueron relegados al olvido y no se les concedió lo que el Motu Proprio decía.
Y a propósito de “cismas” (es claro: es aquí a donde queríamos llegar), cierta agencia notioficiosa católica de origen peruano —ordinariamente muy seria, confiable y circunspecta— cada vez que se refiere a nuestros hermanos de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, no logra alcanzar la caridad de desprenderse de las palabras ‘cisma’ o ‘cismático’, que no solamente no se usan (ni se usaron nunca) en Roma con relación a la FSSPX en forma global, sino que parecen martillarle a ellos tenazmente, vaya uno a saber en dónde.
Extraña por ello que cuando, haciendo referencia a nuestros hermanos separados (pero separados de verdad, del todo, cismáticos en serio), los protestantes, y especialmente a aquellos pertenecientes a las ‘denominaciones’ más combativamente anticatólicas, no se utilicen también machaconamente las palabras “herejes” o “herejía”, que con tanta precisión les caerían, al menos en los casos como el de la noticia que enlazamos; que es, en verdad, de una malignidad evidente y probatoria de herejía y de cisma juntos.

El neobispo, ya revestido, impartiendo
los últimos sacramentos a un
enfermito que le tiene la vela

Noticia que, por otra parte, demostraría que el bueno de Chávez, Hugo, marxistoide “neobolivariano” originario de Venezuela, además de ser un agente yanki-protestante encubierto, como sospecha casi todo el mundo, tiene pretensiones de jefazo de una Iglesia nacional “bolivariana”, puestazo que le han ofrecido los evangelistas, previo “preconizarlo” como obispo. La Agencia noticiosa en cuestión hace muy bien en dejar toda esta maniobra al descubierto.
¡El “Obispo Chávez”! ¿Se lo imagina sentado en la Conferencia Episcopal, charlando con el cardenal Bergoglio sobre los horarios de celebración de la Misa Tradicional? Sin ofender a nadie, claro.
Cuidado, pues, dónde se quieren encontrar enemigos; que los de verdá verdadera, nunca faltan y nos tienen que encontrar juntos.
Es recomendable pues que, si a los de afuera tratamos de no ofenderlos en nada (pese a merecerse una pateadura jefe, con obispo nuevo incluido), entre hermanos, nos tratemos con más caridad, sin abandonarnos a los capillismos y la tilinguería que, lejos de sumar, desparraman, y son un poquito hipócritas.

Tu es sacerdos in æternum, II

Días pasados nos formulábamos algunas preguntas sobre las vocaciones sacerdotales; damos por presupuesta la existencia de los llamados divinos, que pueden ser internos (por una moción del Espíritu Santo) o externos (por Sus mismos labios, como a los Apóstoles, o por las Sagradas Escrituras, que deben sentirse como Su palabra misma); o sea, dejamos descontado que existen siempre las vocaciones, principalmente por que Dios nada niega, de los bienes que son necesarios. Como los sacramentos son los signos eficaces de la Gracia y, por lo tanto, indispensables en y para la vida cristiana o, mejor aún, para la humana salvación; si especialmente en vista de la confección de los sacramentos de la Sagrada Eucaristía y de la Penitencia, es requerido el Sacramento del Orden, el sacerdocio ordenado, y siendo que el primero de los Sacramentos mencionados es el centro mismo de la vida de la Gracia, como acaban de reiterar los últimos dos papas y expusiera con holgada maestría Paulo VI en su Encíclia Mysterium Fidei, los sacerdotes deben considerarse un bien necesario, del que Dios no podría privarnos sin contradecirse; por cuanto, ordinariamente, sin Sacramentos no hay salvación posible. De modo que también son bienes necesarios para la salvación, los medios indispensables para obtener los Sacramentos.
Si Dios negase lo necesario, es decir, aquello que es preciso según el orden de la naturaleza de las cosas (de la sobrenaturaleza, en este caso, pues es la naturaleza de la Salvación ser sobrenatural), sería como decir que no da aquella fuerza o la virtud suficiente, que es necesaria para la salvación que Él exige; o lo que es igual, que pone la dureza de la exigencia o la prueba, antes que los medios de la gracia para superarlas, tal como era en la ley antigua, según atestigua San Pablo en la Epístola a los Romanos; con lo cual, esta presente Era de la Gracia sería verdaderamente inferior a la venida del Mesías, lo cual es insostenible. Y es, además, una proposición contraria a la doctrina fijada por el Magisterio, como consta en Dz. 1092, en ocasión de condenarse algunos errores jansenistas.
Afirmar, pues, que Dios no da a la Iglesia las vocaciones sacerdotales que la Iglesia necesita es, a nuestro juicio, una proposición jansenista y equivocada, que no debe sostenerse sin temerse la ira divina y que es, además, una afrenta directa a la Divina Providencia, que no permite ningún mal sin poner a la vez el remedio, ni acaso, extraer de ello abundantes bienes según Sus misteriosos designios.
Según lo dicho y como en Dios no hay mal ni defecto alguno, es una injusticia contra la honra que Le es debida, afirmar que Dios no suscita las vocaciones necesarias.¡Fantástico! entonces ¿porqué rezamos por las vocaciones? Parecería que por dos razones:
1) Por la misma razón por la cual rezamos por la obtención de los demás bienes, no obstante la promesa de Cristo de que Dios proveería, inclusive, con relación a nuestra cobertura capilar. Es decir, por que es un signo de confianza en Él y eso, nos hace bien a nosotros, no a Él. Y por que la oración puede cambiar no los designios de Dios, que son eternos e inmutables, sino su concreción en el tiempo, del mismo modo en que Jesús, antes de “su” tiempo, convirtió el agua en vino, para satisfacer la oración confiada de su Madre. Y
2) Siendo que Dios obra ordinariamente según el orden de la naturaleza, creada por Él, rezamos para que dicha naturaleza esté bien dispuesta. Después de que el joven rico afirmara cumplir con los mandamientos, Cristo le dijo: «Pues anda, vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y sígueme», pero el joven se retiró entristecido por que tenía mucha plata —aunque las Sagradas Letras no dicen que después no haya vuelto. En otros términos, rezamos para que exista la comprensión del llamado y el coraje de atenderlo, como fue la respuesta del joven Samuel: «Habla, Señor, que tu siervo escucha». Hay quienes se hacen los sordos o, como dice San Agustín, «Te llama el Oriente (o sea Cristo) y tú miras a Occidente».
En materia de respetos humanos, Santo Tomás de Aquino, en una obrita admirable —y muy, pero muy, recomendable— sobre la vida religiosa, “Contra Retraentes”, afirma ser falso que sea necesario, o siquiera recomendable, cumplir primero con los mandamientos para después poder seguir los consejos evangélicos, falsedad que prueba diciendo que, quien más lejos esté de la perfección, más necesaria le resulta la vía de la vigilancia (o sea la vida religiosa), pues así le será más fácil abstenerse de los pecados que embarran su vida y amenazan su salvación.
También dice que es falso que sea preciso requerir el consejo de hombres sabios antes de atender al llamado de una vocación, por qué —juzga el santo Doctor— quien ha oído a Cristo directamente, ¿sobre qué podría aconsejarse con los hombres ... ? Y es que a Cristo —afirma el Aquinate— se lo oye directamente en las Sagradas Escrituras. “Ningún motivo humano”, recuerda el Angélico, “nos debe retardar en el servicio de Dios”. Excusado parece mencionar, que Santo Tomás considera el consejo de terceros como un baladí motivo humano, cuando existe el llamado del Cielo.
Así, con esta sintética brevedad que nos acerca el Angélico, creemos dejar despejada la primera cuestión, que es sin duda determinante de las demás.
Y ahora viene la parte peliaguda: ¿Qué es lo que hace la Iglesia institucional con esas vocaciones? El estímulo y la recta ordenación del sacerdocio pertenece a la Iglesia —“institución”; toca a la jerarquía educar, ordenar, conservar y proteger lo que Dios da. La Iglesia no es dueña de los dones que recibe de Dios, sino su administradora. Debe formar a los seminaristas según los preceptos evangélicos contenidos en la Revelación; cuidar muchísimo y esmeradamente la formación del futuro sacerdote, conociendo que, en él, se ha recibido un don de lo Alto del que se pedirán cuentas.
Precisamente por el infinito valor del sacerdote, la primer acepción que siempre se ha dado a la sentencia de Nuestro Señor: «Lo que hiciéreis con uno de éstos, conmigo lo hacéis...», está referida por antonomasia a los sacerdotes, que son “éstos” elegidos por Él y que lo acompañan en su Sacerdocio eterno, y sólo por extensión analógica a los pobres. La primera en cumplir con esta carga, debe ser la Iglesia jerárquica.
Por lo tanto, la deserción de las vocaciones está definitivamente ligada a una de estas dos alternativas: O la Jerarquía, o aquellos que se sienten convocados al sacerdocio (que son todos parte de la Iglesia militante) no atienden adecuadamente al llamado de Dios.
Próximamente, el alucinante final ...

jueves, 14 de diciembre de 2006

Satanismo y delincuencia

La revista digital italiana Panorama informa sobre la creación y futuro desempeño de una brigada o escuadra especial “antisatanismo”, cuya finalidad es la intervención en todos aquellos casos en los cuales exista o pueda presumirse la posibilidad de que exista, alguna vinculación con sectas satánicas, funcionando también como oficina colectora de información preventiva sobre las actividades de los satanistas, que son considerados grupos peligrosos. Como todos sabemos, en realidad el diablo no existe; y como ya hemos dicho hace unos pocos envíos atrás, no hay nignún demonio que sea ateo, de manera que, en forma preventiva, la eficaz escuadra cuenta en su dotación con ... un sacerdote, con el propósito de aumentar su eficacia práctica. No es un curita progresistón que considere a Satanás solamente un cuento para chicos o para infradotados de los siglos pasados, o un mito inaceptable para los que vivimos en este tenebroso siglo de la iluminación eléctrica, la iluminación mental, la iluminación ... masónica, sino un verdadero especialista en satanismo.El artículo destaca que, sólo en Italia, existen ya unas 8.000 sectas satánicas con más de 600.000 adherentes, ocultos tras las greñosas barbas de los “gurús, santones y ocultistas” —como dice la noticia— y que son una verdadera procupación para las casi siempre realistas autoridades italianas, cualquiera sea su signo político. El reconocimiento de la vinculación directa entre el satanismo y el crimen, es una muestra de inteligencia práctica que podría ser imitada en otros parajes del Universo mundo; especialmente, en aquellos lugares donde ya se han presentado casos de jovencitos, a veces rockeros “duros”, que han cometido crímenes terribles estimulados por ciertas corrientes satanistas presentes en los espectáculos, la iconografía dominante o las lecturas frecuentadas; o donde se hayan dado, ya, difamaciones, asaltos o asesinatos inexplicables de sacerdotes, como aconteción hace poco en Chile, perpetrados con inusual saña.
En un lamentable caso sucedido en la ciudad argentina de Carmen de Patagones, por ejemplo, se sabe que han existido elementos satánicos que la prensa ha intentado ocultar. El satanismo, que es la causa oculta, se conoce principalmente por sus efectos; así, pueden tener alguna explicación ciertos crímenes innecesariamente violentos o dotados de características inusuales e incomprensibles para esta clase de hechos, que uno diría que parecen actos rituales, y que desconciertan a los investigadores y a la sociedad. Comprender qué cada cosa es efecto de otra anterior, es obrar con algo de inteligencia y con apego al principio mismo de toda ciencia, que es el conocimiento cierto por las causas. No existen efectos sin causas proporcionadas; se dice que la droga lleva a la violencia, mas todos sabemos que adónde lleva, antes que a nada, es a la idiotización mental, a la torpeza sensorial y a la turbidez de la razón, pero deja parcialmente inexplicado el fenómeno moderno de la violencia gratuita. Tal vez corresponda algún día, decir algo sobre los inocentes dibujitos animados orientales (y no estamos aludiendo a nuestros enojados vecinos uruguayos) y su incidencia en la morbosidad mental infantil, o la de los juegos de PC con abundantes elementos satánicos y una sobreestimulación constante a la destrucción irracional, como también las páginas de Internet de, o sobre, satanismo (¡son miles!).
¿Y la violencia ...? ¡Preguntarse, hombre, preguntase! Los italianos, en un adelanto que merecerá seguirse para ver sus resultados, han dado una respuesta bastante sensata y realista, valorando la globalidad del problema, antes que darle aires a argumentaciones sociologistas que, salvo agitar los espíritus, conllevar en algunos casos la absolución del culpable y dejar maltrecha a la sociedad, no sirven para nada. Respuestas realistas que, si no exigen necesariamente la fe católica, sí al menos inteligencia política (que es culturalmente católica), sentido de la observación, noción de juicio práctico y aplicación racional del principio de causalidad; algo así como la añadidura que Cristo prometió a quienes buscan el Reino de Dios y su Justicia. Si lo buscan.
Esto lo consideramos, pues, una muestra de verdadera PREVENCIÓN inteligente, hija de una Política Criminal por lo menos previsora —sino eficaz— y no la simple, estúpida e inepta ramplonería de toquetear permanentemente las escalas penales, a cada arcada social más o menos compulsiva (o provocada), o esa insufrible malignidad de condenar a priori a los detenidos por ciertos delitos, que son presuntos inocentes, declarando Inexcarcelables sus detenciones preventivas, y que son más consecuencias de la ignorancia jurídica, de la bajeza moral de los políticos y de la obnubilación de la razón provocada por la ira de los plebeyos, que una derivación razonada de las necesidades presentes.


Para los políticos indígenas hay aquí, pues, un buen ejemplo a imitar; así que duerman tranquilos los satanistas (si es que lo hacen nunca jamás) que acá, no lo seguirán.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Orgía parlamentaria

Una vista panorámica de los documentos preparatorios en la Mesa de Trabajo
Los representantes parlamentarios de los partidos políticos (antaño decían serlo del pueblo), no se andan con morcillas a la hora de orientar su premiosa solicitud hacia el Bien Común. Es ésta, y no cualquier churrasco de agua caliente, la causa de que todas, pero todas sus iniciativas —y aunque a veces algunas caigan en el vacío y la incomprensión de los cerdos de siempre— sean, en verdad, cuestiones de gran alcance moral en la difícil paleta de una vida que, acaso galopando a los lomos de los inclementes tiempos presentes, exijan al sacrificado legislador esforzados conatos de gimnasia intelectual; mucho más elevada que lo que se pide al pobre individuo del común, viador de lo repetido y rutinario de la vida, cual infinita tira sin cortes. Estas iniciativas, por su elevada y abstrusa elaboración, suelen poner finalmente la tapa a los escépticos, cuando llega el feliz caso de cristalizarse en hermosísimas normas, que se convierten en el riñón mismo de la convivencia humana, permitiendo a los habitantes de la Nación, escapar de la ensalada que arman los ignaros de siempre, meros lechones del régimen depuesto, que se resisten a comerse su evidente anacronismo, cual ascua de brasa que se niega a desaparecer.
Uno de estos esforzados, egregios y perínclitos ciudadanos, ha presentado un Proyecto de Ley que, de concretarse en un luminoso precepto positivo que pasará a engrosar el modesto chorizo de solamente 28.000 leyes de este (por ahora) desdichado país, repondrá definitivamente la justicia histórica que es debida a un modesto instrumento asociado indisolublemente, como chinchulín trenzado, a la felicidad nacional: La Parrilla.
Prevemos un acalorado debate en la Comisión respectiva (una imagen de cuyo principal objetor
, ofrecemos a la derecha de nuestros lectores) para esta determinante iniciativa. Y confiamos ‘de’ que, por el inocente hecho de honrarse a esta feliz herramienta —que las malas cabezas, siempre acechantes, insisten en asociar con la represión de la feroz dictablanda vencida por la demosgracia en 1983— este señor diputado, miembro del partido oficialista, no deberá sufrir la justa persecución de que fuera objeto cierto obispo castrense, acusado de mencionar una cita evangélica con evidentes ecos represivos.
Hay gente que para divertirse le arruina la vida a los demás; nosotros, en cambio, lo hacemos, si nos invitan, con un asadito en la famosísima localidad de Beautiful View, mientras escribimos en un blog.
Desde luego, nos quedamos con nuestra diversión: así no achicharramos a nadie.

La Misa Tradicional

Los redactores del blog Rorate Cæli han demostrado una vez más su indiscutible profesionalismo, no haciéndose ascos a la hora de hacer una lectura de Le Figaro de París, del cual han comentado una noticia que, si bien es antiquísima, nunca antes había hallado eco en un medio de difusión de gran tirada. Así lo recuerda el blog, haciendo pié en que se trata de una antigua noticia, sobre una antigua comisión, respecto de una antigua Misa.
La nota recuerda que en el año 1982, a pedido del Papa Juan Pablo II una Comisión integrada por 9 cardenales, entre ellos Joseph Ratzinger, estudió detenidamente la cuestión de la posible y eventual supresión de la Misa Tradicional, en uso en la Iglesia desde los tiempos apostólicos y hasta 1969, llegando a conclusiones como éstas: “No, la Misa de San Pío V jamás fue suprimida”. La segunda pregunta que se les efectuó fue: “¿Un obispo tiene al menos el derecho de prohibir a un sacerdote de buena reputación celebrar la misa tridentina?”. La respuesta de los cardenales fue unánime: “No, ningún obispo tiene el poder de prohibirle a un sacerdote católico que celebre la Misa tridentina (de San Pío V)”. Así lo informó el cardenal Alfons Stickler, por entonces Prefecto de los Archivos del Vaticano y uno de los miembros de la Comisión, integrada también por los cardenales Agustín Mayer, Agostino Cassaroli, Joseph Ratzinger ... . El cardenal, luego del comentario sobre los hechos, opinó también: “No tenemos ninguna prohibición oficial, y pienso que el Papa no impondrá nunca ni la menor prohibición...por causa de las palabras de San Pío V, que ha declarado solemnemente que esta Misa será válida hasta el fin de los tiempos” (Revista The Latin Mass, 5 de mayo de 1995), refiriéndose el cardenal Stickler a la Bula del Papa San Pio V denominada Quo Primum tempore, (aquí en inglés) por la cual se estableció la Misa Tradicional revisada.
Lo cierto es que, según una interpretación canónica autorizada y que es actualmente la más corriente, las disposiciones dadas por los Papas Paulo VI en 1971 y Juan Pablo II en 1982 (ambas suprimidas de hecho, por ser injuriosas y vejatorias para quienes las invocaran en su apoyo) y 1988 (motu proprio en el cual se han deslizado confusos ‘furcios’, como considerar como lefebvristas a todos los que mantenían viva la “justa aspiración” de seguir participando en la Misa Tradicional, más algunas contradicciones y no pocos agravios), en orden a obtener el derecho permanente de oir la Santa Misa tradicional, afectan más bien a los fieles que a los presbíteros, quienes siempre conservan el derecho de poder celebrar la Santa Misa con el Misal de 1962.
Desde luego, después, arreglate con el obispo ...
El artículo de Le Figaro deja entrever que las normas jurídicas mencionadas, en realidad, fueron intentos restrictivos del derecho concedido por la Bula de San Pío V, y que jamás nadie osó derogar, por no comprometer el propio poder, dejando sin efecto lo que un Papa anterior, por medio tan solemne, declaró inextinguible hasta el Fin del Mundo. Pero el articulista deja traslucir la existencia de cierta dosis de crueldad hacia los círculos afectos a la Liturgia tradicional.
Por eso, seguidamente da cuenta de la actual revisión de la Reforma de 1969 en que está empeñado Benedicto XVI —que aunque nadie lo reconozca por temor a quedar mal, ha sido en el pasado el progresista moderado intelectualmente más honesto que hayamos conocido— cuyos aprontes estarían ya listos y las declaraciones pertinentes, de muy inminente publicación.
Los articulistas, tanto del diario francés como los de la página en inglés dedicada a la Liturgia tradicional, diferencian la liberación de la Misa tradicional de la revisión de la Reforma Litúrgica de 1969, a fin de evitar confusiones que lleven a creer que serían la misma cosa. Aunque sí tengan, coincidentemente, una causa en común, que tal vez no sea la única: los abusos litúrgicos que han proliferado desde 1969, y si no contamos los experimentos de los años posteriores a la 1ª Guerra Mundial, llevados a cabo por algunos innovadores, como Romano Guardini, sin permiso de la Santa Sede.
La espectativa universal por estas medidas, por lo demás, está determinando nuevas formas de alineamientos entre el alto clero, cuyos resultados todavía no somos capaces de interpretar adecuadamente. Pero no preocuparse: los propios interesados nos harán saber en qué y dónde quedan. Como siempre.

América, la bien donada ...

Le tomamos prestado el título de su gran obra a don Enrique Díaz Araujo, para dárselo a este breve ensayito y recomendar, además de la lectura de su libro homónimo, que debería estar en la base formativa histórica de todo americano bien nacido y amante de la verdad, también para llevar la atención de nuestros sufridos lectores hacia un breve artículo publicado hace ya tiempo por la Revista Arbil y reeditado digitalmente por Churchforum, y referido a la situación de indios americanos antes de la Conquista, y cómo de ésta se siguió inexorablemente un mejoramiento substancial en su vida concreta (¡Oiga usté! ¿es que no le han dicho que ponga comas y puntos en oraciones tan largas ...?).
Son corrientes los ataques de la prensa izquierdista y liberal contra la Conquista de América, genéricamente denominados recidivas de la Leyenda Negra; pero los más hipócritas los encontramos entre los provenientes de los mutantes zurdófilos, quienes no sienten empacho alguno en criticar la Conquista apoyándose en criterios ideologizados que ellos mismos descalifican a priori como valorables en Historia, como la propiedad privada —que Marx interpreta como un gran mal, y por eso mismo defiende la inmensa empresa castellana en América por la redistribución pacífica de la riqueza fundiaria que realizó—, la familia, o la pérdida de una supuesta identidad cultural religiosa —opio de los pueblos para ellos, de donde deberían estar agradecidos con los conquistadores, que le enseñaron al aborigen la libertad religiosa...—, o el mismísimo sentido de pertenencia familiar y social o patriotismo, que es de toda evidencia no existían en América antes de la Conquista, como virtudes apreciables. Si se quiere una explicación gráfica de la difamación que estamos diciendo, véanse los esplendidos murales del resentido Diego Rivera, en México, y se comprenderá bien lo que significa que un descendiente de conquistadores escupa de tal manera al Cielo, a su padres, a su raza y a su tierra, no menos que a su propio arte, hecho que no pueda explicarse sino por odio a la fe.
Informarse sobre estos tópicos es un deber; y nos permitimos recomendar, además del autor mencionado arriba y a don Julián Juderías, el creador del nombre “Leyenda Negra”, a don Rómulo D. Carbia, un precursor junto con Juderías, al norteamericano Phillip W. Powell (Árbol de odio), y al jesuita alemán Ludwig Hertling; la obra de don Vicente Sierra “Sentido Misional de la conquista de América”, es también una erudita fuente de consulta. Libro excelente y bien fundamentado, es el escrito por el sacerdote español P. José María Iraburu “Hechos de los apóstoles en América”, aunque los libros de autores españoles, salvo excepciones, demuestren generalmente una explicable incomprensión jurídica e histórica de lo que luego se dió en llamar, algo impropiamente, “Guerra de la Independencia Americana”, a la cual ven como una rebelión contra España de inspiración jacobina o, al menos, racionalista, y no como lo que, en globo, realmente fué: Una lucha religiosa entre el jacobinismo peninsular de la despótica Junta de Cádiz y el liberalismo explícito de la Constitución de 1812, la tristemente célebre “Pepa”, que con inexplicada unanimidad se negaron a jurar los libertadores americanos San Martín, Bolívar e Ithúrbide, y los aguerridos reinos castellanos (no españoles) de la América, celosos de su Religión y derechos. Así, por ejemplo, la obra de don Bernardino Llorca, s. j., en lo relativo a este período de la historia americana, es algo engorroso de defender para un americano.

Y si quiere asegurarse que ha gastado muy, pero muy bien su plata en libros buenos, adquiera “Mayo Revisado, I”, del autor mencionado en primerísimo lugar y cuya fotografía exponemos (justamente calificado como defensor de causas buenas), por que no tiene desperdiciables ni las tapas. Y obtendrá además una explicación completa y bien fundamentada sobre el movimiento de la revolución americana de principios del siglo XIX.
No queremos dejar de decir que, con estas breves recomendaciones, obedecemos a una sugerencia y pedido de amigos lectores (que son lo segundo por lo primero) y que nos han pedido razón de nuestra militancia histórica.
En el fondo, se comprenderá que todos estos hechos, que apretamos en una treintena de líneas pero abarcaron unos 300 años, no son más que una espantosa lucha religiosa contra el catolicismo promovida desde la Protesta luterana y calvinista, y de su hijo hipercrítico (como todos los hijos de millonarios de oscuro origen), el marxismo dialéctivo; y ni qué decir que, hasta ahora, con bastante éxito.